Impacto fiscal de la natalidad: más hijos incrementan el gasto público sin mejorar las pensiones

Esta situación implicaría un aumento notable e inmediato en partidas vinculadas a educación, ayudas familiares y sanidad pediátrica

Imagen de archivo de las manos de un bebé y una persona adulta

El envejecimiento de la población representa uno de los retos más inmediatos para la estabilidad económica de España. A medida que crece la cantidad de jubilados, la Administración debe destinar mayores recursos a las pensiones, que deberían ser equilibrados por la incorporación de nuevos empleados al mercado laboral, aunque este proceso avanza con lentitud. A pesar de que se suele asociar un aumento de la natalidad con mayores ingresos para el Estado, un crecimiento en la fecundidad, lejos de aliviar el gasto público, podría provocar un impacto negativo considerable en las finanzas estatales.

Así lo indica el informe Las transferencias intergeneracionales y el reto demográfico, desarrollado por Esade. Los analistas emplearon las Cuentas Nacionales de Transferencia para medir cómo se distribuyen los impuestos recaudados y las prestaciones otorgadas a lo largo de la vida. Este estudio proyecta escenarios futuros basados en la pirámide demográfica prevista y concluye que incrementar la natalidad no supone un alivio para el gasto público.

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En la proyección hasta 2050, un alza en los nacimientos no generaría ingresos adicionales al sistema. Al contrario, el incremento natal iniciaría un crecimiento en la población infantil dependiente. Esto conllevaría un gasto inmediato y significativo en educación, apoyos familiares y servicios médicos pediátricos. En consecuencia, la presión sobre el déficit público se agravaría considerablemente.

Los expertos han señalado que el esperado beneficio económico de una mayor natalidad se retrasaría considerablemente. Los efectos positivos sobre la recaudación sólo se manifestarían en la segunda mitad del siglo XXI. Para ese entonces, las numerosas generaciones actuales próximas a la jubilación ya habrán superado su período de mayor dependencia. Por tanto, Esade considera que fomentar la fecundidad no ofrece una solución rápida frente al déficit inminente.

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Los ciudadanos obtienen más de lo que contribuyen al Estado

En la actualidad, el sistema tributario presenta un desequilibrio marcado, operando en números rojos y evidenciando una descompensación estructural severa. Para 2024, los impuestos evaluados resultaron insuficientes para cubrir los gastos asignados según la edad, registrando un déficit de 30.213 millones de euros. Los cálculos del informe son contundentes: una persona recibiría a lo largo de su vida del sector público cerca de 140.000 euros más de lo que aportó. Esto pone en evidencia un marco institucional vulnerable frente al envejecimiento poblacional.

Enrique Devesa, investigador del Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (IVIE), explica que la pensión que perciben los jubilados en España supera en un 60% las cotizaciones efectuadas a la Seguridad Social.

De cara a 2050, el escenario fiscal se vuelve sumamente preocupante bajo cualquier supuesto demográfico. Esade señala que, si las políticas actuales no se modifican, el déficit fiscal por edad podría aumentar entre el 6,7% y el 9,1% del PIB. Esta situación responde a una dinámica inevitable: las cohortes del “baby boom” están rápidamente alcanzando las edades con mayores gastos estatales. Además, la escasez de trabajadores intensifica el problema.

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El núcleo de esta crisis no se limita únicamente a la estructura poblacional, sino al diseño del sistema de pago de pensiones. Las reglas actuales del sistema contributivo español garantizan una rentabilidad implícita cercana al 2,61% anual, mientras que el crecimiento real de ingresos progresa a un ritmo más modesto del 1,4%. Esta divergencia matemática persistente compromete la sostenibilidad futura del sistema.

La migración atenúa el impacto fiscal

Ante la limitada eficacia de los nacimientos en el corto plazo, la incorporación de trabajadores extranjeros desempeña un papel amortiguador. Un escenario migratorio moderado permitiría reducir el déficit en 1,7 puntos del PIB. Sin embargo, esta mejora es de carácter transitorio, dado que los migrantes eventualmente exigirán prestaciones. Además, su nivel educativo inferior al promedio nacional afecta negativamente el potencial tributario esperado.

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Para intentar superar este desafío financiero, los investigadores proponen que las reformas se orienten hacia el mercado laboral. Alargar la vida laboral activa de los trabajadores entre 55 y 64 años generaría una mejora fiscal de 19.000 euros anuales adicionales por empleado. También solicitan la implementación de mecanismos automáticos que ajusten la edad de jubilación según el aumento de la esperanza de vida, como ocurre en otros países de la Unión Europea.

Otra alternativa para modificar la situación sería transformar la Seguridad Social hacia un sistema de cuentas nocionales. Este modelo permitiría transparentar la relación entre el capital aportado por cada ciudadano y las pensiones percibidas. Países como Suecia e Italia adoptaron medidas similares hace tres décadas, mediante transiciones por cohortes graduales. Esta estrategia redefiniría las cargas futuras de los trabajadores sin basarse en proyecciones globales teóricas.

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