La residencia de Iker Casillas en un pequeño pueblo de 200 habitantes: iglesia del siglo XVI, entorno montañoso y vivienda prefabricada

El refugio de Iker Casillas El exguardameta del Real Madrid y la Selección mantiene un vínculo sólido con sus orígenes en un pequeño municipio.

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Navalacruz, un pequeño municipio con poco más de 200 habitantes registrados, representa para Iker Casillas mucho más que un simple lugar en el mapa de Ávila: es el destino al que regresa para escapar del bullicio.

Ubicado en pleno corazón de la comarca del Alberche y bajo la influencia de la Sierra de Gredos, el pueblo es un ejemplo claro de la España rural: montañas, construcciones de piedra, clima montañoso y una vida que se sigue marcando por las festividades locales y las charlas en el bar.

Con una altitud superior a 1.200 metros, Navalacruz se sitúa en un estrecho valle atravesado por el arroyo Chiquillo, donde las pendientes, curvas y una carretera secundaria funcionan casi como un filtro natural contra la masificación.

Los inviernos son rigurosos, con frecuentes heladas y nevadas, mientras que los veranos traen tardes cálidas pero noches frescas que recuerdan la autoridad del entorno montañoso.

Este clima, exigente en apariencia pero gratificante para quien busca tranquilidad, explica en buena medida por qué el exportero prefiere este lugar antes que otros destinos habituales en el circuito VIP.

El conjunto habitacional conserva la arquitectura tradicional local: casas de piedra, balcones discretos, antiguas cuadras adaptadas y corrales que aún reflejan una economía basada en la ganadería y la agricultura.

No se trata de un escenario turístico, sino de un pueblo real que ha sufrido despoblación con el paso del tiempo, donde un 4×4 circula junto a tractores aparcados en las entradas de las casas.

Iker Casillas

Iker Casillas

En el centro se alza la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, un edificio renacentista del siglo XVI que funciona como un punto de referencia visual y emocional. Su estructura y torre destacan en una localidad tan pequeña y sirven de encuentro durante procesiones, misas de festividad y eventos colectivos.

Es en este entorno donde Casillas conserva sus raíces. Navalacruz es el pueblo materno, el escenario de sus veranos infantiles, de sus primeros amigos alejados de la ciudad y de partidos de fútbol sin cámaras en la plaza o en prados cercanos.

Los vecinos lo vieron crecer, alcanzar su consagración en el Real Madrid y levantar un Mundial, pero continúan tratándolo, según relatan en periódicos locales, como «Iker, el del pueblo» más que como la estrella que llenaba el Bernabéu.

Además de la vivienda familiar en el casco, el exportero ha elegido una segunda residencia en las afueras: una casa prefabricada, modular, ensamblada por secciones en una finca cercana al núcleo urbano.

El proyecto, muy comentado en Navalacruz, subraya la idea de refugio: una vivienda con diseño contemporáneo integrada en el paisaje montañoso, con mayor superficie que la anterior y orientada a ofrecer privacidad sin aislarse del pueblo.

Construida por módulos que fueron transportados en camiones hasta la entrada del municipio, la casa simboliza la vida actual de Casillas: tecnología y confort, pero al servicio de la discreción en medio de pinares, senderos de Gredos y noches estrelladas.

Mientras muchos exfutbolistas escogen islas, urbanizaciones exclusivas o grandes capitales, el santuario de Iker se encuentra en un pueblo de 200 habitantes donde todavía se saluda usando el nombre de pila.

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