Ante la amenaza de guerra comercial con China, ¿cómo puede la UE proteger sus intereses?

The EU-China summit, July 2025, Beijing, China.

La Comisión Europea está evaluando diversas medidas para proteger al bloque de las importaciones chinas económicas, incluyendo la reducción de la dependencia en componentes chinos y la aplicación de aranceles en sectores estratégicos.

Con la creciente presencia de productos fabricados en China inundando el mercado de la UE y poniendo en riesgo miles de empleos, la Comisión Europea intensifica sus esfuerzos para resguardar la producción del bloque frente a los peligros derivados del exceso de oferta china.

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Esta iniciativa surge tras datos aduaneros chinos que reflejan un superávit de $113 mil millones con los 27 países de la UE en los primeros cuatro meses de 2026, frente a los $91 mil millones del mismo período en 2025. El excedente creció en $22 mil millones en 12 meses, mientras que el déficit comercial de la UE con China alcanzó €359.9 mil millones en 2025.

La presión también aumenta sobre Bruselas debido a las amenazas recientes de represalias por parte de Beijing, en respuesta a varias leyes europeas que restringen el acceso de empresas chinas al mercado único.

Además, el pasado viernes China prohibió a estas compañías interactuar con la Comisión en investigaciones sobre subsidios extranjeros en la UE.

Para abordar estos desafíos y restaurar la equidad en el comercio, los comisarios europeos debatirán la cuestión el 29 de mayo. ¿Qué alternativas se consideran en Europa?

1. Reducir la dependencia de componentes chinos

Según reportó Financial Times el lunes, la Comisión Europea trabaja en un plan que exigiría a las empresas de la UE adquirir componentes críticos de al menos tres proveedores diferentes.

La propuesta contemplaría establecer límites de entre 30% y 40% para compras a un solo proveedor, obligando a diversificar el resto de la adquisición con otros tres proveedores, provenientes de diferentes países.

Este planteamiento sigue a las restricciones impuestas por China el año pasado sobre la exportación de tierras raras y chips, esenciales para sectores clave en la UE como tecnología verde, automoción y defensa.

2. Imponer aranceles en sectores estratégicos

En su estrategia de seguridad económica presentada en diciembre, la Comisión anunció que introduciría nuevas herramientas antes de septiembre de 2026, destinadas a reforzar la protección de la industria europea contra políticas comerciales desleales y el exceso de capacidad.

“Defenderemos con determinación cada empleo europeo, cada empresa, cada sector abierto si observamos un trato injusto,” dijo el Comisario de Comercio de la UE, Maroš Šefčovič, a Euronews.

Ya en abril, países de la UE y el Parlamento Europeo consensuaron la imposición de nuevos cupos y el doble de aranceles a las importaciones globales de acero, sector dominado por la sobrecapacidad china.

Actualmente, la industria química europea está bajo la lupa. Las importaciones provenientes de China han aumentado un 81% en cinco años. Sin embargo, el sector químico de la UE también depende significativamente de las exportaciones, incluyendo a China como su cuarto mercado de destino, lo que complica cualquier medida dirigida contra este país.

“Siendo una industria orientada a la exportación, más del 30% de las ventas del sector químico europeo provienen del exterior, lo que expone a riesgos de represalias de terceros países,” explicó Philipp Sauer, experto en comercio de Cefic, el grupo representativo de la industria química en Europa, a Euronews.

3. Aplicar gravámenes antidumping o antisubsidios

La Comisión puede imponer aranceles a empresas chinas si los precios de importación son inferiores a los precios internos en China. También puede investigar si estas empresas reciben subsidios injustos.

No obstante, dichos procesos pueden extenderse hasta 18 meses y el DG Trade de la Comisión, con unos 140 funcionarios, enfrenta una acumulación considerable de casos.

Sauer mencionó que entre un tercio y la mitad de las investigaciones activas están relacionadas con el sector químico.

4. Emplear el Instrumento de Anti-Coacción

Este instrumento es una medida de último recurso, una suerte de “bazuca comercial”, que permite al bloque responder a presiones económicas de terceros países imponiendo medidas contundentes como la restricción de licencias o la exclusión en contrataciones públicas.

Su activación requiere el respaldo de una mayoría cualificada entre los estados miembros, lo cual no está garantizado.

Alemania se opuso a los aranceles aplicados en 2024 contra vehículos eléctricos chinos, y el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, quien ha visitado China cuatro veces en tres años, también apoya un acercamiento que asegure inversiones significativas chinas.

5. Unificar a los estados miembros

Simultáneamente, Bruselas enfrenta el riesgo de una resistencia considerable a la estrategia de desvinculación por parte de los gobiernos nacionales. La división entre los estados miembros respecto a la política hacia China brinda oportunidades para que Beijing juegue un papel diplomático fragmentando a Europa.

Estas discrepancias ya son visibles en el sector de tecnologías de la información y comunicaciones (TIC), donde la UE ha sugerido un mecanismo que exige eliminar progresivamente a proveedores considerados de alto riesgo, como Huawei y ZTE, empezando por telecomunicaciones.

Esta propuesta, incluida en la actualización de la Ley de Ciberseguridad de la UE, provoca controversia en varios gobiernos europeos, especialmente en España y Alemania, que llevan años trabajando con equipamiento chino integrado profundamente en su infraestructura digital.

Dicha estrategia de reducción de riesgos también genera inquietudes financieras, ya que los proveedores chinos suelen ser más baratos que alternativas europeas como Ericsson y Nokia, parcialmente debido a los subsidios estatales de Beijing.

Los operadores europeos han solicitado compensación económica para reemplazar el equipo chino, siguiendo el ejemplo del programa estadounidense “rip and replace”, pero ni la UE ni los gobiernos nacionales parecen dispuestos a financiarlo.

En definitiva, la desvinculación total de Europa respecto a China podría acarrear elevados costes políticos y económicos.

Queda por ver si los países europeos están preparados para asumirlos.

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