La actriz ha perdido a su madre este lunes, 19 años después de la muerte de su padre, Ángel Sánchez-Gijón Martínez

La actriz Aitana Sánchez-Gijón atraviesa uno de los episodios más dolorosos de su vida tras la muerte de su madre, Fiorella De Angelis, quien jugó un papel fundamental tanto en su vida personal como en su crecimiento profesional. Según ¡Hola!, esta pérdida representa un duro golpe para la intérprete, que ya había sufrido la muerte de su padre, Ángel Sánchez-Gijón Martínez, en 2007.
La noticia ha impactado profundamente a su círculo más íntimo. La actriz, de 57 años, ha encontrado sostén en su familia, en especial en sus dos hijos, Bruna y Teo, que la han acompañado durante estos días marcados por el dolor. La despedida tuvo lugar en Madrid, en un marco de máxima discreción, respetando el carácter reservado de su familia.
El vínculo entre madre e hija fue siempre cercano y significativo. Fiorella De Angelis no solo brindó un apoyo constante en la vida de Aitana, sino que también actuó como un referente intelectual que influyó en su visión del mundo. Esta conexión se mostró públicamente en un momento crucial de la carrera de Sánchez-Gijón, cuando recibió el Premio Goya de Honor 2025. Desde el escenario, dedicó la distinción a su madre, presente en el público: “¿Lo mejor de recibir el Goya de Honor tan pronto? Poder dedicárselo a mi madre en vivo y en directo. Gracias por tanto, mamma”.
Esa imagen, acompañada por un abrazo lleno de emoción, se ha convertido en un recuerdo imborrable. Para ella, ese reconocimiento profesional está irremediablemente ligado a la figura de quien fue uno de los pilares fundamentales de su existencia.

Un legado cultural determinante
Originaria de Italia, Fiorella De Angelis llevó a España una arraigada tradición cultural que impregnó el ambiente familiar. Profesora de italiano y apasionada por las artes, creó junto a su esposo un hogar donde la literatura, el cine y el teatro ocupaban un espacio esencial. Este ambiente resultó clave en la formación de Aitana Sánchez-Gijón, quien creció inmersa en estímulos culturales que moldearon su vocación.
La huella de Fiorella fue tan profunda que incluso el nombre de la actriz tiene un origen ligado al arte. Nombrada en honor a la hija del poeta Rafael Alberti, amigo cercano de la familia, el nombre Aitana representa desde sus inicios una conexión permanente con la cultura que ha acompañado toda su carrera.
A lo largo del tiempo, la actriz ha rememorado en distintas ocasiones la influencia decisiva de su madre en sus primeros pasos en la actuación. Fue ella quien percibió su talento siendo apenas adolescente y quien la alentó a seguir una trayectoria profesional que no siempre es sencilla.
Incluso en etapas recientes, cuando su agenda estaba repleta por compromisos teatrales como La madre, la presencia de Fiorella permanecía como un sostén emocional. Esa relación representaba un refugio frente a la exposición pública y las demandas propias de la profesión.

Una despedida íntima
El último adiós se celebró en un entorno privado, alejado de las cámaras y el ruido mediático. Familiares y amigos cercanos estuvieron presentes en el tanatorio de Madrid, donde Sánchez-Gijón apareció visiblemente afectada, aunque siempre rodeada del apoyo de su círculo más próximo, incluyendo a su hermano Eloy.
A pesar del silencio y la privacidad, los mensajes de condolencia han surgido desde diversos sectores culturales. Colegas, directores y personalidades del teatro y cine han manifestado su respaldo a una de las actrices más respetadas dentro del panorama nacional.


