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Información del artículo
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- Autor, Sarah Sloat
- Título del autor, BBC Future*
- Fecha de publicación 22 julio 2026
- Tiempo de lectura: 8 min
Algunas encuestas indican que más del 70% de los adultos sienten miedo al acudir al dentista. Esta ansiedad y desconfianza hacia los empastes y el uso del torno dental les conduce a evitar limpiezas y cuidados de rutina.
No obstante, casi a diario, la bioquímica Hannele Ruohola-Baker recibe mensajes de personas que solicitan participar en experimentos dentales poco convencionales —que superan las incomodidades habituales de una visita al dentista— con el propósito de que ella les ayude a regenerar sus dientes.
Esto sucede porque Ruohola-Baker integra un grupo creciente de investigadores internacionales que exploran el potencial de la medicina regenerativa para reemplazar los tratamientos dentales tradicionales y beneficiar a millones que enfrentan pérdida dental y dolores bucales.
Si esta idea se concreta, en el futuro la consulta dental podría consistir en regenerar tejido dañado o incluso un diente completo, en lugar de repararlos con materiales artificiales o extraerlos. Esta posibilidad resulta atractiva, no solo por su innovación, sino porque los dientes tienen un papel más amplio en la salud y el bienestar de lo que muchos creen.
«Desde el comienzo, tuve claro algo», señala Ruohola-Baker, directora asociada del Instituto de Células Madre y Medicina Regenerativa de la Universidad de Washington (EE.UU.).
«La población está abierta a nuevas alternativas en odontología», añade.
Abra bien la boca
Para Pamela Yelick, profesora en la Facultad de Medicina Dental de Tufts (EE.UU.), los dientes funcionan como «una ventana al mundo».
«Cuando una persona teme abrir la boca o no puede alimentarse bien, se genera un deterioro progresivo», explica.
En el pasado, la relevancia de que «la salud bucal influye en la salud sistémica» no era suficientemente reconocida, apunta Yelick.
Actualmente se comprende mejor que las enfermedades dentales —como las bacterias presentes en las patologías periodontales— pueden aumentar el riesgo de cardiopatías y enfermedades respiratorias. Asimismo, se han relacionado con la enfermedad de Alzheimer.

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Por otro lado, la pérdida dental suele asociarse con mayor incidencia de enfermedades y mortalidad prematura, al afectar la capacidad para comer, masticar y sonreír, impactando también el bienestar social y emocional; un ciclo negativo que a menudo comienza en la infancia.
Los odontólogos cuentan con diversas herramientas para contrarrestar este problema. Por ejemplo, pueden tratar caries eliminando tejido afectado y rellenando el hueco con materiales sintéticos como resinas compuestas.
También aplican empastes para reparar fracturas o grietas pequeñas.
No obstante, estos tratamientos no son ideales. Por ejemplo, la durabilidad de los empastes varía ampliamente, con una vida útil entre cinco y veinte años. No es raro que los pacientes deban someterse a «procedimientos repetidos» debido a esto, afirma Anne George, profesora de biología oral en la Universidad de Illinois en Chicago (EE.UU.).
Esto ocurre porque dichos tratamientos se orientan principalmente a «reparar el daño en vez de restaurar la función biológica», explica George.
«La odontología regenerativa, en cambio, podría cambiar este paradigma al centrarse en la curación», agrega.

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Caries que se reparan solas
Según George, las caries son “la causa principal de la destrucción dental”.
Un diente está compuesto por cuatro capas principales: esmalte, dentina, cemento y pulpa dental. Las caries aparecen cuando las bacterias de la placa dental metabolizan azúcares y producen ácidos que erosionan poco a poco el esmalte externo.
La dentina, ubicada debajo del esmalte, es menos dura y más vulnerable a las caries; por lo tanto, cuando el esmalte se pierde y la dentina queda al descubierto, el riesgo de daño carioso incrementa significativamente.
George estudia las proteínas que favorecen el crecimiento, mineralización y autorreparación de la dentina. Además, participó en la clonación de un gen involucrado en la formación de este tejido, lo que permitió entender mejor los procesos internos que permiten a los dientes construir y mantener la dentina.
Esta información, según George, abre la puerta a terapias capaces de estimular la reparación natural de las caries, promoviendo la generación de nueva dentina y evitando así la necesidad de empastes convencionales.
Ruohola-Baker y su equipo también trabajan en el desarrollo de «empastes vivos», enfocados más en el esmalte que en la dentina.
Tras analizar muelas del juicio donadas, la especialista identificó que los ameloblastos —células responsables de producir esmalte— mueren una vez que el diente emerge, por lo que no pueden ser reactivados tras la erupción dental.
Para superar esta limitación, el equipo empleó señales químicas que inducen a ciertas células madre a transformarse en ameloblastos y a otras en odontoblastos, encargados de formar dentina. Al combinarlas en cultivo, lograron crear un organoide dental capaz de secretar proteínas de esmalte de manera autónoma.
Ruohola-Baker imagina un futuro donde estas proteínas puedan usarse para fabricar empastes o aplicarse sobre dientes agrietados. Su meta a largo plazo es conseguir un diente completo cultivado en laboratorio y poder implantar las células formadoras en la boca del paciente para que “la naturaleza haga el resto”, dice.

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Cómo cultivar un diente
Cuando un diente está muy dañado y con múltiples caries, el método más sencillo y efectivo suele ser su extracción seguida de la colocación de un implante: un conjunto que incluye un poste en forma de tornillo, una corona artificial y un conector entre ambos.
Sin embargo, los implantes carecen de sensibilidad nerviosa, lo que implica el riesgo de morder con excesiva fuerza de forma inconsciente y fracturarlos.
Además, estos pueden acumular bacterias que generan infecciones dañinas para los dientes sanos restantes.
Por otro lado, las coronas artificiales deben reemplazarse después de aproximadamente 15 años, y su costo puede alcanzar varios miles de dólares, dependiendo de la cobertura de seguro médico.
En contraste, los dientes cultivados totalmente en laboratorio podrían ofrecer una alternativa más duradera a los implantes, sostiene Ana Angelova Volponi, directora de odontología regenerativa en el King’s College de Londres (Reino Unido).
“En lugar de sólo reparar los daños, podríamos optar por un reemplazo biológico”, comenta Volponi, quien desarrolla un organoide capaz de convertirse en un diente sustituto.
Su equipo encontró que al combinar células extraídas de tejido gingival humano adulto con células formadoras de dientes de ratón era posible crear una «estructura dental» híbrida (humano-ratón) con raíces viables y en desarrollo.
Actualmente, Volponi trabaja en reproducir las señales biológicas que guían la formación dental, así como en diseñar biomateriales que faciliten el ensamblaje celular para crear un diente funcional y estructurado.
Desafortunadamente, este proceso no ocurre naturalmente.

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A diferencia de otros animales, los humanos no tienen la capacidad de generar dientes nuevos de manera continua tras la dentición definitiva.
Por ejemplo, los tiburones disponen de un suministro constante de dientes que regeneran continuamente mediante un sistema que funciona como una cinta transportadora. En tanto, especies como canguros y elefantes desarrollan sucesivas series de molares a lo largo de su vida.
Los cerdos también presentan una particularidad biológica: en sus mandíbulas hay múltiples gérmenes dentales (brote de futuros dientes) aún sin erupcionar. Gracias a esta característica, Yelick pudo cultivar dientes con rasgos humanos en cerdos miniatura de Yucatán, combinando células dentales humanas y porcinas.
El equipo extrajo células humanas formadoras de dentina y células de esmalte porcinas, extraídas de dientes no erupcionados en mandíbulas de cerdo descartadas por carnicerías.
“Aunque el cerdo se sacrifica para consumo, en su mandíbula se mantienen gérmenes dentales listos para formar nuevos dientes”, explica Yelick.
Tras cultivar las células en laboratorio, los investigadores las insertaron en un andamio bioingenierizado que imita el entorno de un diente en formación. En tres meses, se desarrollaron estructuras dentales a un ritmo similar al de los dientes naturales de cerdo.
“Fue una demostración de que la idea funciona… recibimos multitud de consultas de personas desesperadas por sus problemas dentales,” afirma Yelick, quien planea replicar el experimento durante más tiempo y directamente en mandíbulas de cerdo.
A largo plazo, Yelick y su equipo buscan inducir la formación de dientes directamente en la boca humana, evitando el uso de células porcinas.

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Del laboratorio al sillón del dentista
Aunque existe demanda, faltan varios años para que una persona reciba un tratamiento capaz de rellenar caries por sí misma o un diente cultivado en laboratorio que sirva como reemplazo.
Antes de «iniciar estudios en humanos», es necesario realizar pruebas con primates no humanos, advierte Ruohola-Baker. Esto requerirá más investigaciones, tiempo y recursos económicos.
Además, para implantar en humanos dientes cultivados en laboratorio, los científicos deben construir entornos más adecuados para que el desarrollo dental ocurra correctamente.
Mientras tanto, los avances en odontología regenerativa podrían potenciar esfuerzos para recrear otras partes del cuerpo, incluyendo órganos y huesos.
Dado que los dientes son «órganos vivos altamente complejos», explica Yelick, replicarlos en laboratorio está enseñando a los investigadores cómo interactúan tejidos duros y blandos a un nivel fundamental.
Aunque puede que no suceda pronto, Volponi confía en que, con el tiempo, el público tendrá acceso a soluciones dentales regenerativas que sean seguras y sostenibles.
«Ahí es donde está el futuro. Aunque no esté completamente definido, es prometedor», afirma.
*Esta es una adaptación al español de una historia publicada por BBC Future. Para leerla en su versión original, haz clic aquí.

