Las claves
Feijóo valora que el Papa haya recuperado la Escuela de Salamanca como un ejemplo de un código moral que establece límites al poder político.
El líder del PP interpreta la referencia papal como un llamado a restaurar principios éticos y la dignidad humana en la vida pública de España.
Feijóo enlaza el legado de Salamanca con su iniciativa para fortalecer los controles institucionales y elevar los estándares de ejemplaridad en la gestión del poder.
Argumenta que la autoridad solo es legítima si reconoce límites morales, reafirmando que «no todo lo que puede hacerse debe hacerse».
Cuando León XIV mencionó en el Congreso a la Escuela de Salamanca, siendo el primer Papa en pronunciar un discurso ante una sesión solemne de las Cortes Generales, Alberto Núñez Feijóo percibió la apertura hacia uno de los grandes legados políticos españoles, que rara vez aparece en titulares.
Para él, el Pontífice no solo recuperó un referente histórico, sino un verdadero código moral que hace quinientos años se atrevió, en el contexto del descubrimiento y conquista de América, a «poner límites al poder» cuando otros imperios solo discutían cómo ampliarlo.
Más tarde, en la audiencia que León XIV le otorgó horas después en la Nunciatura, el líder del PP se centró en ese aspecto del discurso.
Según su análisis, en aquellos debates salmantinos se configuró la idea de que la grandeza de una nación no se mide por la extensión de sus conquistas, sino por su capacidad para someter su actuación al juicio de la razón moral.
Feijóo interpreta que la referencia del Papa a Salamanca no era un detalle erudito, sino una invitación a redescubrir, en esta era de revolución tecnológica y «nuevas fronteras digitales», una de las tradiciones políticas más relevantes de España.
Esa tradición que recuerda que «no todo lo que puede hacerse debe hacerse», y que la autoridad solo es legítima cuando reconoce límites morales explícitos en el ejercicio del poder.
La dignidad humana
El presidente del PP identificó en ese fragmento del discurso un mensaje relevante para la actualidad. Aunque han cambiado las tecnologías, los retos y los contextos a lo largo de cinco siglos, permanece la responsabilidad de someter el poder a principios éticos que no dependen ni de mayorías pasajeras ni de la voluntad individual de un líder.
Por ello, en su reflexión para EL ESPAÑOL, Feijóo valoró que el Papa colocara en el centro de su intervención parlamentaria a aquellos académicos de la Universidad de Salamanca.
Fueron ellos quienes situaron a la persona en el núcleo de la reflexión política, defendieron la dignidad humana frente a la fuerza y afirmaron que la fuerza no crea derecho ni legitima cualquier decisión.
La calidad democrática
A partir de ahí, el presidente del partido vincula de manera natural el recuerdo de Salamanca con la política española actual. Su lucha contra lo que denomina «colonización de las instituciones del Estado» se fundamenta precisamente en la idea de que la actuación de un Gobierno debe reconocer límites, controles y contrapesos.
Más allá de las palabras papales, el PP ha denunciado durante años el «secuestro» del Poder Legislativo a través de mayorías basadas en acuerdos que, según su crítica, desdibujan la separación de poderes.
Identifica en los ataques a la independencia judicial un intento de anular uno de los frenos al abuso del Poder Ejecutivo que la tradición europea ha ido consolidando con el tiempo.
En ese mismo marco, defiende la libertad de prensa.
Los populares alertan sobre campañas políticas y mediáticas que intentan desacreditar a los medios que informan acerca de lo que describen como una «gran oleada de casos de corrupción» que involucra al PSOE, al Gobierno y al entorno personal de Pedro Sánchez.
Para el dirigente gallego, estas acciones forman parte de una lógica común: minimizar los contrapesos y reducir el costo político de decisiones que, sin esos controles, traspasan fronteras éticas. En este contexto, el Plan de Calidad Institucional, presentado solemnemente en Cádiz en enero de 2023, se ha convertido en una de las banderas del proyecto de Feijóo.
Legislar para limitarse
La tradición salmantina que reivindicó el Papa en el Congreso, señala Feijóo, funcionó como un recordatorio de que el poder no puede redactar sus propias reglas sin aceptar una autoridad moral superior.
Su Partido Popular ha presentado en dos ocasiones ese Plan de Calidad Institucional como un programa para fortalecer controles, reducir la discrecionalidad y elevar los estándares de ejemplaridad en el ejercicio del poder.
De hecho, el presidente popular se comprometió en una entrevista con este periódico a «legislar para limitarse» en sus primeros seis meses de Gobierno en caso de llegar a la Moncloa, aplicando dicho plan «ley a ley».
Esa será la prioridad, aseguró, de sus primeras decisiones, orientadas a marcar distancia con las prácticas que atribuye al Ejecutivo actual.
Actualmente, ese documento está siendo actualizado por el equipo liderado por Cuca Gamarra, vicesecretaria de Regeneración Institucional. La revisión busca adaptar las propuestas a un contexto que Feijóo considera más exigente luego de episodios recientes de tensión institucional y nuevos casos de corrupción que han emergido.
Estándares morales
Para Feijóo, la alusión del Papa a Salamanca refuerza éticamente su compromiso.
La idea de que una democracia desarrollada no puede limitase únicamente a someter el poder a la legalidad formal, sino que debe aspirar a estándares morales superiores en la gestión pública.
Desde esa óptica, el «humanismo cristiano» que el PP reivindica como uno de sus fundamentos no es un mero decorado ideológico. Es el marco a partir del cual defiende la dignidad de la persona, la vida, la familia y la libertad como bienes que ningún poder puede usar como moneda de cambio en negociaciones políticas.
En la audiencia con León XIV, Feijóo describió al Papa como un «faro moral» en tiempos de incertidumbre. Subrayó que España y Europa «no se entienden sin sus raíces cristianas» y que una sociedad genuinamente libre no se construye en oposición a esas raíces, sino desde ellas.
Qué se puede, qué se debe
Ese hilo le permite relacionar la reflexión teórica en torno a Salamanca con la coyuntura de polarización que atraviesa la política española. En su diagnóstico, la escalada de tensión, los ataques personales y la deslegitimación de las instituciones evidencian un poder que ha dejado de aceptar límites éticos para sobrevivir.
Frente a ello, Feijóo propone su proyecto como una recuperación de la pregunta clásica que resonaba en las aulas salmantinas: qué puede hacer el poder, qué debe hacer y dónde están sus límites.
Su respuesta, inspirada en ese legado, enfatiza que no todo lo que una mayoría aritmética permite es legítimo moralmente. Por ello insiste en repetir que «no todo lo que puede hacerse debe hacerse».
Y sostiene que la verdadera fortaleza de una nación no reside solo en ganar batallas parlamentarias, sino en tener el valor de someter sus acciones al juicio de principios que no varían con el resultado de una votación.

