El exjugador y antiguo entrenador del Barça ha hablado en público anteriormente sobre el fuerte lazo que mantiene con sus padres.
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Durante una amplia entrevista realizada por videollamada desde Madrid, ciudad en la que estaba realizando varios exámenes tácticos para conseguir su deseado título de entrenador tras su retiro profesional en la liga de Qatar, Xavi Hernández compartió sus pensamientos para el canal 3Cat.
Alejado de la intensa presión mediática que soportó durante muchos años en la exigente élite europea, en 2019, el emblemático centrocampista catalán ofreció una visión muy personal sobre su infancia lejana y resaltó el papel fundamental que tuvieron sus padres, Maria Mercè y Joaquim, en su crecimiento personal.
El reconocido exfutbolista destacó el enorme y silencioso sacrificio hecho por su familia trabajadora para criar a cuatro hijos muy unidos. Con absoluta admiración, valoró la educación que recibió en el modesto hogar familiar: «Los considero personas maravillosas, poseen unos valores excepcionales que nos han inculcado muy bien».
Su gratitud es profunda, declarando con seguridad: «Los veo como los mejores padres que alguien podría tener». Al formar su propia familia, realmente entendió la entrega de sus progenitores, quienes renunciaron a cualquier ocio, rememorando que «se entregaron por completo a nosotros, los cuatro hermanos».
También reveló un detalle sorprendente sobre esa entrega conyugal incondicional, afirmando que «casi no han salido nunca a cenar solos».
Este sólido núcleo protector fue esencial durante sus momentos iniciales en el primer equipo, etapa en la que las continuas comparaciones con su admirado predecesor podían afectarlo emocionalmente.
Mientras él lograba aislarse apoyándose firmemente en su cuerpo técnico y preparadores físicos, sus familiares sufrían mucho al escuchar tertulias deportivas.
Xavi Hernández, en un entrenamiento del FC Barcelona
A pesar de esos tiempos de duro sufrimiento externo, confesó tener una gran debilidad por sus padres, reconociendo su sensibilidad emocional ante su apoyo: «Mi padre es una de las personas que más me ha conmovido».
Rememorando su infancia, recordó con profunda nostalgia cómo su obsesión por el balón le hacía desconectarse del mundo. Contó divertidas anécdotas en las que olvidaba hacer recados en casa por estar jugando partidos callejeros interminables, explicando entre risas que solía volver a casa sudado y encontrándose la panadería cerrada.
Además, dejó claro con orgullo la total ausencia de rivalidad envidiosa entre hermanos frente a su temprano éxito.
Conservar la estabilidad mental tras alcanzar la fama mundial es un reto enorme, pero él atribuye su actitud equilibrada exclusivamente a su familia: «Porque los padres actúan como un ancla que te recuerdan… que no debes creerte superior».
Ese fuerte apego a su hogar hizo que nunca viviera en La Masía, el reconocido internado formativo del Barça, debido a la firme negativa de su madre a dejarlo ir siendo tan pequeño.
Lejos de lamentar esa protección excesiva, el ídolo de Terrassa cerró ese capítulo histórico con unas emotivas palabras definitivas: «Mi sueño ya se había cumplido. Ya jugaba en el Barça. Y el hecho de ir y volver me permitía estar con mi familia en casa».

