Sánchez afirma que no existe corrupción extendida, calificando las acusaciones de «mentiras y rumores», y rechaza abandonar su cargo

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante su intervención en el Congreso. Las claves

Pedro Sánchez rechazó la existencia de corrupción generalizada en el PSOE y atribuyó la situación a «mentiras, rumores y bulos».

El presidente agrupó las causas judiciales por corrupción en tres grupos temáticos, dedicando pocos minutos a cada uno y minimizando su relevancia.

Sánchez defendió a Zapatero y negó favoritismos hacia Plus Ultra, además de descartar la existencia de corrupción durante su mandato.

En cuanto a las investigaciones que involucran a su familia, Sánchez afirmó que serán ellos quienes defiendan su inocencia en la justicia e insistió en continuar en su cargo.

El ambiente en el Congreso mostraba la gravedad del momento, pero Pedro Sánchez, acostumbrado a discursos extensos que a veces superan la hora, completó su intervención en apenas treinta minutos.

La compleja situación de corrupción que afecta al PSOE, con 19 investigaciones abiertas y casi un centenar de imputados, fue dividida en tres bloques temáticos a los que destinó alrededor de siete minutos cada uno.

Comenzó reconociendo que “el debate publicado ha estado lleno de noticias judiciales, filtraciones, especulaciones, rumores y bulos” diseñados para crear «una sensación de corrupción generalizada» que, en su opinión, «no es real».

Esta introducción agrupó todos los elementos, aunque concluyó afirmando que no minimiza “en lo más mínimo la importancia de estos hechos y causas”.

Sánchez volvió a usar el argumento de “bulos y pseudomedios”, especialmente en los casos que involucran a su esposa y hermano, criticando además que se confundan estos casos, los cuales, según él, “pretenden confundir a la opinión pública”.

En ese punto, asumió el rol de cirujano para diseccionar “la anatomía del fenómeno” y dedicó solo ocho minutos a explicar la imputación de dos de sus colaboradores cercanos.

Sánchez simplificó varios casos en la Audiencia Nacional o recientes sentencias del Supremo como “un asunto de corrupción ligado a la antigua secretaría de organización”. Esto a pesar de tratarse de varios casos como amaños de contratos, el de mascarillas, el de SEPI o la investigación sobre la financiación del PSOE.

En su explicación mezcló a Ábalos, recientemente condenado, con su sucesor y hasta con Leire Díez. Solo pronunció una frase sobre cada uno.

En relación a Santos Cerdán, imputado en el caso SEPI y vinculado a la trama de amaños de contratos, afirmó que “habría usado su cargo para favorecer a ciertas empresas”. No profundizó más sobre una red que, según el juez Santiago Pedraz, intentó “entorpecer” procesos judiciales.

Mencionó brevemente a “la señora Leire Díez”, para luego agregar: “Nunca conocí ni hubiera permitido ninguna de estas prácticas”.

En ese instante, las risas del PP llenaron el pleno, dificultando la audición de la promesa de Sánchez de que el PSOE nunca se financió de forma ilegal.

De paso, afirmó que la condena a 24 años para José Luis Ábalos por el Supremo, dictada por unanimidad tras evaluar nueve delitos, es una sentencia que “el Gobierno respeta y acata”.

No obstante, ministros como Óscar Puente han calificado la pena como “excesiva” y han criticado que el “nexo corruptor”, Víctor de Aldama, no haya sido encarcelado por colaborar con la justicia.

Sánchez señaló entonces que “el goteo de casos seguirá” conforme avance la justicia. Cerró su discurso afirmando que “la degradación ya sucedió y veremos en próximos meses su persecución y depuración”, exigiendo que quienes “han mancillado la reputación del PSOE paguen por ello”.

El segundo bloque se centró en “la investigación” que ha imputado a Zapatero, sobre la cual “aún no se pueden sacar conclusiones”. Sánchez negó cualquier “trato de favor a Plus Ultra” y defendió su total legitimidad.

No pronunció palabra respecto a las joyas incautadas al expresidente, mientras que defendió firmemente su gestión en la Moncloa, subrayando que ocurrió hace 15 años y que durante su mandato no hubo casos de corrupción. También resaltó que, pese a no aclarar nada en su declaración ante Calama, “está colaborando con la justicia”.

“Su trayectoria política refleja la confianza que me merece personalmente”, concluyó remarcando que molesta a algunos que Zapatero defienda “el entendimiento entre los pueblos de España”.

En poco más de ocho minutos, cerró el asunto que más afecta a la militancia socialista, al ver por primera vez a un expresidente imputado y que durante cinco años fue considerado el «faro moral» del PSOE.

La tercera “trama” involucra a su familia y a su hermano. Allí apeló a “informaciones falsas, pseudomedios vinculados a ciertos lobbies”.

Sánchez aseguró que no defenderá la inocencia de su familia, ya que serán David Sánchez y Begoña Gómez quienes la defenderán ante los tribunales.

Tras que el juez Peinado enviara el caso a juicio, el presidente aclaró que su esposa trabaja desde 2012 en la Complutense y que “la suma total que cobró por dirigir una cátedra extraordinaria fue de 0 euros”.

Respecto a las medidas cautelares solicitadas por Peinado, que incluyen la retirada del pasaporte, Sánchez consideró que “van más allá de lo razonable”.

Para finalizar, el líder del PSOE pidió “a la justicia que actúe con equidad” y defendió la confianza en los magistrados.

Apenas habían transcurrido 26 minutos desde el inicio de su intervención cuando Sánchez comenzó a concluir, atacando al PP por hablar de cloacas mientras tiene la trama Kitchen, y resumió que todo “el nubarrón” se reduce a “un caso grave de corrupción de personas específicas que se aprovechan de su influencia en el PSOE” y “acciones coordinadas que buscan debilitar al Gobierno mediante ataques personales y desinformación”.

Aunque algunos esperaban que Sánchez asumiera responsabilidades, el presidente reiteró que “cómo no vamos a continuar”, insistiendo en que los planes siguen adelante.

Solo hubo un gesto final, con el que reconoció que comprende “la frustración y decepción” de la ciudadanía.

En poco más de 33 minutos, Sánchez abarcó toda la corrupción que rodea a su Ejecutivo. Aplausos de la bancada socialista, protestas de la oposición y gestos de incredulidad entre sus socios, quienes esperaban más respuestas y recibieron más de lo mismo.

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