Moncloa afronta un resto de legislatura turbulento con sus aliados «tomando distancia»: «Ahora llega el momento en que buscan razones para que voten a ellos y no a nosotros»

Aunque en ciertos momentos podía parecer que existía un romance, un sentimiento genuino, la realidad indica que siempre fueron vínculos basados en intereses. La relación respondía a un beneficio mutuo, favorable para ambas partes, pero al aproximarse la recta final de la legislatura, con apenas un año remanente, el afecto comienza a desvanecerse y emergen prioridades individuales.
La distancia expresada por el PNV esta semana —uno de los socios fundamentales— que pidió a Sánchez «respeto» si pretende presentarse «acompañado» en las elecciones, demuestra esta situación. Con el tiempo casi agotado, en el Gobierno reconocen que enfrentarán meses en los que los socios «se distanciarán».
«Ahora llega el momento en el que buscan argumentos para que el electorado les apoye a ellos y no a nosotros», comentan desde la dirección del Ejecutivo. «Todo va a volverse un poco más caótico». Esto añade otro obstáculo a un camino ya complicado, aunque en Moncloa no interpretan que haya llegado un código rojo: «La legislatura sigue siendo tan compleja como antes».
En la fórmula de Pedro Sánchez para asegurar su gobernabilidad, en julio de 2023 tuvo que incorporar un elemento que modificó tanto la forma como el fondo: Junts. Un partido con ADN conservador y dialogante —que ya formaba parte del PNV— y que complicó considerablemente la negociación.
Desde el inicio, Moncloa tuvo que afrontar un Congreso que, a diferencia de mandatos anteriores, no contaba con una mayoría progresista, sino con una mayoría conservadora. PP, Vox y Junts sumaban más escaños. Por eso, el discurso del Gobierno ha ido adaptándose a esta realidad. Se pasó del «solo existe una mayoría parlamentaria viable, una mayoría progresista encabezada por el PSOE» a «hay una mayoría que bloquea nuestro avance», transitando luego a hablar exclusivamente de «mayoría parlamentaria».
«Al principio de la legislatura, uno se ata a muchos socios, lo cual ya es un desafío importante. Sin embargo, con el paso del tiempo los grupos no permanecen en coalición con nosotros e tratan de distanciarse», analiza un alto cargo del Gobierno. Incluso Sumar, que sí comparte coalición con el PSOE, procura destacar y aprovechar temas como la vivienda o los derechos laborales para ganar protagonismo. Esa distancia se torna evidente y pública en la cuestión de la vivienda.
Las dificultades aumentan ante la intención de los partidos de llegar a las próximas elecciones con logros políticos para mostrar a su electorado, por lo que los negociadores del Ejecutivo comprenden que el coste de los apoyos incrementa, si es que no lo estaba ya. Surgen posturas más rígidas y exigentes.
«Es comprensible que se alejen», reconocen fuentes gubernamentales. «Un día les mandamos flores, otro una caja de bombones… a ver si así se puede llegar a algún acuerdo». Esa metáfora sobre la negociación diaria para cerrar pactos es utilizada por una persona del Gobierno que está involucrada directamente en esa tarea.
Por parte de los aliados, la percepción es distinta: «Resulta sorprendente que el Gobierno culpe sistemáticamente a los partidos de la incapacidad política para sacar adelante medidas». Durante estos años, el peso de los siete diputados de Carles Puigdemont ha condicionado muchas negociaciones, que estuvieron supeditadas a obtener su respaldo.
Este hecho, reiterado en el tiempo, ha generado tensión y malestar dentro de los partidos de izquierda, quienes consideran que en ocasiones se les ha otorgado un trato preferente. «Los votos de izquierda valen igual», ha sido una queja frecuente en formaciones como Podemos, ERC, Bildu, BNG. «Los equilibrios y mayorías son complejos», admite un ministro.
Este proceso de marcar distancias y enfatizar un perfil propio se intensifica con la competencia entre los aliados de Sánchez. ERC y Junts se observan recelosos; PNV y Bildu mantienen una vigilancia mutua; mientras Podemos y Sumar se controlan estrechamente.
En varias ocasiones, Moncloa ha debido hacer concesiones o guiños a un partido tras haberlos realizado previamente a su competidor. «Si uno cede a unos, al final también debe hacerlo con los otros».
En el Ejecutivo perciben que esta dinámica de definir identidades propias está ya consolidada y no solamente se limita a Podemos, PNV o Junts. «Quizás sea natural, pero nos inquieta la deriva en el Congreso. Se vota buscando derrotar al Gobierno… ¡Y aún faltan 14 meses para las elecciones!».
Por lo menos declarativamente, el mensaje se mantiene: las urnas llegarán en julio de 2027, con Sánchez como candidato. «Reflexiono, reflexiono, reflexiono y sinceramente creo que España necesita ocho años más de gobierno progresista», afirmó esta semana en el Congreso el presidente del Ejecutivo.
A pesar de todo, los socialistas resaltan su labor y el esfuerzo por alcanzar acuerdos con otros partidos, destacando que en esta legislatura han sacado adelante 62 iniciativas legislativas. «El balance revela que estamos logrando avances importantes», explican. «Han sido ocho años de gobierno complejos, en minoría, pero la paradoja es que hemos brindado estabilidad, con un gobierno maduro y eficaz, probado en múltiples crisis y con ganas de seguir adelante».

