Las claves
El Gobierno transformó la llegada del crucero MV Hondius, afectado por el hantavirus, en un evento de alcance mediático internacional con la participación de tres ministros y difusión global.
La maniobra pretendía desviar la atención de los asuntos de corrupción vinculados a Pedro Sánchez y su círculo, según señala la oposición.
El presidente ha incrementado su presencia internacional mediante viajes y grandes encuentros, como el periplo a China y la cumbre en Barcelona con líderes latinoamericanos.
Sánchez emplea su posicionamiento en asuntos internacionales, como el conflicto en Gaza y la resistencia al trumpismo, para fortalecer su imagen política tanto dentro como fuera de España.
«¡Luces, cámara y desembarco!» fue el lema que dio paso al despliegue mostrado por el Gobierno en el puerto de Granadilla (Tenerife) este domingo.
«El mundo entero nos observa», afirmaba la ministra de Sanidad, Mónica García, en una publicación en X. Y no le faltaba razón.
Lejos de un simple acto protocolario, el evento se planteó como una operación comunicativa global. Cámaras internacionales, transmisión en vivo y una narrativa minuciosamente diseñada convirtieron lo que podía haber sido una parada técnica en una noticia mediática.
El interés de Moncloa con el operativo en torno al MV Hondius no se limitaba a gestionar la crisis sanitaria, sino también a trasladar el foco hacia una narrativa más favorable para Pedro Sánchez en medio de las investigaciones por corrupción que afectan a su entorno.
Entre ellas, por ejemplo, el caso Koldo y las pesquisas que involucran a su esposa, Begoña Gómez, así como a su hermano músico, David Sánchez.
Este fin de semana se sumó además una nueva polémica.
Ningún ministro del Gobierno de Pedro Sánchez se desplazó a Huelva debido al funeral de los dos agentes de la Guardia Civil fallecidos este viernes en cumplimiento de su deber contra el narcotráfico.
Sí estuvo presente María Jesús Montero, que fue abucheada.
Por tanto, la llegada del MV Hondius se ajusta a una dinámica habitual en Moncloa: convertir crisis con repercusión internacional en una escenificación de gran envergadura, con hasta tres ministros en el lugar y la celebración de hasta tres ruedas de prensa en un solo día.
Viajes y cumbres
Dentro de esta estrategia de gestos significativos y proyección externa, uno de los momentos más relevantes fue la reciente visita de Pedro Sánchez a China.
Desde la perspectiva del Gobierno, la estancia en Pekín tenía un objetivo estratégico: fortalecer los vínculos comerciales, buscar soluciones ante la tensión en Asia y consolidar a España como un socio destacado dentro de la Unión Europea.
No obstante, la oposición lo interpreta de otra manera: como un capítulo más en una campaña constante de autopromoción.
Según la oposición, con sus frecuentes desplazamientos a China, el presidente «se aleja cada vez más de nuestros socios europeos y de la OTAN».
«En su relación especial con China», critican fuentes del PP, Sánchez «emula a su predecesor, José Luis Rodríguez Zapatero, quien es claramente el hombre de China en España y en Hispanoamérica«.
En esta línea se inscribe también el gran evento que tuvo lugar hace dos semanas en Barcelona, donde Sánchez compartió escenario con el presidente de Brasil, Lula da Silva, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, y el presidente de Colombia, Gustavo Petro.
El Gobierno presentó ese acto como parte de una política de alianzas con fuerzas de izquierda en América Latina.
La oposición, en cambio, lo calificó como un «show político» de tres días, con desfiles de jefes de Estado, discursos grandilocuentes y escaso contenido.
En resumidas cuentas, Sánchez ya no gobierna solo desde La Moncloa, sino desde una constante campaña de proyección exterior.
Líder contra el trumpismo
Tras el estallido del conflicto en Oriente Próximo, Sánchez prohibió a Estados Unidos el uso de bases militares españolas. Rechazó suministrar combustible a buques estadounidenses. No autorizó el uso de su espacio aéreo por parte de EEUU, llegando incluso a cerrarlo temporalmente. Además, expresó públicamente: «No a la guerra».
Desde entonces, el presidente se ha situado como un referente constante en la oposición al trumpismo.
Sus críticos no cuestionan que ese rechazo pueda ser un eje válido en política exterior, pero sí critican cómo Sánchez ha convertido esa postura en un recurso para la política interna.
Siempre que el presidente responde a Donald Trump o a líderes de extrema derecha, Moncloa se esfuerza en presentar ese mensaje como un liderazgo moral.
En los últimos meses, Pedro Sánchez ha adoptado además una posición muy crítica contra Israel, debido al conflicto en Gaza y su intervención en Irán.
Una de las manifestaciones más recientes de ese distanciamiento se verá en Eurovisión este fin de semana, donde España no participará por primera vez, debido a la presencia de Israel.
La oposición interpreta esto como una nueva muestra de que Sánchez busca situarse en el centro de todas las causas relevantes.
Por ello, todos estos escenarios —incluido el desembarco del MV Hondius en Tenerife este domingo— evidencian una estrategia comunicativa común: transformar sucesos de alto impacto internacional en plataformas para proyectar el relato político de Moncloa.

