María, hija de Pep Guardiola e influencer, destaca la influencia del fútbol y la dedicación de su padre en sus vidas

Pep Guardiola besa a su hija tras ganar una Premier League con el Manchester City. La hija del entrenador del Manchester City compartió varias anécdotas vividas junto a su padre, reconocido como uno de los entrenadores más destacados a nivel mundial.

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María Guardiola no es únicamente la descendiente de Pep Guardiola. Criada en diferentes ciudades, culturas y equipos de fútbol alrededor del mundo, ha construido una identidad propia que combina moda, compromiso social y una perspectiva global poco usual para alguien de su edad.

La joven, hija además de la empresaria Cristina Serra, ha vivido en ciudades como Barcelona, Roma, Nueva York, Múnich o Mánchester, y actualmente reside en Londres, donde continúa desarrollando su trayectoria profesional.

En su entrevista debut, concedida en enero a Vanity Fair, repasó su historia personal, el impacto del fútbol en su familia y las influencias que han moldeado su camino.

«El fútbol ha sido clave en buena parte de la trayectoria de nuestra familia. En muchos aspectos, mi familia y yo debemos nuestra vida y oportunidades a este deporte y, sin duda, al talento y pasión excepcionales de mi padre», admitió.

Desde la infancia, su existencia ha estado vinculada a la carrera de Pep Guardiola: «Mi padre ya jugaba cuando nací. Todos nuestros desplazamientos se orientaron en torno a su carrera, primero como futbolista y después como entrenador».

Pep Guardiola, junto con su hija María.

Pep Guardiola, junto con su hija María.

Los constantes viajes dejaron una marca imborrable, pero también momentos inolvidables: «Seguir a mi padre por todo el mundo para presenciar partidos creó recuerdos especiales y fortaleció los lazos familiares».

Su memoria ligada al fútbol también destaca hitos concretos: «¡Elegir solo uno es complicado! Pero sin dudas, la final de Champions Barça-Manchester United de 2009… y aquel clásico 2-6».

La personalidad de Guardiola

En el ámbito personal, reconoció compartir rasgos con su padre: «Mi padre y yo solemos bromear sobre cómo heredé su cabezonería. Cuando nos fijamos una meta, la perseguimos con determinación hasta lograrla».

La vida nómada constituye uno de los pilares de su carácter. «Nací en Barcelona y he vivido en Roma, Brescia, Catar, México, Nueva York, Múnich, Mánchester y actualmente en Londres. Me siento profundamente agradecida por todas esas experiencias», explicó a Vanity Fair.

Aunque también admitió que no siempre fue sencillo: «Mudanzas frecuentes me otorgaron una confianza en mí misma que difícilmente hubiera desarrollado a tan temprana edad».

Para mantener cierta estabilidad, se apoyaba en pequeñas rutinas: “En todos los lugares donde vivíamos, me inscribía a clases de patinaje sobre hielo, que solía practicar”.

La etapa vivida en Mánchester durante su adolescencia fue especialmente complicada: «Fue la transición más dura, porque en Múnich tenía excelentes amigos y tuve que empezar de cero».

También rememora el peso emocional que supuso abandonar Barcelona: «Para mí, Barcelona representa familia, fútbol, recuerdos maravillosos y pura felicidad».

No obstante, la mudanza a Nueva York respondió a una necesidad familiar: «Decidimos mudarnos para pasar más tiempo juntos como familia».

Radicada en Londres desde hace cinco años, María Guardiola se ha formado en Negocios de Moda y ha colaborado con marcas como Victoria Beckham o Helmut Lang. «Después de graduarme, trabajé en el retail de un club de fútbol, pero quería experimentar otras áreas», comentó.

Actualmente cursa un máster en Humanitarismo, Ayuda y Resolución de Conflictos, mientras continúa activa en proyectos sociales: «Sigo explorando mi camino».

Parte de su compromiso se canaliza mediante la Fundación Guardiola Sala, creada en homenaje a su abuela tras la pandemia. «Es muy satisfactorio observar la cantidad de personas a las que hemos apoyado», afirmó.

Su grado de participación varía según el lugar: «Cuando estoy en Barcelona, participo más activamente; y en Londres me encargo principalmente de gestionar nuestra presencia en redes sociales».

Pese a su visibilidad pública, rechazó definirse como influencer. «Me educaron para entender el privilegio de mis circunstancias y siempre he sabido que muchos no cuentan con las mismas oportunidades».

Esa conciencia ha guiado algunas de sus colaboraciones, como una reciente colección solidaria: «Destinamos el 50 por ciento a palestinos necesitados. Ver el efecto de esta iniciativa confirmó mi deseo de usar mi plataforma para fomentar un cambio positivo».

Su pasión por la moda

La moda forma parte inherente a su herencia familiar. «Mi madre y mi tía continuaron con la boutique de mi bisabuelo en Barcelona. Ella es muy estilosa e incluso influyó en la manera de vestir de mi padre».

De ahí brota su vocación: «Fue la pasión de mi madre por su trabajo lo que despertó mi interés por la moda. Si algún día lanzo una marca propia, ella será mi modelo a seguir».

De su madre, dice haber heredado «la seguridad y el sentido de independencia». Y de ambos progenitores, una filosofía de vida clara: «Mis padres siempre me han aconsejado encontrar aquello que me apasione.

Me animan a probar nuevas cosas, aceptar el fracaso y continuar buscando hasta descubrir mi verdadera vocación”. Una enseñanza que resume en una idea sencilla: «Al final, todo se reduce a sentirse amado».

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