Australia avanza hacia la eliminación del cáncer de cuello uterino en la primera nación a nivel mundial

Karen Canfell

Fuente de la imagen, Universidad de Sídney

    • Autor, Tabby Wilson
    • Título del autor, BBC News, Sídney, Australia
  • Fecha de publicación 40 minutos
  • Tiempo de lectura: 8 min

Seis meses después del nacimiento de su primera hija, tras años intentando concebir, a Chrissy Walters le comunicaron que probablemente su hija crecería sin ella.

Walters sufrió una hemorragia grave en su hogar de Toowoomba, una localidad situada a dos horas de Brisbane, en el este de Australia.

Luego de varios ingresos hospitalarios, consultas médicas y biopsias, le diagnosticaron un cáncer avanzado de cuello uterino siendo ella de 39 años.

«Solo le dije a [mi esposo] Neil que debía haber habido algún error enorme», rememora Walters.

Durante más de diez años ha recibido tratamientos muy invasivos y debilitantes, aunque el cáncer se ha propagado a otras zonas de su organismo. Los médicos la consideran con diagnóstico terminal en la actualidad.

«Nunca desearía esto ni a la persona que menos quiero», afirma.

Su hija, actualmente de 12 años, ha convivido desde siempre con esta enfermedad. Walters comenta que la familia ya hablaba abiertamente sobre la muerte cuando la pequeña apenas tenía tres años.

Pero en 2026 su hija estará en la edad en la cual Australia inicia la vacunación para intentar erradicar la enfermedad que, con el tiempo, causará la muerte de su madre.

El país avanza con éxito para alcanzar este objetivo en una década, disputándose con otras naciones ser el primero del mundo en eliminar esta clase de cáncer.

Chrissy Walters y su hija Mia

Fuente de la imagen, Nathan Morris/Corporación Australiana de Radiodifusión

Un método doble para la eliminación

Es una imagen habitual para muchos que han asistido a escuelas australianas: una extensa fila de alumnos inquietos de 12 y 13 años sentándose en sillas de plástico uno tras otro, mientras una enfermera les tranquiliza asegurándoles que la punzada será breve.

Pocos minutos después vuelven al aula, mostrando una tirita redonda en la parte superior del brazo.

Como parte del Programa Nacional de Inmunización, los escolares reciben tres vacunas, incluyendo la del virus del papiloma humano (VPH).

Aunque el VPH suele ser asintomático y puede desaparecer sin intervención, ciertos tipos de alto riesgo pueden derivar en cáncer cervical, el cuarto cáncer más frecuente en mujeres a nivel mundial.

Afortunadamente, este es uno de los pocos cánceres prevenibles mediante vacunación.

La profesora Karen Canfell, una autoridad mundial en control de cáncer cervical, ha observado el impacto de esta enfermedad dentro y fuera de Australia.

La epidemióloga comenta a la BBC que parece que “casi todo el mundo tiene una madre, una hermana o una abuela afectada por cáncer de cuello uterino”.

En 2006, en un laboratorio de la Universidad de Queensland, se consiguió un progreso revolucionario.

Después de décadas de investigación, los científicos australianos desarrollaron Gardasil, la primera vacuna aprobada capaz de prevenir el VPH.

Un año más tarde, Australia se convirtió en pionera al iniciar un programa nacional de vacunación contra este virus.

El profesor Ian Frazer, con guantes, haciendo una prueba en un laboratorio

Fuente de la imagen, Getty Images

Esta vacuna abrió la esperanza para los expertos en salud mundial de que un futuro sin este cáncer es posible, con modelos creados por Canfell y la Organización Mundial de la Salud (OMS) que señalaron la ruta hacia su eliminación.

«Las innovaciones en salud pública en Australia sirvieron, de alguna forma, como un ejemplo para la OMS», comenta Canfell.

Además de su extenso programa de vacunación, que en 2013 se amplió a los niños ya que pueden transmitir el virus, Australia cuenta con un programa de tamizaje eficaz.

En 2017, fue uno de los primeros países en sustituir la citología vaginal por un cribado cervical más sensible centrado en el VPH, requerido apenas cada cinco años.

Fue pionera también en permitir a las mujeres recolectar su propia muestra, lo que el gobierno considera «revolucionario», especialmente para quienes se sienten incómodas con los exámenes pélvicos o enfrentan dificultades de horario o acceso a la atención médica.

¿Está Australia avanzando adecuadamente?

Desde un punto de vista práctico, erradicar el cáncer de cuello uterino como un problema de salud pública en Australia significa alcanzar menos de cuatro casos por 100.000 habitantes, aunque no implica su desaparición total.

Un informe reciente indica que el país está en camino de cumplir su meta de eliminar este cáncer para 2035, con posibilidades de alcanzar la cifra incluso antes.

Desde que se iniciaron los registros en 1982, las tasas de incidencia y mortalidad han descendido en un 50%.

Lo más alentador es que, en 2021, por primera vez no se detectaron casos de cáncer cervical en mujeres menores de 25 años.

«No se aplica aún a todas las edades, pero es evidente que la eliminación está tomando forma», aseguró Canfell.

Actualmente, se reportan aproximadamente 6,3 nuevos casos por cada 100.000 mujeres.

La tasa de vacunación en niñas menores de 15 años supera el 80%, y un 85% de las mujeres del grupo de mayor riesgo participa en la detección temprana del cáncer cervical.

No obstante, Canfell advierte que los datos muestran una leve caída en la cobertura vacunal, especialmente en comunidades aborígenes y de las islas del estrecho de Torres, que todavía enfrentan mayores obstáculos para acceder a la atención médica y peor pronóstico que el resto.

Las tasas de cáncer cervical son el doble en mujeres indígenas, y su mortalidad es más de tres veces superior.

«Frecuentemente, en estas mujeres se diagnostica el cáncer en etapas más avanzadas que en no indígenas», indica la doctora Natalie Strobel, epidemióloga especializada en prevención en comunidades originarias.

Estudiante de Nepal recibe la vacuna

Fuente de la imagen, Getty Images

Estudios estiman que si se mantiene la tendencia actual, el cáncer cervical se eliminará en mujeres indígenas y de las islas del estrecho de Torres 12 años después del plazo nacional establecido para 2035.

Strobel y su colega Jocelyn Jones también mencionan que la renuencia a vacunarse luego de la pandemia de covid-19, el aumento en costos médicos y la falta de asistencia escolar—lo que reduce oportunidades de vacunación— podrían obstaculizar la meta australiana.

«No hay un esfuerzo especial para reactivar la vacunación entre quienes la han perdido… gran parte de la responsabilidad recae en las familias», explica Jones, quien añade que muchas desconocen que la vacuna es gratuita.

El precio también representa un obstáculo para que naciones con ingresos bajos y medios repliquen el éxito australiano, debido a la falta de recursos o sistemas sanitarios adecuados, según los expertos.

Canfell y su equipo han intentado persuadir a los gobiernos de que eliminar el cáncer cervical es una inversión rentable que genera ahorros a largo plazo.

Además de salvar vidas y lograr un considerable impacto social, las mujeres pueden permanecer activas laboralmente y aumentar la productividad económica.

«Aunque suene frío, hay evidencias de retorno de inversión», afirma Canfell.

Australia, con fondos públicos y filantrópicos, apoya a sus países vecinos como Vanuatu y Papúa Nueva Guinea para que también logren esta eliminación.

Sin embargo, la reducción global en la ayuda internacional para vacunación contra el VPH ha impactado fuertemente.

En marzo de 2025, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció el cese del apoyo a Gavi, una alianza que suministra vacunas esenciales a países en desarrollo.

«Obviamente, tenemos la suerte de vivir en un país de altos ingresos con un sistema universal de salud y acceso garantizado», señala Canfell.

Vacunas en Nepal

Fuente de la imagen, Getty Images

Impacto a nivel mundial

Walters describe su lucha contra el cáncer de cuello uterino como «un empleo a tiempo completo», aunque muy costoso.

Citas médicas interminables, efectos secundarios que parecen como si el cuerpo fuera «bombardeado como Chernóbil», fatiga causada por la constante lucha, y enorme presión económica a pesar del sistema de salud universal en Australia.

Sin embargo, guarda una gran esperanza de que pronto su tragedia sea cosa del pasado.

«Se está generando una suerte de «carrera amistosa», casi competencia, entre países para ver quién logra la eliminación primero», explica Canfell.

Suecia y Ruanda se han propuesto como meta ambiciosa erradicar el cáncer cervical para 2027, implementando programas acelerados de vacunación y detección, aunque ambos países aún están detrás de los objetivos principales.

Reino Unido busca eliminarlo para 2040, pero enfrenta desafíos semejantes: la cobertura de vacunación contra VPH y los tamizajes han disminuido en años recientes.

Canfell resalta que, pese a ejemplos exitosos en combatir enfermedades infecciosas como el VIH, el abordaje del cáncer cervical ha sido único y representa un esfuerzo genuinamente global.

«Es la primera vez que la OMS declara mundialmente la intención de eliminar un cáncer», enfatiza Canfell.

«Realmente, es un concepto novedoso respecto al cáncer».

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