Miriam González destaca la naturalidad con la que Begoña Gómez reconoce la ayuda de una funcionaria en sus negocios privados, señalando que no es algo habitual.

Miriam González Durántez se plantea impulsar un proyecto político ubicado en el centro liberal con el objetivo de regenerar y limpiar el sistema.

Pareciera que cada periódico impreso contiene un motivo inquietante. Como si cada aviso en la radio la estuviera llamando. Como si los reflectores del plató apuntaran exclusivamente a ella. A esta mujer vestida de rojo sobre un fondo gris. A esta dama en chaqueta y pantalón rojos que atraviesa la fachada principal de piedra gris del Ateneo de Madrid.

Se llama Miriam González Durántez, nació en Olmedo (Valladolid), es abogada especializada en comercio internacional y viene preparada. ¡Al suelo! ¡Joder, al suelo!

Porta un código ético sujetado al cinturón y aspira a revolucionar el sistema. El sistema plagado de clientelismo, enchufismos, conflictos de intereses y la corrupción pendular que se desplaza de la izquierda a la derecha como las golondrinas en invierno.

De forma inesperada, superamos el control de seguridad. El código ético –99 medidas para presionar a los abusadores del sistema– apenas resuena en algunas mentes. Porque con la plataforma que lidera, «España mejor», no es sencillo llegar a las masas.

España está estructurada de tal forma que el cambio solo puede ser impulsado mediante un proyecto político. Eso le ocurrió a Ciudadanos, que únicamente tuvo impacto en Cataluña al aparecer en la papeleta. También sucedió con Podemos, que emergió para revitalizar el 15-M que languidecía.

Empresarios con recursos y ciudadanos inquietos le solicitan a Miriam González que forme un partido. Ella, con aparente ingenuidad, responde que lo hará si los partidos tradicionales no asumen la regeneración de las instituciones. Sabe que no lo harán. Por lo que sabe –y esto es nuestra deducción– que tendrá que tomar la iniciativa política.

Nuestra apuesta es clara: lo hará pronto. Resulta imposible pensar lo contrario tras oírla con atención.

Nos sentamos en la sala Manuel Azaña tras observar los retratos de mujeres destacadas que el Ateneo ha añadido a su galería, un movimiento vinculado con «Inspiring girls», la organización que fundó y que se extiende por cuarenta países con el fin de mostrar a las niñas referentes femeninos en distintos ámbitos.

Miss González forma parte del Consejo de Diversidad de Toyota Europa y es consejera independiente de Atrys Health. Ha impartido clases de política comercial internacional en la Universidad de Stanford, California.

Desde hace un par de años, recorre las provincias para sensibilizar sobre la necesidad de regenerar el sistema. No hay reforma ni modernización viable sin antes aplicar un contundente plan ético. Muestra su código ético fuera de la chaqueta y nosotros, a diferencia de los Tedax, comenzamos a analizarlo con urgencia para detonarlo cuanto antes.

Desactivarlo sería un verdadero acto koldístico.

Actualmente, Miriam González es más reconocida en Reino Unido que en España. Está casada –y continúa siéndolo– con Nick Clegg, líder liberal y exviceprimer ministro británico, lo que la convirtió en viceprimera dama del Reino Unido.

El destino le brindó una entrada directa a la política española: el caso Begoña Gómez. Tras el ascenso de su esposo al poder, Miriam experimentó personalmente los estrictos controles de la Oficina de Ética londinense. Como abogada activa, informó a la Administración sobre todos sus clientes y su esposo se apartó de votaciones con posible conflicto.

Posee la autoridad moral y la experiencia para demostrar que es posible un país distinto en lo que concierne a los conflictos de intereses.

Lo irán notando – sobre nuestra predicción–: Miriam seguirá apareciendo en los medios como prueba de que planea crear su partido. Charlar con ella durante hora y media basta para entender que no busca visibilidad, que define como un peaje, por simple exhibición.

En la entrevista abordamos la corrupción, detallamos las medidas del código ético, analizamos a fondo el caso Begoña Gómez y dialogamos sobre Gaza, donde trabajó como asesora de la Comisión Europea.

Miriam emplea un lenguaje claro, directo y perturbador para el statu quo. Repite la necesidad de «limpiar el sistema». Es la Marie Kondo que pretende destruir el inmovilismo del PP y PSOE. Sin embargo, precisa de varios factores improbables: gran financiación, una sólida infraestructura nacional, alta visibilidad y suerte considerable.

Dispone de lo crucial: filosofía y la indignación ciudadana. Y encarna el poema de Benedetti: no esperar milagros del cielo, sino forjarlos con las manos.

Tendrá un poema, pero ojo. ¡Joder, va armada!

–Oiga, por favor, ¿podría apartar eso?

–¿Qué cosa?

El código ético.

¿Cómo pronuncian los británicos “Miriam”?

¡Miriam! Lo pronuncian perfectamente.

¿Y “González”? Porque al casarse decidió mantener su apellido, a diferencia de lo habitual allí. ¿Fue una declaración de principios?

“González Durántez” es más complicado para ellos. Realmente, no fue algo intencionado. Cuando Nick y yo nos casamos, no consideré quitarme el apellido. En España se hace así y lo hicimos. De hecho, cada vez hay más mujeres que conservan el suyo. Son tradiciones diferentes; no fue algo especial.

Sus hijos se llaman Antonio, Miguel y Alberto. No hay un Anthony, Michael o Albert entre ellos. Ha ganado muchas batallas.

Sí. ¡Yo di a luz a los tres, no él! [sonríe]. Tienen un segundo nombre británico, pero sabía que esos nombres secundarios desaparecen. Porque yo me llamo Miriam Mercedes.

Usted dice que los británicos observan a los españoles por encima del hombro. ¿Por qué?

Esa fue una de las grandes molestias del Brexit para algunos europeos. Los británicos se hicieron daño saliendo de la Unión Europea y también a nosotros. Pero la decisión incluía un componente emocional importante: “No queremos estar con vosotros porque somos mejores”. Se creen más modernos, prácticos y resaltan su relación especial con Estados Unidos.

¿Es nacionalismo?

No solo nacionalismo. Tiene que ver con la Historia. Para muchos países, como España, integrarse en Europa fue positivo. Para Francia y Alemania, significó superar un conflicto trágico. Para los países del sur, fue dejar atrás dictaduras y avanzar en modernidad.

En cambio, para Reino Unido, entrar en Europa fue visto como una imposición. Pensaron que ganaron la guerra pero perdieron la paz. Siempre han tenido cierto desapego hacia Europa.

Un dirigente del PP me contó que Margaret Thatcher, tras mirarlo por encima del hombro, le dijo que no tenía ni voz ni voto porque España no combatió contra el fascismo en la Segunda Guerra Mundial.

Creo que eso ha influido en ellos, con razón. Ellos afrontaron la guerra para salvarse y salvar a Europa, arriesgando vidas. Reino Unido lideró la batalla contra el fascismo y… Fíjese que hoy se ven manifestaciones ultraconservadoras en Londres. Algo está pasando. Lo comentaremos luego.

¿No existe un fuerte sentimiento europeo en Reino Unido que, frente a conflictos internacionales, le haga comportarse como miembro de la UE de facto?

Juegan en dos frentes. Colaboran en algunos aspectos y mantienen distancia en otros. En valores, británicos y europeos son parientes cercanos. Pocas naciones defienden tanto el Estado de Derecho, principios democráticos, libertades civiles y derechos humanos. Pero en muchos países empiezan a cuestionarse consensos básicos.

Miriam González es abogada experta en comercio internacional. También trabajó como asesora de la Comisión Europea.

Estuve en Olmedo, su pueblo, hace poco. Son evidentes las heridas de la España vacía. ¿Cómo fue su vida infantil allí?

Tuve una infancia segura y feliz. Un pueblo pequeño donde todos nos conocíamos. Jugábamos en la calle con mucha libertad. Viví una etapa fantástica: la dictadura terminó cuando yo tenía ocho años.

Mi generación experimentó una juventud con un viento favorable. La sociedad nos respaldaba. En áreas rurales, aprovechamos la movilidad social incipiente. Luego, cuando salí de España, comparé tres generaciones: mis abuelos, mis padres y yo.

Sus abuelos venían del campo.

Sí. Los cuatro eran agricultores. No percibía sus dificultades porque siempre veía personas en peor situación. No le daba importancia. Hasta que en Reino Unido sorprendía al contar que vivía en un pueblo sin agua corriente ni lavadora, y que construí el baño con mi abuelo. ¡No lo podían creer!

En ese entonces, la distancia en desarrollo entre España y otras democracias era enorme: unos 15 o 20 años. La Transición fue revolucionaria.

¿Y su familia? ¿Cómo eran sus padres?

Mi madre enseñaba Física y Química. Mi padre, Filosofía y Latín. Ambos fueron los primeros universitarios en sus familias. Había conciencia de cambio y la sociedad creyó en brindar oportunidades a los jóvenes.

¿Quién tocaba el piano en Olmedo? Mi madre, que enseñaba música y daba clases de inglés. ¿Quién hablaba inglés? La hija del teniente. Ella impartía clases de inglés a quien quisiera.

«En Reino Unido no podían creer que vivía en un pueblo sin agua corriente y sin lavadora»

En los 80, los jóvenes que se entregaban a sus estudios y al aprendizaje de idiomas tenían un futuro asegurado. Ese ascensor social se ha roto. España es hoy un país lleno de emigrados altamente cualificados. Eso motivó su activismo.

Es un motivo clave. Lo que más me impulsa es la convicción de limpiar nuestro sistema actual. La corrupción acumulada desde la democracia impide el progreso.

Además, hay que modernizar y restaurar el ascensor social, pero no será posible sin limpiar primero el sistema. La política se enfoca en otras cuestiones, generalmente en proteger a los suyos aunque actúen mal. ¿Cómo atenderemos los grandes retos así? El péndulo de la corrupción persiste entre gobiernos. No es aceptable.

La gente hoy es antipolítica, pero muchos jóvenes son antisistema, lo cual es distinto y se refleja en el auge de extremismos.

Para mí, antisistema y antipolítica son caras de un mismo problema. ¿Ser antisistema implica oponerse a la democracia? Algunos sí, pero muchos jóvenes etiquetados así solo rechazan los abusos del sistema.

Los verdaderos antisistema en España son los que controlan el sistema y lo explotan. Así, no funciona. La Constitución no dice que políticos repartan jueces como cromos ni justifica los numerosos aforamientos existentes. Muchos antisistema son recuperables.

Arreglar el sistema requiere controles y elevar estándares éticos.

Exactamente.

Usted fue hija del alcalde, luego se casó con un hombre que no inició en política pero que llegó a ser viceprimer ministro. La política la persigue.

Y además trabajé como asesora en la Comisión Europea. Sí, parece que me persigue. Fui “la hija de”, “la esposa de”… Solo falta “la madre de” [risas].

Pero ahora es su momento. Empresarios y organizaciones civiles la impulsan a crear un partido de centro. Usted afirmó que si los partidos no asumen el reformismo, estará obligada a hacerlo. ¿Es hora?

Hace dos años y medio trabajo con “España mejor”, una plataforma desde la sociedad civil. Hemos diseñado propuestas variadas siempre con un enfoque en la regeneración, limpieza y control del poder político.

Como los políticos no quieren autoimponerse límites ni limpiar, necesitamos un plan B. Si limpiar solo es viable vía proyecto político, lo vamos a intentar.

¿Cómo es ese proceso?

Estoy en diálogo con personas con inquietudes similares. No es habitual la transparencia en estos procesos, pero es hora de ser así. La frustración de la sociedad civil: si algo no funciona, probemos de otro modo.

Estamos en 2025, hay mucho en juego. España no puede perder oportunidades porque algunos malgastan energía en problemas resueltos hace décadas.

Una crítica a su argumento: el condicional no funciona. Parece ingenuo. Usted sabe que el bipartidismo nunca apoyará un reformismo liberal ni un código ético que elimine sus privilegios. Es un sistema clientelar.

Los partidos, sobre todo los tradicionales, quieren todo para ellos y el poder absoluto. Si necesitan una amenaza, deben tenerla. He estado con el PP, les presenté una propuesta para eliminar aforamientos y me dijeron que estaban preparando un plan de regeneración.

Al escucharlo, me dieron ganas de llorar. No pueden esperar que la sociedad acepte que limpiar el sistema es imposible. Ese tiempo terminó.

También se ha reunido con dirigentes del PSOE.

Sí. Todos muestran palabras amables pero no actúan. Al presentarles el código ético, coinciden, dicen que lo revisarán… pero no hacen nada. Es sencillo: deberían comprometerse a eliminar los aforamientos.

«Cuando escuché la propuesta de regeneración del PP, me entraron ganas de llorar»

¿Hay espacio para un partido de centro liberal en la España actual?

Eso de “centro liberal” es su expresión. Quiero reunir a quienes prioricen limpiar el sistema para modernizar el país y recuperar el ascensor social.

Defínase, entonces.

Me considero liberal con “l” minúscula, muy distinto del liberalismo ostentoso que veo en algunos sectores. Estoy dispuesta a dejar a un lado parte de mi ideología para colaborar con quienes quieren limpiar el sistema.

Algunos le advierten que partidos de centro son en realidad centro-derecha y que dispersaría el voto contra Sánchez.

Solo basta mirar las encuestas. Eso no es cierto. Quienes vienen a limpiar el sistema buscan unidad, no división. Ahora mismo, nada está más dividido que la política española.

¿Qué opina de que “los partidos de centro son de centro-derecha”? Eso solo es cierto respecto a Ciudadanos en su última fase, pero el CDS de Suárez fue más bien de centro-izquierda.

Lo he escuchado y me parece poco respetuoso con el electorado. No solo les dicen que no cuentan; les dicen que no existen.

¿Qué función tendría un partido centro liberal en el actual “muro” español?

Limpiar y luego iniciar la regeneración que modernice el país. Toda la energía política está enfocada en temas irreales. En el Congreso uno piensa… “Los diputados han abducido al país”. Hay una sensación de parálisis.

Miriam González, durante la entrevista.

¿Le llamó la atención que Pedro Sánchez dijera “my citizens” en entrevista con ‘The Guardian’? ¿Qué revela eso del presidente?

Al leer la entrevista esa frase destaca. Refleja el problema de la relación real entre políticos y sociedad. No se ven servidores, sino por encima de ella. Los ciudadanos hemos colaborado con esta reverencia que les rendimos. Esas costumbres deben desaparecer.

¿De verdad cree que los ciudadanos reverencian al poder político? Más bien les abuchearían en la calle. Quizá la reverencia sucede en ambientes de poder, periodísticos y empresariales.

Los políticos españoles llegan a eventos y se les espera en la puerta. Si tardan, se demora el evento. ¿Dónde más ocurre eso?

Desde su plataforma España Mejor, ha presentado un código ético que Gobierno y partidos han rechazado. ¿Está España por debajo de otros países en ética política frente a nórdicos o anglosajones?

Sin duda. Y no solo respecto a nórdicos o anglosajones; Bélgica y Portugal tienen controles más avanzados. Meloni publica currículos de sus asesores para asegurar competencia.

En España, la normativa para conflictos de interés en empresas privadas es más rigurosa que la ley de 2015 para políticos. Una medida del código: si un presidente o ministro miente deliberadamente en el Parlamento y se descubre, debe dimitir. En otros sectores, mentir implica despido. El listón político está mucho más bajo.

Llama “colaboracionistas” a partidos que apoyan a organizaciones corruptas sin exigir cambios.

Sí. Todos debemos pensar en nuestra influencia para limpiar. Cuando un partido minoritario apoya a uno mayoritario debería exigir limpieza. Si no, es complicado. Mire Sumar: hay un caso serio y siguen apoyando sin exigir cambio.

«En España, a los políticos se les rinde pleitesía en eventos. Esa costumbre debe terminar»

¿Por qué la mayoría de españoles sigue apoyando a partidos con casos de corrupción en vez de a alternativas nacientes? El bipartidismo persiste.

La ley electoral protege a los dos grandes partidos, concentrando poder. Además, los votantes eligen listas cerradas decididas por líderes, a menudo votando con resignación. Podemos rompió ese statu quo “yo te tapo y tú me tapas”.

Usted dice: “La ética debe prevalecer sobre la legalidad”. Hoy, la legalidad es el mínimo para la actuación política, pero no todo legal es ético.

No solo eso. La ley es deficiente. Permite legalmente conflictos de intereses. La sociedad espera ética superior.

Miriam González fue 'vice primera dama' de Reino Unido al estar casada con el liberal Nick Clegg.

Coincidió esta entrevista, pactada semanas atrás, con el estallido del caso Begoña Gómez. Para mostrar que otro sistema es posible, ¿podría explicar cómo se activaron los controles de intereses en su experiencia como viceprimera dama británica?

Fue sencillo. Allí existe una Oficina de Ética, propuesta en nuestro código. Al día siguiente de firmar la coalición conservador-liberal, recibimos un correo para reunirnos con la persona responsable de toda la Administración, neutral políticamente.

Como abogada en ejercicio, informé mis clientes reales y potenciales. Ellos retiraban a mi marido de decisiones relacionadas con esos clientes. Los controles deben ser preventivos.

¿Hubo algún inconveniente?

Hubo una situación con apariencia de conflicto, aunque era legal y probablemente ética. Renuncié al trabajo porque una portada podía dañarnos. Algo relevante:

Diga.

En conflictos de interés, no importa quién sea familiar o amigo, sino quién ostenta el poder. Lo crucial es apartar al que toma decisiones vinculadas con sus allegados.

¿Perdió ingresos al cumplir estas medidas?

No lo he evaluado así. Continué mi carrera con normalidad. La situación estuvo bien gestionada y fue sencilla para todos. La prensa británica es mucho más voraz que la española, y cualquier noticia la Oficina de Ética la resolvía rápido. Nunca tuve que pasar años en tribunales.

Un momento de la entrevista celebrada en la sala Manuel Azaña del Ateneo de Madrid.

Uno de los argumentos del Gobierno para defender a Begoña Gómez es: “Ustedes, por machistas, quieren que una mujer primera dama deje su trabajo”.

Es absurdo. Igual si una mujer fuera presidenta. La oposición también falla hablando de “estatuto para la primera dama”. Los controles deben aplicarse a todos los ministros, sus amigos y familiares.

Un dato que pasa desapercibido: los primeros correos que mostraron que una funcionaria ayudaba a Begoña Gómez fueron revelados por su propio equipo jurídico.

Me sorprendió. Si su equipo lo revela tan naturalmente es porque lo consideran normal. Como cuando Ábalos contó que un asesor llevaba a sus hijos al colegio. La defensa general es “estos son estándares habituales en la democracia española”. Que hagan públicos qué hacen sus asesores y dónde están los límites.

Parece que Begoña Gómez pudo haber incurrido en delitos sin darse cuenta.

No hablo en términos penales. Eso lo decidirá un juez. Pero la naturalidad con que admiten que una funcionaria la ayudaba en temas privados no es normal.

¿Todo está conectado? Sin título académico, accede a cátedra pública, obtiene financiación empresarial vinculada al Gobierno y emplea una asistente pagada por todos para su negocio privado.

Vincula varios hechos. En el caso de la funcionaria y Begoña Gómez, se dice “se hizo en todos los gobiernos”. He oído que funcionarios cuidaban al padre de un presidente. Por favor, que revelen qué hacen sus asesores y dónde está la línea roja.

El caso del novio de Ayuso es distinto, por parecer que el supuesto delito ocurrió antes de relacionarse con ella, y sin prueba de su conocimiento. Sin embargo, Ayuso defendió su inocencia desde el Gobierno.

El caso difiere mucho del de Begoña Gómez. Pero cuando Ayuso defendió desde el poder público un asunto privado cruzó una línea.

«Ayuso cruzó la línea al defender desde el poder la conducta privada de su pareja»

Para resumir: ¿qué reforma propone para impedir situaciones como esta?

Primero, incluir los conflictos de interés aparentes en la ley. Segundo, establecer sistemas preventivos. Tercero, crear un mecanismo para apartar a políticos de decisiones con conflicto. También se podría reformar la ley de 2015, mal redactada.

¿Qué habría pasado en Reino Unido si una primera dama actuara como Begoña Gómez?

Sería inconcebible, pero más aún, esos controles lo habrían impedido.

Miriam González fundó Inspiring girls para conectar a las niñas con referentes femeninos de distintos sectores.

Quiero preguntarle sobre otras medidas de su código ético con impacto actual. Primero: eliminación de aforamientos.

Los aforamientos masivos actuales no debieron surgir. La Ley Orgánica del Poder Judicial de 1985 amplió excesivamente los aforamientos. Abogamos por eliminar todos los políticos aforados. Los legalmente existentes deben suprimirse mediante ley.

Algunos aforamientos están en la Constitución: los líderes políticos podrían comprometerse a eliminarlos cuando sea posible una reforma quirúrgica.

“Las decisiones del Consejo de Ministros son vinculantes para todos los ministros”. La coalición no habría durado ni una semana.

Ese sería el funcionamiento normal. Lo importante es que un presidente no pueda excusarse diciendo “eso es asunto de mi ministro”. El presidente responde por todas las políticas del gobierno.

“El Gobierno debe ser responsable políticamente de los asesores ministeriales”. La gran corrupción investigada empieza en los asesores.

Es lógico. El político debe responder por el asesor y asegurar su buen desempeño. Eso funciona en otras profesiones, ¿por qué no en política?

Medida concreta: “En reuniones de gran relevancia, junto al asesor del ministro debe haber un funcionario”.

Sorprende que se informe de decisiones cruciales tomadas en casas de ministros.

“Los nombramientos por debajo de secretario de Estado deben ser funcionarios de carrera”. Frenaría la colonización institucional actual.

El clientelismo que padecemos es una metástasis: llegan y colocan a los suyos. Revertirlo mejoraría la limpieza política.

“Solo vivienda oficial a un ministro si corre riesgo su seguridad”. Muchos ministros hoy tendrían que buscar casa. Mercado de vivienda en crisis. Vaya crueldad, señora González.

¿Por qué tantos ministros tienen vivienda oficial? Que jóvenes usen esas casas. El problema es mayor: ¿por qué chófer para directores de gabinete y asesores?

“Prohibido publicar libros durante el cargo”. ¿Y si se firman sin escribir? ¿Podría Sánchez cumplir el código?

[Ríe] Estoy en contra de libros de políticos en ejercicio. Deben dedicarse a su función pública, no a revelaciones o libros. Que lo hagan después, con límites.

El PP en la oposición tampoco parece interesado en este código ético. Aprobarlo les ataría las manos al llegar al poder.

El PP podría aplicarlo ya mismo en sus Comunidades. No quieren mover ficha, ni abrir la brecha. Se critican mutuamente, pero ninguno quiere actuar.

Le molestó que dirigentes del PP compartieran acto con Aldama en presentación del think tank de Espinosa de los Monteros.

Sí. Un comisionista debe sufrir el ostracismo social.

Miriam González lidera la plataforma España mejor.

Usted fundó “Inspiring girls”, sin ánimo de lucro, presente en cuarenta países, conectando niñas con referentes femeninos en distintos sectores. ¿Esta conexión está presente en España?

España es uno de los países más activos. La sociedad está muy comprometida. Enseñamos a las niñas qué hacen las mujeres para que decidan libremente. La participación femenina en España, y masculina, es excelente. Si la sociedad actúa éticamente en momentos clave, ¿por qué no el sistema?

Las políticas de igualdad en España sufrieron dos fallos graves: una ley que favoreció penalmente a más de mil agresores sexuales y los fallos en pulseras de maltratadores.

Viví años en los que la política de Igualdad fue muy performativa. Me sorprendió que la ley pasara en el Parlamento sin detectar fallos técnicos.

Respecto a las pulseras, lo grave es cubrir los errores en lugar de avisar para proteger, aunque eso genere repercusión política. Se protege el interés propio, no a las víctimas.

Por último: trabajó como asesora de la Comisión Europea para buscar soluciones al conflicto Israel-Palestina. ¿Cuál es su diagnóstico actual y qué opina del plan Trump-Netanyahu?

El plan debe recibirse positivamente intentando que facilite detener la violencia y desbloquear la situación. Queda clara la impotencia europea; la impotencia española.

Las acciones gubernamentales muchas son performativas porque no pueden hacer más. Eso refleja la impotencia: sin independencia en defensa ni aprovechar el mercado único, Europa pierde poder específico.

El caso Gaza muestra la polarización política española. Gobierno y PP coinciden en lo esencial, pero lo usan como eje divisorio.

Es un debate irreal y absurdo, centrado en si es “genocidio”. Nada influirá en la zona; es solo para consumo interno. Europa es un NPC (personaje no protagonista) observando, sin impacto real.

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