Marc Cucurella y su refugio en un pueblo cercano a Barcelona con vinos de Denominación de Origen y butifarra a la brasa

Cucurella, con su pueblo. El futbolista internacional español mantiene viva su conexión con su lugar de origen, un mirador sobre el Mediterráneo que destaca por su diversa oferta gastronómica.

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Alella, el municipio costero del Maresme donde nació Marc Cucurella, se presenta como una escapada ideal a menos de treinta minutos de Barcelona, con viñas, historia y una culinaria que une productos del mar y la montaña.

En pocas calles se aprecia la fuerte identidad vinícola del lugar: la Denominación de Origen Alella, una de las más pequeñas y antiguas en España, domina el ámbito económico y cultural del pueblo, ofreciendo a sus visitantes vinos blancos con carácter, elaborados principalmente con la variedad autóctona pansa blanca.

Recorrer Alella es transitar por terrazas de viñedos que bajan hasta el Mediterráneo, salpicadas de bodegas familiares y cooperativas históricas; muchas de ellas abren sus puertas para catas, tours guiados y actividades de enoturismo que muestran todo el proceso de la vid, desde la cepa hasta la copa.

La DO Alella, con su producción concentrada y enfoque en la calidad, ha transformado el municipio en un destino frecuente para barceloneses que buscan planes de fin de semana centrados en la calma, el paisaje y el buen vino.

La gastronomía local se aprovecha de este entorno: restaurantes y braserías del pueblo combinan productos locales con recetas catalanas tradicionales, incluyendo platos contundentes como la butifarra a la brasa, arroces o propuestas marineras , que se armonizan perfectamente con los vinos blancos y rosados de la región.

Pequeñas tiendas gourmet y mercados complementan esta experiencia, ofreciendo aceite, embutidos y vinos artesanales que permiten llevar a casa un pedazo del Maresme.

Más allá de la comida

Alella no se limita a sus viñedos y gastronomía; su patrimonio arquitectónico añade un atractivo adicional.

En el casco histórico se conservan casas señoriales, portales de piedra y edificios de estilo modernista y noucentista, destacando la antigua cooperativa Alella Vinícola, un símbolo del legado industrial vinculado a la producción de vino.

La iglesia de Sant Feliu junto a varias masías y torres históricas completan un conjunto patrimonial que dialoga con restos arqueológicos que abarcan desde asentamientos íberos hasta vestigios romanos en la zona.

Para los aficionados a la naturaleza, Alella ofrece senderos por la Serralada Litoral y caminos entre viñedos que terminan en miradores con vistas al mar; las conexiones al Parc de la Serralada Litoral permiten combinar en un solo día caminatas, observación del paisaje mediterráneo y visitas a bodegas.

Esta unión entre costa, montaña y agricultura convierte al municipio en un lugar ideal para quienes buscan actividades al aire libre sin sacrificar gastronomía y cultura.

El calendario festivo local refuerza la identidad vinícola: la Festa de la Verema, que se celebra cada septiembre, reúne a residentes y visitantes en torno a la vendimia, con talleres, degustaciones y eventos populares que destacan la tradición agrícola del territorio.

Alella, el refugio de Cucurella, ofrece así un plan completo: enoturismo y catas por la mañana, un paseo por el casco antiguo y por la tarde una buena butifarra a la brasa acompañada de un vino de la DO, todo ello a un paso de Barcelona y con la serenidad de un pueblo que conserva, entre viñedos y mar, la esencia del Maresme.

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