Las claves
Pedro Sánchez responsabiliza al PP de corrupción estructural y sostiene que los casos en el PSOE son incidentes aislados vinculados a la antigua secretaría de organización.
Sánchez muestra apoyo a José Luis Rodríguez Zapatero, Begoña Gómez y David, considerándolos víctimas y condenando la filtración de mensajes privados como una vulneración de derechos fundamentales.
El líder socialista confirma su propósito de agotar la legislatura, anuncia elecciones en 2027 y se compromete a presentarse nuevamente como candidato del PSOE.
Emiliano García-Page, presidente de Castilla-La Mancha, adopta una postura crítica y reclama autocrítica y transparencia, mientras el resto del partido se mantiene unido respaldando a Sánchez.
Quienes esperaban en el Comité Federal del PSOE un ajuste de cuentas o explicaciones detalladas tras la condena del Tribunal Supremo a José Luis Ábalos, se quedaron sin respuesta.
El Pedro Sánchez secretario general decidió reproducir el discurso que ya había ofrecido como presidente del Gobierno, repitiendo ante sus compañeros el mismo guion que presentó días antes en el Congreso de los Diputados. Párrafos enteros idénticos.
El dirigente socialista apenas modificó el texto para añadir que “da vergüenza escuchar discursos del PP y Vox” y alertar a los 300 cuadros del partido de que la opción conservadora “no representa el fin de la corrupción, sino el retorno de todo lo que eliminamos hace ocho años”.
Según su versión, el tiempo de Mariano Rajoy significó “corrupción generalizada”, mientras que la multitud de casi un centenar de investigados actuales se reduce a situaciones puntuales vinculadas a la antigua secretaría de organización.
Denunció “prácticas desconocidas y que no habríamos aceptado”, y afirmó vehementemente que las siglas del PSOE “no se han financiado de manera irregular”.
Tras reiterar la defensa del controvertido préstamo de Ultra Plus, la verdadera novedad fue su gesto de protección hacia José Luis Rodríguez Zapatero.
Sánchez criticó la amplia divulgación de su privacidad, lamentando que se hayan “filtrado a la opinión pública cientos de mensajes” que, en su opinión, “no están relacionados con el proceso judicial”.
“Esto es inaceptable en una democracia, se han vulnerado sus derechos”, denunció con contundencia, asegurando que “no nos silenciarán ante esta violación de derechos fundamentales”.
Este respaldo político sostiene la estrategia de defensa del expresidente liderada por Víctor Moreno Catena, quien busca impedir el avance del proceso alegando fallos formales.
Ante el Comité Federal, Sánchez reconoció que mantiene una comunicación “regular” con Zapatero y prometió “ofrecer todas las explicaciones necesarias”.
En el ámbito familiar, el presidente asumió de nuevo el papel de víctima. Reiteró las mismas frases que usó ante la Cámara Baja sobre su esposa y hermano, sin mencionar las recientes evidencias aportadas por la UCO en los contratos de Red.es, para finalizar con una súplica: “solo pedimos que la justicia sea imparcial”.
Para consumo interno, especialmente entre quienes dudan de su táctica política, dejó una reflexión. Frente a quienes le reprochan que gobernar no es solo aguantar, Sánchez respondió que “gobernar no es solo resistir”, pero tampoco “renunciar”.
Un mensaje claro antes de marcar el calendario de la legislatura: los presupuestos estarán aprobados este año y las elecciones se posponen hasta el próximo, aunque evitó mencionar julio.
“El Gobierno hará lo que corresponde”, aseguró, confirmando elecciones en 2027, ya que el objetivo es “mantenerse en el poder ese año y en adelante”.
También reafirmó su intención de liderar nuevamente la candidatura, convencido de que “este Gobierno incomoda” a los poderes establecidos porque “nuestras políticas funcionan y generan esperanza más allá de nuestras fronteras”.
Justificó esta posición ideológica como una “batalla intensa” contra una coalición de “derecha y ultraderecha” que “pretende recortar libertades”.
Y, para concluir, ofreció su propia aritmética política: “Con Vox hay desgobierno y sin Vox no hay Gobierno”.
En este cálculo, como novedad, incorporó a Junts después de que prosperara esta semana la moción que pedía al Gobierno una cuestión de confianza. “Después de lo que dijeron sobre la amnistía y ahora votan en bloque”, señaló con ironía Sánchez.
Todo esto para preparar un Comité Federal que activa las primarias para elegir candidatos a las alcaldías y autonómicas en mayo de 2027. El propósito: convertir “toda la energía del PSOE en el mejor equipo” y recordar que “volvemos para Gobernar” de cara al próximo ciclo electoral.
Page, el único crítico
A las puertas de Ferraz, la habitual unanimidad interna se rompió únicamente con la figura de Emiliano García-Page. El presidente de Castilla-La Mancha fue directo: “Es el peor momento en la historia reciente del PSOE”, afirmó ante la prensa, reclamando a Sánchez “autocrítica, claridad y respuestas”, y recordando que las siglas del partido “están por encima de cualquier dirigente”.
Ya en el interior, la federación de Castilla-La Mancha fue la única que no aplaudió a Sánchez antes de su intervención. Tampoco se pusieron en pie. El resto de las federaciones sí lo hicieron.
Fuera de la delegación castellano-manchega, el resto de la formación cerró filas.
Adriana Lastra, vicesecretaria general de los socialistas asturianos y una de las pocas en mantener un Gobierno autonómico, respaldó esta unidad: “Confiamos en el presidente del Gobierno y en la dirección del partido”.
Respecto a Ábalos y Cerdán fue más tajante. «La traición que hemos sufrido no puede arrebatarnos la esperanza”. En sintonía, con un tono aún más ferviente, la ministra y líder del PSPV, Diana Morant, rechazó cualquier rumor de adelanto electoral: “La gente me pide que resistamos. Que digamos a Pedro Sánchez que apoyamos a Begoña”.
Un discurso similar al expresado por otros dirigentes territoriales moldeados en los círculos de Moncloa, como Óscar López (Madrid) o Pilar Alegría(Aragón).
Por su parte, la balear Francina Armengol eligió un equilibrio entre crítica y firmeza, reprochando a quienes “han aprovechado el nombre” del partido “para acciones poco éticas”, al mismo tiempo que aceptaba que han atravesado “momentos muy difíciles”.
El remate de optimismo militante lo puso el primer secretario del PSC, Salvador Illa, con declaraciones claras: “Venimos a decir que no tememos a nada. Tenemos gran esperanza en el futuro”.

