Recuperación global de los manglares tras años de degradación ambiental

Pequeños manglares se extienden en aguas marinas claras y poco profundas; al fondo se aprecian zonas más densas de bosque de manglares.

Fuente de la imagen, Getty Images

    • Autor, Matt McGrath
    • Título del autor, Corresponsal de medio ambiente

    • Autor, Esme Stallard
    • Título del autor, Reportera de clima y ciencia, BBC News
  • Fecha de publicación 11 junio 2026, 10:26 GMTActualizado 1 hora
  • Tiempo de lectura: 5 min

Los bosques de manglares en el mundo, que resguardan a millones frente a tormentas y capturan importantes cantidades de gases de efecto invernadero, están mostrando una recuperación inesperada, según científicos.

Por décadas, estos árboles en zonas pantanosas disminuyeron rápidamente debido a la deforestación para la construcción de piscifactorías y asentamientos habitacionales.

No obstante, un reciente estudio indica que desde 2010 la recuperación global de manglares supera las pérdidas registradas, resultado de una mayor protección legal y conciencia pública acerca de su valor, impulsada por eventos como el tsunami del océano Índico de 2004.

Los investigadores destacan que la causa principal es la gran capacidad de estos bosques para regenerarse naturalmente en ausencia de talas humanas.

Un hombre con camiseta azul y pantalón oscuro camina por un paseo marítimo hacia el mar.

Fuente de la imagen, Chaideer Mahyuddin/AFP/Getty Images

Los manglares constituyen uno de los protagonistas ambientales menos reconocidos a nivel global.

No solo retienen hasta cinco veces más dióxido de carbono que los bosques terrestres, sino que sus raíces enlazadas también atenúan las olas, sirviendo de barrera contra marejadas ciclónicas y tsunamis para las poblaciones costeras.

Además, estas raíces crean hábitats ideales para numerosas especies marinas, ofreciéndoles refugio frente a depredadores y una abundante fuente de alimento.

Sin embargo, durante el último siglo, estos beneficios se han visto gravemente comprometidos por el crecimiento de la acuicultura, agricultura y la expansión urbana en zonas costeras, provocando una deforestación acelerada.

Entre 1980 y 2010, más de 12 000 km² de manglares desaparecieron en Asia, África y América, cifra equivalente a la extensión de Jamaica.

A pesar de esto, la investigación reciente revela un cambio notable en esta tendencia, especialmente en los últimos diez años.

Las pérdidas netas totales —áreas deforestadas sin reemplazo— desde la década de 1980 se han reducido a aproximadamente 849 km².

Las iniciativas de restauración realizadas durante años han apoyado la recuperación de áreas dañadas, pero el aspecto más relevante ha sido la expansión natural de manglares en numerosas regiones tras reducirse la deforestación.

Esto permitió que los niveles forestales en Indonesia se mantuvieran estables y que crecieran en Myanmar, dos naciones con alta densidad de manglares.

En Indonesia, el tsunami del océano Índico de 2004 pareció provocar un cambio en la percepción sobre la relevancia de los manglares, frenando la tala para piscicultura.

"Varias islas cubiertas por manglares permanecieron bien protegidas tras el tsunami, lo que aumentó la conciencia pública sobre la necesidad de conservar estos bosques", comentó el investigador principal, Zhen Zhang, de la Universidad de Tulane en EE.UU.

Una transformación parecida en la actitud pública ocurrió en Myanmar tras el ciclón Nargis en 2008 y la imposición nacional de la prohibición de tala en 2016.

Los autores destacan que la tecnología también juega un papel fundamental en esta situación.

Para esta investigación, se empleó un sistema satelital diferente que permitió mapear los bosques con mayor precisión, detectando una cantidad significativamente superior de árboles nuevos en comparación con estudios anteriores.

Las imágenes provienen del satélite Landsat, "altamente sensible a cambios en la cobertura forestal y que ofrece observaciones consistentes a nivel mundial, que evaluaciones previas pudieron haber obviado", explicó la profesora Elizabeth Robinson, directora del Instituto de Investigación Grantham, quien no participó en el estudio.

"Esto representa una mejora sustancial con respecto a evaluaciones globales previas", añadió a BBC News.

No obstante, parte de esta expansión puede tener un impacto dual: crecimientos en ciertas áreas podrían venir acompañados de daños ambientales en otras.

En varios países, incluido Brasil, los nuevos manglares se han asentado a lo largo de ríos y costas con sedimentos ricos en nutrientes.

Sin embargo, la destrucción forestal y la minería aguas arriba podrían haber liberado nutrientes como nitrógeno en los ríos, beneficiando a los manglares río abajo.

"Esta es una noticia positiva para los manglares: hay más de lo que se creía y están demostrando su capacidad de recuperarse", afirmó Pete Bunting, de la Universidad de Aberystwyth, también coautor del estudio.

"Pero solo será beneficioso si no se convierte en una catástrofe río arriba".

La investigación igualmente evidencia que, aunque la restauración y la disminución de la tala han tenido éxito, no ha sido homogénea en todas las regiones.

África Occidental y Central permanecen como zonas críticas de destrucción.

"El delta del Níger ejemplifica claramente el impacto de la contaminación en los manglares", indicó Bunting.

"La contaminación petrolera está causando daños severos; al observar Google Earth, pueden distinguirse líneas rectas cruzando manglares, correspondientes a oleoductos".

Un mangle se alza en aguas poco profundas, con el mar azul al fondo. Sus raíces se extienden hacia el agua.

Fuente de la imagen, Daniel Friess

Los ciclones tropicales continúan siendo una amenaza significativa: algunas de las pérdidas anuales más severas señaladas en el estudio se atribuyen a tormentas desde Australia hasta el Caribe.

A pesar de ello, los autores coinciden en que la tendencia es alentadora.

"La tendencia a la baja en la tasa de pérdida es clara, lo que indica un avance positivo", expresó Zhen Zhang a BBC News.

El estudio también puso de manifiesto que muchos manglares existentes están mejorando su salud.

Desde los años 80, la proporción de manglares con dosel cerrado, los más abundantes en carbono y biodiversidad, ha aumentado casi en un 20%.

"En consecuencia, se puede afirmar que la dirección es la correcta", concluyó Zhen.

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