El experto indica que el descanso y la actividad hormonal inciden directamente en el estado de ánimo y la vitalidad

Hay días en los que el ánimo cambia sin razón aparente, caracterizados por un bajo nivel de energía, un incremento de la sensibilidad y una mayor relevancia de cualquier estímulo menor. No siempre existe un motivo visible ni un evento específico que justifique ese cambio abrupto en la forma en que nos sentimos.
Frecuentemente, se busca una causa en factores externos: una discusión, un conflicto o una inquietud puntual. Pero la razón no siempre se halla en el exterior. En ocasiones, lo que sucede está vinculado a procesos internos que pasan inadvertidos en la rutina diaria.
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Las costumbres, los horarios y los hábitos diarios juegan un rol más relevante de lo que se percibe. La biología también determina cómo interpretamos el entorno y respondemos a él. Aunque muchas veces no seamos conscientes, el cuerpo sigue sus propios ritmos, y al alterarse, también se modifica nuestro equilibrio emocional.
El psicólogo Alberto Ramírez (@albertopsi.mentalmadrid en TikTok) centra su atención precisamente en esa dimensión menos evidente. “¿Te ha ocurrido que de repente te sientes mucho más sensible y no comprendes la causa? Lo más probable es que estés desregulado biológicamente”, aclara.
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El papel del descanso y el balance hormonal
Más allá de ser solo una cuestión mental, el especialista señala la relevancia de comprender el funcionamiento interno del cuerpo. Según Ramírez, “nuestros ritmos circadianos actúan como un reloj interno que regula cuándo dormimos, cuándo el organismo se prepara para el descanso y cuándo debe estar en estado de alerta”. Este mecanismo no opera aisladamente, sino que está estrechamente conectado con la actividad hormonal: “Este reloj se relaciona internamente con hormonas como el cortisol y la melatonina”.
La armonía entre ambas es fundamental. “Durante la mañana, el cortisol se incrementa para activarnos y por la noche la melatonina aumenta para facilitar el sueño”, explica. El inconveniente surge cuando este ritmo natural se ve interrumpido por “uso de pantallas hasta tarde, horarios desordenados, estrés constante o exposición a luz artificial durante la noche”.
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Las repercusiones de esta desregulación no son menores. Ramírez advierte que el impacto sucede directamente en el cerebro: “Cuando la cantidad o calidad del sueño es insuficiente, ocurren cambios significativos a nivel cerebral”. En particular, afecta dos regiones clave para manejar las emociones: “la amígdala, encargada de procesar el miedo y emociones intensas, se vuelve más reactiva, y la corteza prefrontal, responsable de regular las sensaciones, funciona de manera deficiente”.
Este desequilibrio produce alteraciones en el comportamiento y en la percepción emocional. “Más irritabilidad, mayor impulsividad, aumento de la ansiedad y menor capacidad para relativizar”, apunta el psicólogo. “No es cuestión de que el carácter empeore, sino que el sistema nervioso se encuentra más activado de lo habitual”.
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Algunas actitudes que mostramos pueden reflejar nuestro estado, según los psicólogos
Por lo tanto, el descanso adquiere un rol que trasciende la mera recuperación corporal. “Dormir bien no solo implica relajarse, sino brindar al cerebro la oportunidad de reorganizar emociones, consolidar recuerdos y disminuir la actividad fisiológica”, detalla Ramírez.
En un entorno donde los hábitos digitales, el ritmo acelerado de vida y la irregularidad horaria son cada vez más comunes, Ramírez propone una visión distinta sobre el bienestar emocional. “Para manejar mejor tus emociones, respeta tus ritmos biológicos, porque la regulación emocional no depende solo de la psicología, sino también de la fisiología. Si últimamente todo te afecta más, presta atención a la hora a la que te acuestas”.
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