Un rincón balear vuelve a situarse entre las escapadas más demandadas al llegar el verano, ofreciendo paisajes que combinan mar, tranquilidad y espacios naturales protegidos. Más allá de sus aguas cristalinas, este lugar alberga lagunas, salinas y extensas playas arenosas
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Existe una isla española ideal para dar la bienvenida al verano, que reúne algunos de los paisajes más codiciados del Mediterráneo: playas vírgenes, aguas limpias, dunas, salinas y humedales con alto valor ambiental. Su encanto no se limita únicamente al baño, puesto que en pocos kilómetros se pasa de una playa de apariencia casi intacta a una laguna salobre o un cabo rocoso. La combinación de naturaleza, tranquilidad y litoral protegido la convierte en uno de los destinos más solicitados durante los meses cálidos.
Se trata de Formentera, la isla habitada más pequeña de las Baleares, con una extensión de 83,2 kilómetros cuadrados y 69 kilómetros de costa. Su perfil bajo y definido garantiza la presencia constante del mar, mientras que sus distancias reducidas permiten recorrerla con calma. La isla forma parte de las Pitiusas junto a Ibiza, de la cual está separada por aproximadamente dos millas náuticas, y solo se accede a ella por barco, con un trayecto habitual de
Playas, dunas y humedales en el Parque Natural de Ses Salines
Uno de sus principales atractivos se encuentra al norte, dentro del Parque Natural de Ses Salines de Ibiza y Formentera. En este entorno surgen algunos de los nombres más reconocidos de la isla, como Illetes, Llevant y el área de Espalmador, vinculados a playas claras y aguas de tonalidad turquesa. Sin embargo, la belleza de esta zona depende igualmente de elementos menos visibles, como los cordones dunares, las salinas, las praderas marinas, las lagunas y los humedales que forman parte de un ecosistema especialmente delicado.
El valor natural de este paisaje está reconocido por la Unesco dentro del sitio ‘Ibiza, biodiversidad y cultura’, donde se destacan ecosistemas de lagunas costeras, humedales y comunidades asociadas a ambientes salinos, además de la presencia de aves acuáticas. Entre los espacios más representativos están Estany Pudent, antigua zona relacionada con flamencos durante sus migraciones, y Estany des Peix, una pequeña laguna que se comunica con el mar mediante un paso estrecho. A esto se suman rutas verdes, pueblos con esencia mediterránea, calas del Migjorn y lugares como Cap de Barbaria o La Mola, que completan una isla pensada para disfrutarse sin prisas.
Existe una isla española ideal para dar la bienvenida al verano, que reúne algunos de los paisajes más codiciados del Mediterráneo: playas vírgenes, aguas limpias, dunas, salinas y humedales con alto valor ambiental. Su encanto no se limita únicamente al baño, puesto que en pocos kilómetros se pasa de una playa de apariencia casi intacta a una laguna salobre o un cabo rocoso. La combinación de naturaleza, tranquilidad y litoral protegido la convierte en uno de los destinos más solicitados durante los meses cálidos.

