El papel principal de la IA en el G7 ante preocupaciones occidentales sobre el ‘interruptor de apagado’ estadounidense

The Anthropic website and mobile phone app are shown in this photo.

Los aliados occidentales llegaron a la cumbre de IA del G7 preocupados tras la decisión de la administración Trump de bloquear el acceso extranjero a los modelos más potentes de Anthropic, confirmando los temores europeos sobre un interruptor de apagado y reforzando aún más su agenda de soberanía tecnológica.

La inteligencia artificial se está convirtiendo rápidamente en un recurso estratégico, que promete bienestar económico y supremacía militar a quienes logren dominarla. Sin embargo, en la tercera jornada de la cumbre del G7 en Francia, las preocupaciones acerca de un posible “interruptor de apagado” estadounidense nunca habían sido tan palpables.

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Desde un inicio, Francia colocó a la inteligencia artificial en el centro de su presidencia del G7, reuniendo a líderes occidentales, países aliados y altos ejecutivos tecnológicos para debatir sobre cómo garantizar “un despliegue seguro, rápido y eficaz de la inteligencia artificial”.

El presidente francés Emmanuel Macron, enfrentando el último protagonismo durante la cumbre antes de que finalice su mandato el próximo año, ha apostado por consolidar a Francia como una potencia de IA y situar a París como un núcleo de investigación e inversión.

Sin embargo, los líderes llegaron al almuerzo de trabajo con un sabor amargo, tras la decisión de Washington de prohibir el acceso a los modelos más avanzados de Anthropic para no estadounidenses, incluso afectando a empleados extranjeros de la propia empresa.

Desconectando la conexión

El viernes, Washington imponía controles a la exportación que bloquean el acceso a Fable 5 y Mythos 5 a cualquier nacional extranjero. Como consecuencia, Anthropic tuvo que “deshabilitar abruptamente” el acceso a ambos modelos para cumplir con la normativa.

La rapidez con la que la compañía implementó estas restricciones validó uno de los temores europeos más arraigados: que EE. UU. podría cortar el acceso a su tecnología más avanzada en cualquier momento.

Washington justificó la medida apelando a la seguridad nacional. Los modelos Fable 5 y Mythos 5 poseen capacidades sin precedentes para detectar y explotar vulnerabilidades cibernéticas, transformándose en herramientas de hacking extremadamente potentes.

Quedar súbitamente excluidos de los modelos de IA más sofisticados puso a Europa y otros aliados occidentales en una situación inesperada, sirviendo como un golpe de realidad: el acceso a tecnología estadounidense bajo la era Trump ya no es algo garantizado.

Sensación de exclusión

Bruselas sostiene que, si bien es necesario tomar medidas frente a los riesgos serios que trae la IA cada vez más potente, estas no deberían discriminar a socios de confianza.

“Somos un socio confiable. Reto a que se encuentre uno más confiable que Europa”, declaró Thomas Regnier, portavoz de la Comisión Europea para la soberanía tecnológica.

El ambiente en los círculos políticos de la UE es especialmente tenso. Las restricciones impuestas por EE. UU. coincidieron justo con los preparativos de Bruselas para unirse a la Pax Silica, la alianza de Washington destinada a asegurar las cadenas globales de suministro de chips para IA y minerales críticos, afectando a Europa en igual medida que al resto.

La medida fue un golpe duro para quienes defienden vínculos transatlánticos estrechos y buscan que los países occidentales mantengan una postura común frente a adversarios como China.

Las limitaciones de exportación sobre Anthropic marcarán inevitablemente la discusión sobre IA en el G7. El CEO de Anthropic, Dario Amodei, estará presente en el almuerzo de trabajo, ofreciendo a los aliados estadounidenses la oportunidad poco común de expresar directamente sus inquietudes a Trump.

Agenda de soberanía tecnológica

“Tenemos que establecer la IA estadounidense […] como el estándar de oro para la IA a nivel global y asegurar que nuestros aliados construyan sobre esta tecnología”, señala el Plan de Acción de IA publicado por la administración Trump en julio de 2025.

Estados Unidos domina este sector: cinco ejecutivos tecnológicos americanos asisten al G7, frente a uno por cada otro país participante. Sin embargo, a largo plazo, podría ser la propia industria tecnológica estadounidense la que sufra las consecuencias de estas restricciones a la exportación.

“La tecnología es cada vez más un recurso estratégico. Europa debe ser capaz de actuar según sus propias reglas”, afirmó Regnier, subrayando que este episodio reafirma la necesidad de la UE de fortalecer su soberanía tecnológica.

El presidente estadounidense Donald Trump ya había impulsado la agenda de soberanía tecnológica europea, convenciendo a los europeos sobre la urgencia de desarrollar alternativas internas y disminuir su dependencia estratégica de proveedores extranjeros, sean estadounidenses o chinos.

Al excluir a los no estadounidenses de sus modelos de IA más avanzados, Trump pudo haber ido un paso más allá: demostrando que Washington puede dejar fuera, de la noche a la mañana, tanto a enemigos como a aliados de la tecnología que decida.

Cuando las pesadillas se hacen realidad

Este episodio confirmó uno de los temores más persistentes de Bruselas: que las tecnologías americanas disponen de un “interruptor de apagado” capaz de desactivar sistemas críticos a voluntad, ya sean aviones de combate, instituciones financieras o infraestructuras esenciales.

“El interruptor de apagado de Anthropic demuestra que la soberanía tecnológica nunca fue un concepto abstracto”, declaró a Euronews el eurodiputado Brando Benifei (S&D, Italia).

“El G7 no debería condenar a sus aliados a depender de dependencias competitivas en IA. Europa debe cooperar con EE. UU., Canadá y socios democráticos, pero desde una posición de fortaleza.”

Bruselas ya ha delineado su agenda de soberanía tecnológica, aunque las capitales europeas siguen divididas respecto a qué tan lejos están dispuestas a llegar o cuánto están dispuestas a invertir para deshacer dependencias profundamente arraigadas.

Trump, una vez más, pudo haber reforzado la resolución europea al demostrar que los interruptores de apagado son una amenaza real y no simplemente hipotética.

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