El seleccionador es un devoto reconocido que siempre encuentra un momento para conectar con su lado espiritual.
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Triana no representa simplemente un barrio más en el mapa emocional de Luis de la Fuente. Para el seleccionador, la otra orilla del Guadalquivir se ha transformado en un lugar al que regresa repetidamente, un refugio donde la devoción, la vida vecinal y los recuerdos de su época como jugador del Sevilla se fusionan de modo natural.
Con 65 años y una trayectoria que lo ha llevado desde Haro hasta los banquillos de la selección, mantiene una conexión con esta zona de Sevilla que ya supera las tres décadas.
El eje principal de ese vínculo se ubica en la Basílica del Santísimo Cristo de la Expiración, conocida como el Cachorro, uno de los símbolos religiosos más importantes de Triana.
De la Fuente descubrió la imagen a finales de los años ochenta, cuando se incorporó al Sevilla FC y comenzó a explorar la ciudad a pie, alejándose del foco mediático.
Esa primera impresión fue más que una simple curiosidad: con el paso del tiempo, visitar la basílica del Patrocinio se convirtió en una rutina que el técnico mantiene siempre que su agenda lo permite, incluso en plena actividad con la selección.
En Triana, el entrenador encuentra algo que trasciende la simple imagen turística: un barrio que aún conserva el aroma a barro cocido y a incienso, donde los talleres de cerámica coexisten con templos cargados de historia y hermandades con un arraigo popular muy fuerte.
Esa combinación de tradición artesanal y religiosidad coincide con su forma de vivir la fe, discreta pero constante, basada en pequeños rituales que ha ido adoptando desde su estancia en el sur.
No resulta casual que, al describir sus rutinas, surja la imagen de De la Fuente sentado en un banco de la basílica, en silencio, solo con sus pensamientos antes de un gran desafío.
La Hermandad del Cachorro, por su parte, lo ha acogido como a un miembro más. Aunque no se ha confirmado oficialmente que sea hermano de pleno derecho, en Triana es considerado prácticamente de la familia debido a la frecuencia de sus visitas y al vínculo que ha creado con los cofrades.
Desde la corporación trianera han respondido a ese afecto, incluso manifestando abiertamente su orgullo por que el seleccionador tenga al Cachorro como una de sus referencias espirituales.
La conexión se ha extendido igualmente a su familia. Sus hijos han participado como nazarenos en alguna procesión, fortaleciendo ese lazo que va de lo personal a lo generacional y que se intensifica especialmente durante la Semana Santa.
Para De la Fuente, esos días en Sevilla —ya sea en la calle o siguiéndolos a distancia cuando no puede desplazarse— representan una forma de reconectar con una ciudad que siente casi como propia y con un barrio que se ha convertido en su espacio de tranquilidad en medio del constante ruido del fútbol de élite.
En un seleccionador caracterizado por su sobriedad y perfil discreto, Triana actúa como un escenario íntimo: un entorno donde confluyen el peso de los símbolos religiosos, la huella de la artesanía y la fuerza de una religiosidad popular que lo acompaña también cuando, lejos ya del Guadalquivir, se sienta en el banquillo de España.

