Las claves
Pedro Sánchez evita contestar a las imputaciones de corrupción en el Congreso y no desacredita las tramas señaladas por el PP.
Feijóo critica la actitud de Sánchez y repasa los distintos casos de corrupción que involucran al PSOE, mencionando investigaciones judiciales, ilícitos y acusados.
Durante el debate parlamentario, Sánchez decide destacar casos de corrupción relacionados con el PP como la trama Gürtel o la Operación Kitchen, sin hacer una defensa directa.
La tensión política se refleja en la Cámara con intervenciones significativas de portavoces como Mertxe Aizpurua de Bildu y constantes referencias al pasado de ambos partidos.
Nos ha aumentado tanto el “P.S” en el Congreso que no paramos de ir al baño. Parece que es la próstata. Sánchez, por ejemplo, no aguanta ni cinco minutos en el Parlamento. Nada más acabar de hablar con el padre Feijóo, se marcha apresuradamente.
Sánchez solo cumple con la ley, cuando la política, como nos enseñaron los griegos y las monjas del Sagrado Corazón, consistía en gobernar la vida pública con el máximo sentido moral.
Esta mañana Cayetana recordaba la doctrina social de la Iglesia socialista que formuló Sánchez cuando aún no sabíamos quién era: la política “debe adelantarse tres pasos a la legalidad; desde la moralidad más estricta”.
“El error de Rajoy –qué bien defendía Sánchez– no fue el mensaje a Bárcenas, sino haberlo elevado a las máximas responsabilidades orgánicas”. Ábalos, Cerdán, Koldo, Zapatero… A todos ellos una vez Sánchez les dijo “¡adelante!”.
A Sánchez le ocurre lo que en la canción de Sabina. A los lugares donde se ha sido feliz no se debería regresar jamás. Él, que tanto luchó por ser diputado y tanto conspiró por obtener el escaño, no quiere permanecer en el Parlamento ni durante el tiempo que dura un punto de tenis en tierra batida.
Todo esto se comenta y se escribe sin tener a Sánchez presente. En un fino ejercicio de Memoria Histórica, el presidente ha arrebatado a José Antonio el título de El Ausente.
Para ser de izquierdas, Sánchez solo mostró manos derechas. El padre Feijóo, matemático al igual que León XIV, ha proporcionado los números necesarios para entender que nuestro cansancio tiene una explicación matemática: doce investigaciones abiertas, diecisiete delitos presuntos y hasta cien acusados.
Si siguen así de bien, llegará un momento en que los imputados relacionados con el PSOE superen en cantidad a los diputados socialistas.
Por fin el Partido Popular ha adoptado el lema de José María García: si lo sabías, te vas por delincuente. Si no lo sabías, te vas por incompetente. El milagro habría sido que el PP adoptara esa norma durante su gobierno.
Es la transformación que va desde la bancada roja a la azul. Óscar López, que se eleva al escuchar las siglas “M.Rajoy”, esta mañana tenía problemas estomacales al oír “P.S”.
Este miércoles 10 de junio de 2026 entramos en una nueva dimensión política. Por primera vez un presidente ni se defiende ni niega las tramas corruptas expuestas en la tribuna.
El siempre presente “y tú más” existía, pero Sánchez, con las piernas juntísimas y la americana abrochada, firme como un soldado africano, no dedicó ni un instante a decir: esperemos a que la Justicia investigue; yo no tengo nada que ver; qué infamia es esa.
Con expresión impasible, Sánchez escuchó las tramas expuestas por Feijóo y luego pasó a hablar sobre Kitchen, Gürtel, Púnica y el narcotraficante que navegaba con Feijóo.
A pesar de la próstata universal, provocada por el molesto P.S, estamos en el mejor momento de la historia democrática española. Y en 2027, dentro de un año, el tardosanchismo nos llevará a las urnas para reelegir a Sánchez.
El problema es que la gente lee periódicos. Prefieren leer sumarios antes que novelas Romantasy. Porque hay más sexo. Y la sociedad —pensamos— siente que esto está fuera de control.
Debe ser que vivimos en países diferentes. Esto se explica en el pinganillo. Para comunicarse con una socia, Sánchez tiene que usar un pinganillo en la oreja, como en sus tiempos en la ONU y los Balcanes.
En ese período, según contaba su jefe, Carlos Westendorp, le aconsejaba para negociar sin levantarse hasta lograr el acuerdo: “Culo de hierro, Pedrito, culo de hierro”.
Aún no sabemos quién le enseñó aquello de “cara de hierro, presidente, cara de hierro”.
Lo complicado del Gobierno es saber quién realmente está gobernando. Esto provoca mucha ansiedad en la bancada del PP. Feijóo sabe que Sánchez es Sánchez, pero sus diputados desconocen qué tipo de ministro enfrentan.
Ha afirmado Sánchez que vivimos el mejor momento de nuestra historia, pero sus socios y algún ministro dejaron caer segundos después que la UCO, junto con Aznar, jueces y algún empresario del Ibex, planean un golpe de Estado.
O bien el golpe es falso, o a Sánchez le fascinan los golpes.
Se agradece la solidaridad —en el Congreso todas las palabras de cuatro o más sílabas son pronunciadas en esdrújula y nadie logra curar a sus señorías de eso— de la portavoz de Bildu.
Con mucha claridad y en castellano, Mertxe Aizpurua describió el falso golpe sin eufemismos con que intentan disfrazarlo los ministros. Su sintaxis es la mejor posible: cristalina, recomendada en los primeros cursos universitarios. Ella siempre la ha dominado; la empleó en “Los gudaris de ayer y de hoy”, texto que le valió un premio por apología del terrorismo.
La crónica parlamentaria, como hacía Zapatero en Venezuela, se ha convertido en el milagro de los panas y los peces. Con cinco minutos de Sánchez, se escriben tres páginas.

