Análisis del ascenso y caída del partido de Yolanda Díaz en la izquierda española

Movimiento Sumar afronta su tercer congreso marcado por conflictos de poder internos

Yolanda Díaz, rodeada de dirigentes de su partido y de otros socios, en el primer congreso de Movimiento Sumar en marzo de 2024.

Resulta sorprendente. Un partido de izquierda que nació desde el núcleo mismo del poder, gestado en los despachos de un ministerio. De allí surge Movimiento Sumar, ese proyecto que buscaba ser un Podemos más moderado impulsado por Yolanda Díaz, quien logró cambiar el tono dentro del espacio progresista en 2023 y desempeñó un papel clave en los comicios para que el PSOE mantuviera el Gobierno de Pedro Sánchez. A partir de esta formación y su liderazgo, Díaz creó una coalición llamada Sumar que unificó casi toda la izquierda fragmentada, incluida Podemos. Fue un triunfo electoral, pero la construcción y administración de esta alianza resultó ser un auténtico «desastre», según un dirigente, y ahora se reflejan las consecuencias derivadas de esos errores cometidos entonces y durante el último año.

Algunas de las consecuencias son evidentes. Podemos abandonó, y el espacio quedó dividido en dos bloques que ahora compiten y fracturan el conjunto. Otro efecto: la intención de voto de Sumar se desplomó y la fuerte figura de Yolanda Díaz se ha desintegrado en tres años hasta anticipar su salida de la política.

Ambas situaciones se entienden en gran medida a través de Movimiento Sumar. Un partido casi desconocido para la opinión pública, que suele confundirse con Sumar y asumirse como equivalente. Sin embargo, no es así: uno representa solo una parte, mientras que lo otro es el conjunto, donde convivían fuerzas como IU, Más Madrid y Comunes.

Díaz concibió Movimiento Sumar como la herramienta desde la cual dirigiría y gestionaría la coalición. Ella y su equipo se hacerse con el control, se asignaron los cargos clave y tomaron las decisiones principales. La vicepresidenta emanaba un prestigio y legitimidad política tan potentes que nadie podía contradecirla —como se evidenció en Magariños—. No importaba que su partido careciera de militancia, estructura o implantación territorial, pues contaba con la autoridad moral para manejar al socio minoritario del Gobierno a su antojo.

Díaz abraza a Lara Hernández y Carlos Martín, tras ser elegidos coordinadores de Movimiento Sumar, en su segundo congreso en 2025.

Esta forma de liderar la alianza fue, en síntesis, la razón que alegó Podemos para romperla. Pero tampoco los otros socios estaban satisfechos. Díaz se sentía tan poderosa que planteó convertir Movimiento Sumar en un nuevo Podemos, es decir, en un super partido nacional que aglutinara a todos los integrantes de Sumar bajo su mando.

El intento de materializar este proyecto tuvo lugar en el primer congreso de Movimiento Sumar el 23 de marzo de 2024 en Madrid. No obstante, fracasó. Los socios territoriales de Díaz rechazaron sus planes (Compromís y Chunta se negaron a integrarse) o impusieron una oposición tan fuerte a la creación de un partido nuevo en sus áreas de influencia (como Más Madrid e IU) que la líder tuvo que renunciar a su propósito. Este congreso sirvió para fundar el partido y establecer órganos propios, pero el conflicto sobre su encaje territorial quedó aplazado a una posterior «asamblea constituyente» prevista para otoño.

Esa segunda asamblea nunca se realizó. Tras malos resultados electorales —cero escaños en Galicia, uno en Euskadi y un desempeño muy negativo en las europeas— Díaz vio cómo las críticas internas aumentaban y su imagen se deterioraba fuertemente, lo que la obligó a dimitir como coordinadora de Movimiento Sumar menos de tres meses después de haber sido elegida en ese primer congreso.

La coalición Sumar empezó a romperse por dentro. Los socios se cansaron de seguir las órdenes de un partido que fracasaba electoralmente y había perdido su fuerza. Mientras tanto, IU nombró a Antonio Maíllo como líder, quien adoptó una postura más crítica y exigente. Él se convirtió en uno de los principales opositores a Díaz y en un actor fundamental de lo que sucedería a continuación.

Los socios decidieron poner fin al modelo de alianza Sumar hasta ese momento, imponiendo a Díaz un trato de igualdad entre las partes. Movimiento Sumar pasaría a ser uno más dentro de la coalición, en lugar de imponerse sobre los demás. Poco a poco, durante meses, se desmanteló la forma de dirigir que había primado hasta entonces, dando paso a una gestión más compartida y a una distribución más equilibrada del protagonismo.

Este cambio desembocó en el segundo congreso de Movimiento Sumar, realizado el 29 de marzo de 2025 en Rivas (Madrid). El partido de Díaz debía reinventarse nuevamente, esta vez desde un rol más modesto, como un componente más. Lara Hernández y Carlos Martín fueron designados coordinadores y Díaz permaneció en la dirección como «invitada permanente».

Sin esta transformación hacia la condición de «uno más en el puzle» de Sumar, probablemente no se habría concretado la nueva alianza destinada a las elecciones generales, que además cambiará de nombre. La tensión interna fue tal que, según fuentes consultadas, anunciar que Movimiento Sumar, IU, Más Madrid y Comunes irán juntos representa un logro significativo, pues hace un año y medio esa unión estaba muy lejos de ser segura.

Ahora llega la tercera transformación de Movimiento Sumar. Este 11 de julio celebrará su tercer congreso en tres años para trazar su futuro sin Díaz, en una posición decreciente frente a sus aliados. Se ha abierto una batalla interna entre facciones por el control, que muestra claros signos de deterioro. Hernández, la coordinadora, ha sido destituida por sus críticos en medio de una confrontación marcada por acusaciones de acoso posteriormente retiradas. Además, más del 50% de los dirigentes elegidos hace 15 meses han abandonado la dirección. Esta nueva etapa estará liderada por Verónica Barbero y Rosa Martínez, con Ernest Urtasun como el único superviviente de las tres transformaciones.

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