Abascal celebra el inicio de una nueva fase de acuerdos autonómicos con el PP tras meses de confrontación constante

Se asume que su capacidad para impulsar políticas está limitada por su cuota de poder dentro de los ejecutivos, aunque defienden que podrán realizar acciones.

Los dirigentes de la cúpula Vox Santiago Abascal, Ignacio Garriga, María Ruiz, Carlos Hernández Quero y Reyes Romero, ayer en Madrid

En Vox aspiraban ayer a «mostrar confianza». Refiriéndose a los resultados obtenidos en el ciclo electoral de las comunidades y también al nuevo escenario que esas urnas han configurado. «Porque Vox ya participa en tres gobiernos autonómicos», destacó el número dos del partido, Ignacio Garriga, durante el acto posterior a la Asamblea General de la formación. Por su parte, Santiago Abascal, que habló tras su mano derecha, también valoró positivamente la «nueva etapa» que enfrentan varios de sus líderes autonómicos. En la convocatoria de Vox con sus filas y simpatizantes, quedaron atrás los duros reproches dirigidos al PP que Abascal venía realizando en meses recientes. «Es cierto que no nos han otorgado las mayorías que deseábamos. Por lo tanto, ahora debemos pactar», señaló.

El momento era propicio para valorar el balance, y solo con observar las butacas del auditorio donde Vox celebró su fin de curso, se evidenciaba lo que el partido quería destacar. En primera fila, a un lado del pasillo, se situaron Óscar Fernández (vicepresidente de Extremadura), Alejandro Nolasco (de Aragón) y Carlos Pollán (de Castilla y León). En el otro lado se encontraban Abascal y Garriga, quienes desde el estrado se encargaron de ensalzar el logro más destacado de Vox en este periodo: alcanzar posiciones de poder. Los representantes a su derecha personifican ese éxito.

«Ha llegado la hora de la verdad», lanzó el líder partidario, advirtiendo que «todas las miradas» estarán puestas sobre ellos en los meses venideros. «Comienzan una etapa crucial. Quizás la más decisiva y también la más compleja para Vox», reconoció, consciente del beneficio que les ha aportado su incorporación a los gobiernos. Ahora, Vox asume el desafío de contar con el mando y, por ende, la capacidad para implementar sus políticas, con la «responsabilidad» que ello implica.

Uno de los riesgos principales que afronta Vox al reincorporarse a los gobiernos junto al PP es que su cuota de poder, aun siendo autonómica, pueda limitar su margen para aplicar su programa. Así lo reconoció ayer Abascal durante el acto, cuando quiso hacer «conscientes» a quienes votaron por su partido: «Existen acuerdos de gobierno firmados, pero nos gustaría que fueran diferentes». «La gente tiene prisa, es comprensible, pero nos han proporcionado el grado de fuerza que han considerado», añadió.

Antes, sin embargo, había transmitido un mensaje con cierto tono de satisfacción respecto a lo alcanzado: «Probablemente ahora toca aplicar el bisturí más que la motosierra», expresó mediante una metáfora referida a su intención de reducir gasto público y simplificar la normativa. «Llegará el momento. Con el bisturí también se pueden lograr grandes resultados», matizó, una idea compartida por otras voces del partido, que confían en que podrán impulsar una buena parte de sus propuestas desde los ejecutivos autonómicos y con la cuota de poder que tienen.

En ese sentido, Abascal afirmó que les habría gustado alcanzar la mayoría absoluta y no tener que pactar con el PP, aunque de su discurso también se desprendía una invitación a defender lo conseguido. Esto contrastaba notablemente con el tono que el líder de Vox usó en este mismo escenario hace un año: «Vox no está para ser la muleta de nadie».

En aquel momento, los dirigentes regionales del partido de derecha dura mantenían constantes enfrentamientos con los barones populares, además del propio Abascal con Alberto Núñez Feijóo. En Vox aprovechaban el discurso de desconfianza hacia el PP, alegando incumplimientos en los pactos firmados tras el ciclo electoral anterior y se negaban a apoyar, por ejemplo, la aprobación de presupuestos. «¿Hasta qué punto el PP ha confundido a sus electores, que creen tener algún derecho sobre nosotros?», afirmaba Abascal el último domingo de junio de 2025.

La confrontación se acrecentó aún más durante el ciclo electoral autonómico, con choques tanto a nivel regional como entre las direcciones nacionales -hace solo tres meses, Garriga calificó a la cúpula de Feijóo como un «clan gallego con prácticas de contrabandistas de ría»-. Sin embargo, tras sellar la paz comunidad a comunidad en los nuevos acuerdos legislativos, ayer Abascal se sumó en parte a esta tregua al pedir a sus seguidores «respeto» hacia sus «socios de gobierno».

Eso sí, aclaró que el entendimiento logrado en las últimas semanas está condicionado al cumplimiento «estricto» de lo pactado. De no ser así, advirtió, Vox volverá a romper con el PP: «Les pido valentía para que, si llega ese momento, y aunque no lo queramos, seamos capaces de abandonar los gobiernos», solicitó a sus vicepresidentes autonómicos. No obstante, esa expresión «no lo queremos» resultó también significativa.

Los mensajes que Abascal dirigió a sus líderes autonómicos tenían un receptor adicional: Manuel Gavira, su representante en Andalucía. El dirigente estuvo presente y el líder de Vox se dirigió a él cuando habló de los acuerdos con el PP, a pesar de que Gavira se encuentra en plena negociación con los populares y aún con incertidumbre sobre si Vox solicitará participar en el gobierno de Juanma Moreno. A 72 horas de la primera votación clave, Abascal evitó manifestarse al respecto.

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