En este enclave de Sopuerta, los representantes de los concejos se reunían inicialmente al aire libre, amparados simbólicamente por un roble, para discutir impuestos, normas y disputas que afectaban la vida cotidiana de toda la comarca
- La ruta literaria por los escenarios de El silencio de la ciudad blanca: descubre Vitoria-Gasteiz tras las investigaciones de Kraken
- El pueblo medieval fortificado más pequeño del País Vasco que ganó el Premio Mundial de Ciudades Amuralladas
La Casa de Juntas de Avellaneda sobresale como uno de los espacios históricos más representativos del norte de España, un sitio donde se tomaron decisiones cruciales durante la Edad Media y que conserva una de las escalas de caracol más antiguas registradas en Vizcaya.
Entre suaves colinas y vías secundarias, hay un lugar que a primera vista no destaca, pero que resguarda siglos de historia institucional. Sus muros de piedra, su aire fortificado y su disposición alrededor de una pequeña plaza sugieren que allí pasó algo más que la rutina habitual de un caserío. Por siglos, fue punto de reunión, escenario de decisiones colectivas y reflejo del poder local en un período marcado por la tradición y el debate público.
Un epicentro de poder en la Edad Media
Este es el caso de la Casa de Juntas de Avellaneda, ubicada en Sopuerta, en pleno corazón de Las Encartaciones. Este conjunto monumental fue el lugar donde se congregaban los representantes de los concejos para abordar los asuntos comunes de la comarca. La primera mención documental de estas reuniones data de 1394, aunque ya entonces se presumía que se realizaban desde mucho tiempo atrás, como parte de una tradición establecida.
Originalmente, estas asambleas tenían lugar al aire libre, bajo la protección simbólica de un roble, en encuentros multitudinarios que podían reunir a cientos de personas. Con el tiempo, el sistema cambió hacia una representación más limitada, con apoderados de los valles y concejos, lo que permitió trasladar los encuentros a espacios cubiertos. De esta manera surgieron las primeras edificaciones asociadas a esta función institucional.
Arquitectura, modificaciones y legado
El edificio actual es producto de diversas fases de construcción. La torre almenada, núcleo del conjunto, comenzó a edificarse a finales del siglo XVI y se concluyó en 1635, momento en que se instaló el escudo que todavía adorna su fachada. A su alrededor se añadieron otras dependencias como la casa del Teniente del Corregidor—actual sede de oficinas del museo—, la antigua cárcel y la Posada de los Junteros, ahora convertida en restaurante y erigida en el lugar donde existió una primera ermita, conformando así un espacio con funciones administrativas, judiciales y sociales.
Tras la disolución de estas juntas en 1806, el complejo quedó abandonado y casi en ruinas. No fue hasta el siglo XX cuando la Diputación Foral de Bizkaia promovió su restauración, iniciada en 1901 bajo la dirección del arquitecto provincial Antonio de Carlevaris. Las distintas intervenciones posteriores, especialmente la desarrollada entre 1942 y 1968 por Eugenio María de Aguinaga, moldearon la imagen actual, incluyendo una escalera de caracol, considerada una de las más antiguas documentadas en Euskadi. En la actualidad, el conjunto alberga el Museo de Las Encartaciones, que ofrece visitas gratuitas de martes a sábado de 10:00 a 14:00 y de 16:00 a 18:00, y domingos y festivos de 10:00 a 14:00, conservándose como un referente patrimonial y emotivo para la comarca.
El complejo está situado en el barrio de Avellaneda, dentro del municipio de Sopuerta, y dispone de un acceso cómodo por carretera. Se puede llegar desde Muskiz por la BI-270, atravesando el municipio, o desde Zalla a través de la BI-3602, tomando el desvío en Otxaran hacia Avellaneda, donde el complejo se ubica junto a la vía principal.
- La ruta literaria por los escenarios de El silencio de la ciudad blanca: descubre Vitoria-Gasteiz tras las investigaciones de Kraken
- El pueblo medieval fortificado más pequeño del País Vasco que ganó el Premio Mundial de Ciudades Amuralladas
La Casa de Juntas de Avellaneda destaca como uno de los espacios históricos más emblemáticos del norte de España, un lugar donde se forjaron decisiones clave en la Edad Media y que aún conserva una de las primeras escaleras de caracol documentadas en Vizcaya.

