El aumento de cuentas falsas en Instagram entre jóvenes es responsabilidad de sus padres

Cada vez más jóvenes tienen una "cuenta falsa" en Instagram y los culpables son sus padres

Actualmente, no formar parte de las redes sociales resulta prácticamente equivalente a no existir ni estar al tanto de lo que sucede. Estas plataformas han dejado de ser exclusivas para personas jóvenes; ahora, tanto adultos como niños, padres e hijos, interactúan en este espacio digital.

Esta situación, junto con el hecho de que la identidad en línea ha devenido (para muchos) en un reflejo significativo de sí mismos, ha provocado que la espontaneidad en estas plataformas se reduzca, dando paso a perfiles más elaborados, cuidados y aparentemente «impecables».

No obstante, esta exigencia de mostrar perfiles impecables y, en el caso de los jóvenes, el deseo de ocultar su vida a los padres y otras personas mayores que los añaden en sus redes sociales, ha impulsado una nueva tendencia entre las generaciones recientes: crear una cuenta secundaria.

La agencia especialista en redes sociales, Smartband, ha definido esta práctica con el término «Finsta», derivado de Fake Instagram (Instagram falso), describiéndola como «una cuenta adicional de Instagram empleada por usuarios para compartir contenido más personal o informal con un círculo reducido de amigos, en contraste con su cuenta principal, que suele ser más cuidada y pública».

En un entorno donde prevalecen los likes y comentarios, estas cuentas secundarias persiguen el objetivo contrario: revelar momentos cotidianos, divertidos y privados para un grupo limitado. Este tipo de cuenta permite a los jóvenes mostrarse auténticos, sin necesidad de «dañar» su imagen pública ni publicar contenidos que prefieren mantener alejados de sus mayores.

Se podría decir que la cuenta principal cumple una función profesional, mientras que la secundaria rompe con la presión social actual en redes, además de constituir una vía para «esconderse» de sus padres y vivir la adolescencia con mayor libertad.

Este fenómeno social ha evolucionado con el tiempo, aunque curiosamente representa un retorno a las etapas iniciales de las redes sociales. Solo basta revisar las primeras imágenes o recordar el contenido publicado en los primeros años de Facebook, Tuenti o incluso Instagram para percibir esta diferencia con respecto a lo que se observa en la actualidad.

Aparte de ese deseo de reflejar la realidad diaria, estos «Finstas» restablecen para los jóvenes la necesidad de privacidad, compartiendo solo con un grupo seleccionado de personas a quienes realmente desean mostrar su vida, a diferencia de los cientos o miles de seguidores actuales, en su mayoría conocidos superficiales que solo acceden a la información por medio de estas plataformas.

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