Sánchez sujeta con la ceja los tobillos mientras enfrenta el colapso general

Pedro Sánchez, a su salida del Congreso este miércoles. Las claves

Pedro Sánchez manifestó un respaldo público contundente a José Luis Rodríguez Zapatero tras su imputación, defendiendo su integridad y rechazando la existencia de una red corrupta.

La discusión en el Congreso estuvo marcada por la tensión y gestos simbólicos, con ministros apoyando a Sánchez y el PP aprovechando la coyuntura para exigir dimisiones.

La imputación de Zapatero ha dado inicio a una nueva etapa política, donde el PP considera que un adelanto electoral ya no les resulta beneficioso y se pone en duda la estabilidad del PSOE de Sánchez.

Sólo duró un momento. Tal vez veinte o treinta segundos. Si, según Walter Benjamin, toda una vida puede condensarse en un fragmento de tiempo así, cabe imaginar cuán representativo puede ser el mandato de Pedro Sánchez, por extenso que parezca.

El presidente se ató las cejas al tobillo, pronunció un «todo mi apoyo a Zapatero», se quedó sin tiempo, habló a un micrófono desconectado, como hacen los boxeadores noqueados, y salió del Congreso con la rapidez de quien huye en medio del incendio de la ciudad.

En eso se resume todo porque, si Sánchez antes había ligado su destino a Koldo, las polémicas de Ábalos, los contratos de Cerdán y la supuesta honestidad de todos ellos, esta jornada añadió a la presunta trama de Zapatero, quien al menos se maneja en idiomas –Venezuela, Emiratos, China– y sólo se vende simbólicamente.

«Vamos a hacer negocio, aunque implique un ligero pago», afirmó el jefe de Plus Ultra para ilustrar el presunto rescate previo a la supuesta mordida de Zapatero.

Sánchez es, sin duda alguna, el fundador de una creencia. Por ello, los ministros que lo siguieron en los micrófonos de la bancada azul replicaron el gesto y se autoprovocaron un suicidio simbólico con la perseverancia de Alfonsina Storni, cuyo mito relata que persistió hasta que, por un descuido, logró lanzarse al mar.

Cada aplauso generaba la tentación de atarles las manos y alejarlos del precipicio. Nadie merece un desenlace así.

El presidente, siendo aconfesional, negó únicamente en dos ocasiones la supuesta trama de Zapatero, pero el grupo ministerial, liderado por Bolaños, manifestó estar “orgulloso” del primer presidente imputado en la Democracia, provocando los aplausos incrédulos del Partido Popular.

Tal era la contundencia de la consigna que algunos ministros, en su afán por aplaudir con intensidad, perdían la coordinación motriz. Ángel Víctor Torres acompañaba la intensidad del aplauso con un gesto involuntario de esfuerzo en las cejas. Siempre esas malditas cejas.

Si Zapatero es inocente, se está apoyando a un imputado. Si es culpable, a un ladrón. Lo segundo resulta mucho más serio que lo primero; no obstante, lo primero refleja la medida del tardosanchismo: la constante falta de prudencia con tal de conservar el poder.

Las crónicas previas relatan que Sánchez conversó ayer con Zapatero. Y que Zapatero lo convenció de su inocencia y de estar siendo víctima de una cacería política. Sánchez, como presidente, expresó la «colaboración con la Justicia» –aunque con carácter discontinuo– y ofreció «todo el apoyo» a Zapatero.

Resulta complejo definir qué representa este PSOE. Nada encaja con las fotografías de Schommer expuestas en los pasillos cercanos al Parlamento ni con los manuales que se estudiaban en la Universidad sobre la Transición.

Supongo que el desconcierto no es reciente. Probablemente sea semejante al de mediados de los noventa, cuando la chaqueta de pana fue reemplazada por escándalos como Roldán, Filesa, Rumasa, Ibercorp o los GAL.

Aunque sorprenda, el PSOE de Sánchez se parece mucho al del último Felipe. El Partido Socialista ha transitado del José Luis a José Luis. Desde el José Luis de la Castellana, con su tortilla poco hecha y la Constitución negociada por Guerra y Abril, hasta el José Luis de Ábalos, ¡a cabalgar, a cabalgar!, y el de Zapatero, con sus arepas condimentadas con petróleo.

Sánchez defendió a Zapatero destacando su ampliación de derechos sociales, la retirada de Irak y la lucha contra ETA. Como si eso tuviese relación alguna con el asunto actual. El mariscal Petain fue héroe de la Primera Guerra Mundial y entregó Francia a los nazis en la Segunda.

Con esta defensa, Sánchez ha señalado que, por ahora, no es posible justificar a Zapatero en relación con la presunta trama, es decir, mediante análisis pertinentes.

El padre Feijóo, siguiendo los cánones políticos, anuló la presunción de inocencia, condenó a Zapatero y lo equiparó, sin sentencia previa, con Koldo, Ábalos y Cerdán. Sin embargo, su intervención fue tan potente que esta licencia pasó inadvertida.

El mejor instante de Feijóo llegó cuando leyó, entre el silencio de su bancada y la opuesta, los fragmentos más contundentes del escrito del juez Calama.

Antes de la última campaña electoral, los medios especulaban si Sánchez sería capaz de enfrentar a Feijóo con la foto junto al narco en un yate. Hoy, no mucho tiempo después, nadie duda que puede hacerlo. Esta mañana lo llevó a cabo.

Luego, el presidente que perdió las últimas elecciones y alcanzó Moncloa mediante una moción de censura dijo: «Señor Feijóo, al gobierno se llega con votos, no con atajos».

Es preciso defender a Sánchez de su propio Sánchez y recordar que el parlamentarismo permite investir a un derrotado y que la moción de censura es un mecanismo constitucional.

¡La mañana fue toda un escenario para los suicidas!

El PP acertó cuando, tras la intervención de Feijóo, logró contener a los diputados que comenzaron a golpear la bancada y gritar «¡dimisión, dimisión!».

Esto, tan habitual semanas atrás, se ha abolido. Ni siquiera Tellado se sumó. La prueba de que Feijóo, con sentido de Estado, ha tomado control.

“¡Estoy jodido! ¡A la gente se le rompe el corazón!», lloró Rufián, en una versión reguetonera del «no es esto, no es esto» de Ortega. «¿Cuál es el plan, presidente?», preguntó el español converso, y un diputado del PP respondió: «¡Ficharte!».

Es cierto que, de cara a las próximas generales, si las tendencias continúan, a Sánchez solo le quedará la opción de una candidatura conjunta con las izquierdas soberanistas. Pero apareció Abascal para recordarnos que la coalición más fuerte, la imbatible, sería la de PSOE y Vox.

En la jornada de la imputación de Zapatero, el mejor regalo que esta derecha en la oposición ha recibido, Abascal empezó a hablar de… inmigración. Como solo él sabe: los inmigrantes son delincuentes que roban las ayudas sociales… «Lo peor es la invasión migratoria», textualmente.

Si Sánchez no estuviera ya debilitado, habría tomado el atajo y logrado escapar por un tiempo, pero llevaba preparada la réplica y respondió leyendo una defensa contra la corrupción.

La prueba de que en el Congreso un diputado lee, otro también, y nadie escucha.

La imputación de Zapatero marcó un nuevo momento en el Congreso, tal como describió Cayetana. Por primera vez desde las últimas generales, el PP no ve beneficios en un adelanto electoral.

Si Sánchez hace coincidir las generales con las municipales en mayo de 2027, el PSOE perderá Moncloa, los alcaldes y todo lo demás: «Obliguen a los alcaldes a pedir el voto para una trama criminal».

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