Oportunidades comerciales de Trump en Cuba: hotel y campo de golf planeados antes de su presidencia y las sanciones contra la isla

Peatones caminan frente al Hotel Habana Libre, anteriormente el Habana Hilton, en La Habana el 2 de febrero de 2026.

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    • Título del autor, BBC News Mundo
  • Fecha de publicación 13 mayo 2026
  • Tiempo de lectura: 8 min

La cuestión sobre qué intenta lograr Donald Trump en Cuba ha ganado protagonismo desde que, como presidente de Estados Unidos, se atribuyó el poder de «hacer lo que quiera» con la isla.

«Ya sea liberarla, apoderarme de ella —creo que podré actuar a voluntad, para ser franca—. Se trata de un país con graves debilidades», afirmó Trump en marzo.

A principios de este mes remarcó que podría controlar Cuba «casi de inmediato». Y esta semana insistió en que es «un país fracasado y que sólo toma una dirección: ¡hacia abajo!».

«Cuba está solicitando ayuda, ¡y vamos a conversar!!!», declaró Trump en un mensaje difundido en su red Truth Social este martes.

Como en otras oportunidades, el mandatario no detalló qué es exactamente lo que busca en la isla.

Algunos creen que su objetivo es derrocar al gobierno comunista que Cuba sostiene desde hace más de seis décadas, una antigua meta de Washington.

Otros sospechan que busca solo reemplazar a los líderes cubanos sin modificar sustancialmente al régimen actual, pero bajo su control, abriendo oportunidades para negocios estadounidenses, tal como procedió en Venezuela desde enero.

Si Trump cuenta con un plan concreto para Cuba, éste sigue siendo un misterio, incluso mientras ejerce presión máxima contra el país, bloqueando el suministro de petróleo y agravando su grave crisis interna.

Por otro lado, es claro que desde hace años Trump ha contemplado posibles oportunidades comerciales en Cuba, a pesar del embargo estadounidense.

Lo hizo en secreto como empresario inmobiliario, mucho antes de asumir la presidencia y declararse con poder absoluto sobre la isla.

De hecho, su compañía llegó a registrar la marca «TRUMP» en Cuba para potenciales negocios en distintos sectores, según documentos divulgados por la Casa Blanca.

«No hay duda de que el señor Trump mostró un gran interés en la posibilidad de colocar la marca Trump en un hotel cubano, o incluso tal vez ser dueño de campos de golf en Cuba», explica William LeoGrande, profesor de American University en Washington y experto en la política de EE.UU. hacia América Latina, en conversación con BBC Mundo.

Aunque ninguno de esos proyectos se concretó hasta la fecha, el propio Trump había dejado abierta hace un tiempo la posibilidad de llevarlos adelante «en el momento adecuado».

Un automóvil clásico estacionado cerca del hotel Iberostar Parque Central en La Habana, Cuba, en marzo.

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Un viaje relevante

El primer acercamiento confirmado de una empresa de Trump hacia Cuba ocurrió en 1998.

Ese año, Trump Hotels & Casino Resorts envió confidencialmente consultores a La Habana para explorar posibilidades comerciales, según reveló Newsweek en 2016.

Basada en testimonios de exejecutivos de Trump y en documentos corporativos y judiciales, la publicación indicó que la empresa invirtió al menos US$68.000 en el viaje, que, según una fuente, incluyó reuniones entre representantes de Trump y funcionarios cubanos bajo el mandato de Fidel Castro.

Además, con el conocimiento de Trump, esos fondos fueron manejados vía la consultora estadounidense Seven Arrows Investment & Development Corp., que recomendó vincularlos a una organización católica de beneficencia para legitimar la operación en el marco del embargo.

La información emergió poco antes de las primeras elecciones presidenciales ganadas por Trump, quien respondió rápidamente: «Nunca hice negocios en Cuba. Nunca cerré trato alguno en Cuba», afirmó.

Por su parte, su portavoz Kellyanne Conway indicó a ABC que entendía que en 1998 «pagaron dinero», pero negó que Trump hubiera invertido directamente en Cuba.

Donald Trump durante un evento en 1998

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Estas revelaciones, ocurridas en plena campaña electoral, provocaron que los rivales políticos acusaran a Trump de violar el embargo vigente por décadas en Cuba, pese a su oposición a la apertura que impulsó el presidente Barack Obama.

Robert Muse, abogado en Washington especializado en sanciones a Cuba, explica que legalmente «en 1998 habría sido imprescindible contar con una licencia específica para autorizar el viaje» a la isla.

«Y la OFAC (Oficina de Control de Activos Extranjeros del Departamento del Tesoro de EE.UU.) no habría otorgado esa licencia si el propósito era evaluar oportunidades comerciales o de inversión en Cuba», comenta Muse a BBC Mundo.

«Un potencial evidente»

Hasta la revolución de 1959, Cuba representaba un destino especial para los turistas e inversores estadounidenses, especialmente en hotelería, casinos y clubes nocturnos.

Sin embargo, tras la llegada de Castro al poder, el gobierno nacionalizó las empresas extranjeras ubicadas en la isla, incluyendo los hoteles propiedad de estadounidenses.

Un símbolo de ese cambio del capitalismo al socialismo es el antiguo hotel Habana Hilton, una torre de gran tamaño construida por la cadena estadounidense Hilton en La Habana poco antes de la revolución: en 1960, el nuevo gobierno tomó control de ese hotel, lo convirtió en su sede provisional y lo renombró como Habana Libre.

Los presidentes Barack Obama y Raúl Castro sonríen sentados en La Habana junto a las banderas de EE.UU. y Cuba, durante el proceso de normalización de relaciones bilaterales en 2016.

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A pesar de ese contexto histórico y la confrontación que persistió entre Cuba y Estados Unidos durante muchos años, existen indicios de que Trump continuó interesado en el potencial para hacer negocios en la isla en tiempos más recientes.

El registro de la marca TRUMP en Cuba durante este siglo para posibles actividades inmobiliarias, hoteleras, gastronómicas, servicios de clubes nocturnos, entretenimiento y deportes, consta en una declaración financiera del presidente publicada por la Casa Blanca en 2025.

Es un procedimiento que las empresas Trump han llevado a cabo en múltiples países alrededor del planeta.

Según la Oficina Cubana de la Propiedad Industrial, la solicitud del registro de la marca a nombre de Trump fue presentada en octubre de 2008 por la abogada cubana Leticia Bermúdez, siendo aprobada en 2010 con fecha de expiración estipulada para octubre de 2018.

Captura de pantalla del sitio en internet de la Oficina Cubana de la Propiedad Industrial donde figura la marca TRUMP como registrada en 2010 e invalidada más tarde.

Fuente de la imagen, Oficina Cubana de la Propiedad Industrial

Actualmente, el estado legal de la marca indica que fue «invalidada».

Ejecutivos y asesores de la Organización Trump también realizaron varias visitas a Cuba entre 2011 y principios de 2013, según reportes de Bloomberg en 2016.

Edward Russo, entonces asesor ambiental de Trump en negocios vinculados con sus campos de golf, negó para ese medio que esos viajes se hayan efectuado en nombre de la organización y comentó que incluían observación de aves y estudio de «hábitats».

Sin embargo, Eric Trump, hijo del entonces presidente estadounidense, pareció dar a entender que la intención era distinta.

«Aunque no estamos seguros de que Cuba sea una oportunidad para nosotros, es vital comprender la dinámica de los mercados que exploran nuestros competidores», dijo en una declaración como vicepresidente ejecutivo de la Organización Trump.

Las fechas de estos viajes coinciden con la etapa previa al deshielo entre Washington y La Habana bajo la administración Obama, que abrió puertas a los negocios en Cuba.

Muse explica que «en 2011 y 2012 existía una licencia general para realizar investigaciones profesionales en Cuba, pero estas debían ser de índole académica y no comercial».

El logotipo de la Organización Trump en la pantalla de un teléfono.

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No se conoce con certeza durante cuánto tiempo Trump consideró a Cuba como un lugar para potenciales negocios propios.

Cuando en marzo de 2016 un periodista de CNN le preguntó si abriría un hotel en La Habana, Trump respondió: «Lo haría, en el momento adecuado, cuando nos sea permitido. Ahora mismo no es posible».

«Creo que Cuba tiene un potencial claro y que su integración es positiva, pero debe alcanzarse un acuerdo mucho mejor», declaró al referirse a la normalización negociada por Obama.

Sin embargo, poco después de ser electo presidente ese año, un líder de una empresa turística española con inversiones en Cuba afirmó: «Trump, hasta hace poco, ha intentado negociar hoteles que quería tener en Cuba».

«No hace más de seis meses», agregó Miguel Fluxà, presidente del Grupo Iberostar, según reportó el diario ABC de España el 1 de diciembre de 2016.

«Una isla hermosa»

Antes de asumir la presidencia, Trump manifestó que sus negocios pasarían a un fideicomiso administrado por sus hijos; sin embargo, muchos ven esto como insuficiente para evitar conflictos de interés.

BBC Mundo consultó a la Organización Trump sobre el interés vigente en futuros proyectos empresariales en Cuba, pero no obtuvo respuesta hasta la publicación de este texto.

Personas hacen fila para conseguir agua en un camión cisterna en el barrio La Habana Vieja de La Habana, Cuba, en marzo.

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Minutos antes de aludir a la opción de «tomar» Cuba el 16 de marzo, Trump habló sobre las ventajas turísticas del país.

«Cuba, en su estilo, el turismo y todo lo demás, es una isla hermosa: un clima excelente», declaró ante periodistas.

Tampoco está claro cuánto pesa la visión empresarial de Trump en la política adoptada hacia ese país.

El profesor LeoGrande, especialista en las relaciones Cuba-Estados Unidos, considera que esto se esclarecerá en función de las demandas que Washington plantee a La Habana en las conversaciones que ambas partes han admitido llevar a cabo en secreto.

«Si EE.UU. se conformara con un acuerdo centrado principalmente o exclusivamente en concesiones económicas», analiza LeoGrande, «entonces sería posible afirmar con claridad que la trayectoria empresarial de Trump (…) y su interés en Cuba como oportunidad de negocio influyeron en el resultado».

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