
La defensa planetaria incluye todas las estrategias que emplean y aplican las agencias espaciales para detectar, vigilar y desviar asteroides o cometas que podrían colisionar con la Tierra. Cada agencia dispone de sistemas y proyectos específicos para cada situación, pero para comprobar si estas medidas son efectivas, realizan simulacros que aseguran que sus maniobras funcionen correctamente.
Por ejemplo, a finales del año pasado, la Agencia Espacial Europea (ESA) realizó el mayor simulacro de defensa planetaria registrado, aprovechando el paso del cometa 3I/ATLAS. Esta prueba abarcó todo el ciclo operativo, incluyendo la detección anticipada, el cálculo de la órbita, la evaluación de riesgos, la emisión de alertas y la implementación de posibles acciones de mitigación.
Recientemente, se ha confirmado que la Administración Espacial Nacional de China (CNSA) está organizando una maniobra sin precedentes de defensa planetaria frente al asteroide cercano 2015 XF261. Esta iniciativa enviará dos naves hacia este objeto ubicado a millones de kilómetros de la Tierra.
Una de las naves tendrá la función de proyectil, con el propósito de impactar el asteroide y evaluar la capacidad para desviar su trayectoria. La misión está programada para desarrollarse entre 2029 y 2030, cuando el asteroide, de aproximadamente 30 metros de diámetro, se acerque a una distancia de siete millones de kilómetros.
Además, junto a la nave proyectil, será enviada otra nave que establecerá un rol de observadora. Tras el lanzamiento, ambas se separarán; mientras la primera se dirige hacia el asteroide, la segunda, utilizando la gravedad de Venus, se posicionará estratégicamente para analizar y evaluar el impacto y sus consecuencias.
Este proyecto tiene cuatro objetivos clave: alcanzar el blanco, alterar su órbita, medir las consecuencias del choque y garantizar que la nueva trayectoria tras el impacto no represente amenaza alguna para la Tierra. Sin embargo, la misión enfrenta varios retos, comenzando por el desconocimiento de la estructura interna del asteroide y la incertidumbre sobre si el choque realmente podrá modificar su camino o resultará en deformaciones o fragmentaciones del cuerpo.
Por otro lado, la nave deberá colisionar con un objeto en movimiento sin recibir instrucciones directas desde la Tierra, debido a la distancia. Esto implica que la nave debe operar de forma autónoma para localizar el asteroide y embestirlo a una velocidad hipersónica.
Esta misión proporcionará a China datos valiosos para avanzar en la tecnología de defensa planetaria, con la intención de perfeccionar los sistemas diseñados para proteger la Tierra de cuerpos celestes que se dirijan hacia ella.

