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Información del artículo
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- Autor, Rob Watson
- Título del autor, Corresponsal político del Servicio Mundial de la BBC
- Fecha de publicación 20 julio 2026, 03:58 GMT
- Tiempo de lectura: 6 min
Andy Burnham asume este lunes como el séptimo primer ministro del Reino Unido en apenas 10 años, tras la dimisión de Keir Starmer, quien estuvo dos años en el puesto.
Burnham, exalcalde del Gran Mánchester, conquistó un escaño en el Parlamento Británico en las elecciones extraordinarias de junio pasado, con la intención de disputar la jefatura a Starmer, cuya confianza dentro del Partido Laborista se había debilitado.
Ascendió al poder sin rivales, gracias al respaldo de 379 diputados laboristas, lo que hizo innecesaria una votación interna en el partido.
El futuro líder del Reino Unido ha prometido aportar un giro político al laborismo, al tiempo que asumirá el liderazgo del país entero.
No obstante, debe tener presente que la duración en el cargo puede ser breve, considerando que cinco de sus seis predecesores renunciaron antes de finalizar sus mandatos, y solo uno fue derrotado en las urnas tras un período corto en funciones.
Para quien dude, esto es inusual en la política británica. Si persisten las dudas, basta recordar que desde la creación del puesto de primer ministro en el siglo XVIII, la media de permanencia en el cargo fue de alrededor de cinco años.
Sin embargo, en los últimos diez años, esa media se ha reducido a poco más de año y medio.
¿A qué responde esta rotación excepcional? Claro, cada uno de los seis casos tiene razones propias y específicas.

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David Cameron renunció tras convocar un referéndum sobre la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea (UE) en 2016, el cual perdió.
Theresa May también pagó las consecuencias del Brexit, ya que sus repetidos intentos de aprobar un acuerdo para la nueva relación con la UE fueron rechazados por los diputados, dejándola en una posición insostenible.
Boris Johnson fue forzado a dimitir debido, principalmente, a problemas relacionados con su carácter, integridad y juicio; los miembros conservadores concluyeron que más que un activo electoral, se había convertido en un lastre.
Liz Truss perdió el apoyo tras la reacción adversa de los mercados financieros ante sus propuestas de recortes fiscales, las cuales, según los inversores, no contaban con financiamiento suficiente.
El último conservador en la lista, Rishi Sunak, fue el único que perdió el cargo tras perder unas elecciones, expulsado por votantes cansados de catorce años de gobiernos conservadores.
Respecto al último en la lista, Starmer, su salida se produjo por la pérdida del respaldo dentro del Partido Laborista en el poder, que consideró su alta impopularidad como un riesgo serio para la formación.

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Más allá de estos casos individuales, parece existir un problema más hondo en el Reino Unido que está transformando su política en más áspera y agresiva, al tiempo que sus electores se muestran más polarizados e intransigentes.
¿Qué otros factores están en juego?
Un descontento más profundo
Encuestas, grupos de discusión y relatos anecdóticos revelan que muchos votantes sienten que los políticos no enfrentan tres causas fundamentales de su descontento.
El primero es el estancamiento del nivel de vida, un fenómeno que tiene su origen en la crisis financiera mundial de 2008.
Así, al examinar por qué el Reino Unido ha tenido siete primeros ministros desde 2016, puede considerarse que ese punto marca el comienzo.
Para el contexto, hay que destacar que el nivel de vida no se había quedado estancado de esta forma desde los tiempos de las guerras napoleónicas a principios del siglo XIX.
Cuando las personas enfrentan dificultades económicas y perciben que los gobiernos fallan en una promesa implícita de que la siguiente generación vivirá con mejores condiciones que la anterior, la tensión social se convierte en algo previsible.
Un indicador alarmante para cualquier político es que los datos muestran que el pesimismo económico ha llegado a su nivel más alto desde 1978, época con alta inflación y conflictos laborales frecuentes.

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El segundo factor es la percepción generalizada de que en el Reino Unido nada funciona como debería. La opinión común sobre que los servicios públicos —transporte, justicia y otros sectores— no están cumpliendo con las expectativas.
Esto es resultado, al menos en parte, del débil crecimiento económico que también afecta el estancamiento del nivel de vida.
La ausencia de crecimiento ha privado a los gobiernos sucesivos de recursos suficientes para invertir en infraestructuras, educación, sanidad y otros servicios esenciales valorados por la población.
El tercer motivo es la preocupación extendida sobre la cohesión social, o más precisamente, la falta de ella.
Las encuestas indican que más del 80% de la ciudadanía siente que el país está polarizado.
A su vez, muchas personas atribuyen ese sentimiento de división a los altos niveles de inmigración en las últimas décadas y al fracaso, desde su punto de vista, de algunas comunidades establecidas en integrarse plenamente.
Además, con justa razón o no, un sector de votantes cree que los últimos primeros ministros no han comprendido su frustración por la manera en que, en su opinión, ha cambiado el país.
En otras palabras, el Reino Unido, como otras naciones europeas, sigue lidiando con el reto de coexistir en un entorno multirracial, multiétnico, multicultural y plurinacional.
Otro aspecto que ha cambiado —y en eso el Reino Unido no es excepción— es que las personas ahora expresan su enfado abierta y sin reparos.
Ya sea por influencia de las redes sociales u otros factores, la población muestra una hostilidad franca hacia políticos específicos, incluidos primeros ministros, en una forma que hace pocos años habría sido impensable.
¿Un país ingobernable?
¿Se ha vuelto esta nación, de alguna manera, imposible de gobernar? ¿Es esta la razón por la que tendrá ahora su séptimo primer ministro en una década?
La mayoría de los actores políticos no llegarían a tal extremo.
Aseguran que aunque gobernar se ha complicado debido a un mundo complejo y una ciudadanía fragmentada y dividida, no significa que sea una misión imposible.
Sin embargo, considerando que seis primeros ministros no han logrado disipar el clima de pesimismo que parece envolver al Reino Unido desde la crisis financiera de 2008 y el referéndum del Brexit en 2016, no sorprende que haya dudas sobre si el séptimo, Andy Burnham, tendrá más éxito.

