Mikel Merino, figura clave de la Selección, anota un gol decisivo que impulsa a España en el Mundial

Mikel Merino celebra su gol contra Portugal. Al igual que en la Eurocopa ante Alemania, el navarro volvió a salir al auxilio de España justo el día en que iniciaban las celebraciones de San Fermín.

Más información: Merino rompe el empate frente a Portugal en el minuto 90 y clasifica a España para los cuartos de final del Mundial

Existen fechas que no son simples cifras en un calendario; son encuentros secretos que el destino reserva para unos pocos privilegiados. El 5 de julio de 2024, en el Mercedes-Benz Arena de Stuttgart, Mikel Merino se elevó en el aire para capturar un centro de Dani Olmo en el minuto 119 y derribar al imponente gigante alemán.

Ese cabezazo agónico no solo situó a España en las semifinales de la Eurocopa, sino que también cambió para siempre la historia del fútbol español.

Pero el destino, caprichoso y poético, tenía reservado un segundo acto. Fue necesario esperar hasta el 6 de julio, cuando el mediocampista navarro decidió detener el tiempo una vez más.

Exactamente, el día en que su Pamplona natal se vistió de blanco y rojo, y el cielo de la Plaza Consistorial estalló al ritmo del ‘chupinazo’ que inauguró las fiestas de San Fermín.

Merino, un pamplonés que lleva el espíritu de su tierra en el alma, decidió que el cohete más significativo del año no surgiría desde un balcón del ayuntamiento, sino desde el césped mismo del Mundial. Un gol que aseguró el pase a los cuartos de final de la Copa del Mundo.

Cinco minutos que quedan para siempre

El encuentro contra Portugal moría en un ambiente tenso y táctico. El 0-0 pesaba como una losa sobre las piernas, y la amenaza de la prórroga se cernía sobre el estadio. España controlaba el balón, pero le faltaba ese instinto, esa chispa necesaria para romper una defensa sólida como el cemento.

Fue entonces, en el minuto 85, cuando Luis de la Fuente dirigió su mirada al banquillo y buscó el entendimiento en los ojos de su jugador de confianza. Merino entró al campo con la tranquilidad de quien sabe que su momento está cerca.

Mikel Merino bate a Diogo Costa.

Mikel Merino supera a Diogo Costa. REUTERS

Solo le bastaron cinco minutos para desatar la locura. La jugada tuvo origen en la confianza. Ferran Torres recibió el balón en tres cuartos de campo, alzó la vista y propició un pase exacto, medido, de esos que requieren una perfecta lectura del espacio.

Merino anticipó la trayectoria antes que nadie. Superó la línea defensiva de Portugal con una zancada poderosa y se enfrentó mano a mano contra Diogo Costa. En esos breves instantes que desconciertan a la mayoría, el navarro mantuvo una serenidad quirúrgica: un disparo bajo, seco, dirigido al palo corto que dejó al portero luso sin opciones.

Gol. La explosión de alegría. España entera celebrando su propio e inesperado chupinazo futbolístico.

Una justa recompensa

Para comprender la dimensión del grito de rabia de Merino en su celebración, es imprescindible recordar los meses difíciles que precedieron. Detrás de este gol decisivo, se oculta un año cercano a ser una pesadilla.

Una temporada dura, marcada por una lesión grave que lo mantuvo alejado de los terrenos de juego durante varios meses, poniendo en riesgo sus aspiraciones mundialistas.

Mientras sus compañeros competían cada fin de semana, Merino tuvo que pasar su tiempo en el gimnasio, sobre la camilla del fisioterapeuta y en el silencio solitario de las recuperaciones. Hubo días plagados de incertidumbre, dolores persistentes y el temor de no regresar con el mismo nivel.

El fútbol, a veces, es implacable y olvida rápido. Pero el centrocampista jamás perdió la determinación. Su convicción permaneció firme en las sombras, consciente de que, aunque el túnel sea largo, siempre termina en luz.

En esta historia de resurgimiento, el papel de Luis de la Fuente fue casi paternal. Cuando el cuerpo técnico dudaba si un jugador sin ritmo competitivo debía viajar al Mundial, el seleccionador tomó una decisión firme.

Mikel Merino se abraza con De la Fuente en un partido de España.

Mikel Merino se abraza con De la Fuente en un partido de España. REUTERS

Conoce a Merino desde las categorías inferiores, sabe de qué está hecho y comprendía que un futbolista con su madurez emocional no se mide por los minutos jugados, sino por la solidez de su carácter y su oportunismo.

El técnico riojano ahora ha recogido los frutos de su confianza. Merino respondió de la única forma que sabe: en el instante crucial, asumiendo el peso de la responsabilidad y evitando una prórroga agotadora para el equipo.

Un paso más cerca del objetivo

Con el pitido final, el 1-0 ante Portugal confirma el pase de España a los cuartos de final del Mundial. La Selección continúa avanzando, alimentando la esperanza de conseguir la estrella, respaldada por un bloque sólido y bendecida por el talento de sus individualidades.

Mikel Merino volvió a hacer lo suyo: el hombre de los goles imposibles en días cruciales. Aunque las calles de Pamplona vibran con emoción por los encierros, hoy el mundo del fútbol reconoce la hazaña del navarro que convirtió un encuentro de octavos en su propio y glorioso ‘chupinazo’.

España avanza. Tres victorias la separan de la gloria. Sin embargo, debe avanzar con cautela. La siguiente prueba en el camino es Bélgica. La Selección afrontará este partido como favorita, pero consciente de la necesidad de entregarse por completo para alcanzar su meta.

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