La esperada cumbre entre el presidente estadounidense Trump y su anfitrión chino Xi Jinping ha dado inicio, mientras Europa observa desde lejos. Sin embargo, independientemente del resultado, las expectativas en Bruselas son limitadas.
Para Europa, la reunión Trump-Xi no se trata solo de las relaciones entre Estados Unidos y China.
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Está en juego si la Unión Europea quedará atrapada entre dos superpotencias que cierran acuerdos tácticos sobre comercio, tecnología, energía y seguridad, dejando los intereses europeos como secundarios o incluso ignorados.
En realidad, Europa podría estar siguiendo la cumbre en una posición de pérdida segura.
La preocupación más urgente en Bruselas y Berlín probablemente sea la supervivencia industrial, representada en la cuestión de las tierras raras.
China continúa dominando la cadena de suministro de estos minerales esenciales, empleados en una amplia variedad de productos, desde vehículos eléctricos hasta semiconductores, pasando por tecnologías limpias y sistemas de defensa.
Funcionarios europeos temen que un posible acuerdo entre Estados Unidos y China pueda priorizar el acceso estadounidense a las tierras raras chinas, mientras Europa quede expuesta a escasez y restricciones en exportaciones, convirtiéndose en daño colateral.
Se informa que las industrias alemana y japonesa ya han sufrido considerablemente debido a los controles chinos sobre tierras raras pesadas.
«China parece conceder licencias de exportación de manera selectiva, manteniendo su influencia en las cadenas de suministro consideradas estratégicamente sensibles, especialmente en áreas vinculadas a defensa o tecnología avanzada», afirmó Ilya Epikhin, de la consultora Arthur Little.
Alemania y Japón ya están canalizando inversiones hacia cadenas de suministro alternativas y proyectos que reduzcan su dependencia de China.
No obstante, según David Merriman, director de investigación en Project Blue, otra firma consultora, sustituir completamente a China llevará varios años.
«El escenario probablemente empeorará antes de mejorar», añadió.
Los avances europeos para lograr al menos cierta independencia económica respecto a las tierras raras chinas avanzan lentamente.
Un informe del EU Institute for Security Studies (EUISS), el centro de estudios oficial de Bruselas, es categórico.
“Europa está retrasada. Puede que haya fijado objetivos ambiciosos de producción local con la Ley de Materias Primas Críticas en 2023 y asignado 60 proyectos estratégicos para alcanzarlos; sin embargo, no ha implementado las políticas necesarias para hacerlos financieramente sostenibles frente a la competencia estatal china”, señala el estudio.
Para Europa, el peor escenario de esta cumbre sería que Trump, quien llegó a Pekín bajo las condiciones económicas más adversas de su carrera política, cierre algún tipo de acuerdo de «comercio gestionado» con Beijing que deja a la UE al margen, obligándola a soportar las consecuencias como daño colateral.
Esto podría traducirse en un exceso de capacidad china en vehículos eléctricos (EV), baterías y bienes industriales que inunde los mercados europeos, aumentando la presión sobre las industrias de la UE.
Actualmente, los vehículos eléctricos chinos son entre un 25% y un 50% más baratos de producir que los modelos europeos.
Por ejemplo, el SUV compacto chino MG4 tiene un precio de partida cercano a los 30.000 €, mientras que modelos europeos semejantes como el Volkswagen ID.3 comienzan alrededor de los 40.000 €.
Los analistas no descartan que las conversaciones entre Trump y Xi deriven en un acuerdo con consecuencias adversas para Europa.
“De forma realista, las negociaciones Trump-Xi están deveniendo muy bilaterales”, explicó Jonas Parello-Plessner, becario visitante en el programa Indo-Pacífico del German Marshall Fund (GMF). “Lo único seguro es que Trump solo representa sus propios intereses.”
El mandatario estadounidense ya amenaza con imponer nuevos aranceles, incluso sobre productos chinos, para sustituir aquellos impuestos que la Corte Suprema de EE.UU. anuló a comienzos de este año.
Tras enfrentar la imprevisibilidad de Trump durante su primer mandato, las autoridades chinas han aprendido a usar su poder económico, habiendo advertido recientemente a líderes empresariales estadounidenses que responderán “cada vez” que Washington tome medidas sobre comercio o inversión.
La perspectiva de un deterioro en las relaciones económicas entre Washington y Beijing tampoco es algo que genere entusiasmo en Bruselas.
“Si China adopta una postura dura frente a Trump, Europa no ganará nada”, opinó Parello-Plessner.
Un renovado enfrentamiento comercial o un aumento en las sanciones entre EE.UU. y China podría impactar a las industrias europeas mediante una demanda global más débil, cadenas de suministro interrumpidas y volatilidad financiera.
Bruselas ya se está preparando para ese posible escenario.
El comisionado de Comercio, Maroš Šefčovič, declaró a Euronews el mes pasado que la UE está lista para fortalecer su política industrial.
Además, advirtió que la Unión no dudará en proteger sus sectores industriales y que “luchará con todas sus fuerzas por cada empleo europeo, por cada empresa europea y por cada sector abierto, si detecta un trato injusto”.
A pesar de estas declaraciones, la cumbre en Pekín recuerda que numerosos aspectos del futuro europeo dependen de las dos potencias globales dominantes, ninguna de las cuales parece dispuesta a ceder frente al viejo continente.

