El exseleccionador español rememoró en el podcast ‘Offsiders’ los inicios en el banquillo junto al actual entrenador del PSG.
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Robert Moreno contaba con 35 años, una hipoteca y apenas tres meses de ahorros cuando Luis Enrique estuvo a punto de abandonar el banquillo para siempre.
En una charla reciente en el pódcast Offsiders, el actual técnico de 48 años rememoró uno de los periodos más vulnerables de su carrera, un momento en que su futuro laboral y personal dependía, literalmente, de una llamada telefónica.
Moreno sitúa el origen de aquella etapa en su salida de la Roma en 2012, donde trabajaba en el cuerpo técnico de Luis Enrique. Esa experiencia le brindó, por primera vez, un salario significativo en el fútbol profesional, pero el posterior parón le dejó sin ingresos fijos y con una hipoteca por abonar.
Durante la entrevista, explica que tras un tiempo sin equipo, hizo cálculos y comprobó que solo contaba con fondos para sostener su vida normal durante tres meses.
A pesar de ello, el equipo técnico continuaba reuniéndose para analizar partidos, debatir sobre fútbol y mantenerse en forma, mientras aguardaban la siguiente oportunidad. El problema era que dicha oportunidad no llegaba.
«Solo me quedaba dinero para cubrir la hipoteca tres meses más», confiesa, enfatizando que no se refiere a lujos ni grandes gastos, sino a lo básico: su vivienda y su familia. Esa tensión monetaria, admite, convivía con la lealtad a Luis Enrique y el deseo de continuar ligado a su proyecto.
El punto crucial se produjo una noche de mayo. Moreno relata que Luis Enrique reunió a su equipo para actualizarles la situación. Solo había surgido una oferta seria: el Celta de Vigo. Sin embargo, el asturiano no confiaba en que las negociaciones prosperaran.
Robert Moreno Europa Press
En ese entorno, pronunció una frase que paralizó a su asistente: «Solo tenía dinero para vivir tres meses y Luis Enrique me comunicó que pensaba dejar de entrenar». Según relata en el pódcast, el técnico transmitió que no veía solución a la situación y que valoraba retirarse de los banquillos.
Moreno recuerda que internamente pensó en su hogar y en sus finanzas, pero decidió concentrarse en el estado emocional de su jefe y amigo.
Explica que ante esa confesión solo podía ofrecer respaldo y demostrar que el grupo le apoyaría independientemente de la decisión que tomara. Esa combinación de preocupación personal y el esfuerzo por sostener al líder refleja bien la relación que mantenían en ese instante.
La llamada que lo cambió todo
Lo que sucedió después parece casi de guion. Durante una cena, según relata, Luis Enrique se levantó para atender una llamada. Era el Celta. Al regresar, su mensaje fue completamente opuesto al de minutos antes.
«Hemos firmado por el Celta», anunció. En cuestión de segundos, el escenario varió de una posible despedida del banquillo a un nuevo proyecto en Primera División.
Moreno señala que esa noticia fue para él un auténtico salvavidas. No solo mantenía unido al cuerpo técnico, sino que aseguraba estabilidad económica en un momento en que las reservas eran mínimas.
Resume ese giro como un rescate completo: de enfrentarse al abismo tres meses antes a firmar por un club de élite española y relanzar su carrera.
Con la perspectiva que otorgan los años, y pese al distanciamiento posterior tras su etapa en la selección española, Robert Moreno reconoce abiertamente que ese gesto de Luis Enrique le cambió la vida.
En Offsiders admite que su trayectoria no se comprende sin aquella decisión y sin la confianza que el asturiano depositó en él en momentos como Celta, Barcelona o la Roja.
El relato, lleno de detalles personales, muestra el lado menos glamuroso del fútbol profesional: detrás de los banquillos y las cámaras también hay entrenadores que deben calcular cómo llegar a fin de mes.
Moreno, quien hoy sigue intentando consolidarse en los banquillos después de salidas difíciles, se mira en aquel joven con solo tres meses de margen y entiende la magnitud con la que una llamada — y la voluntad de Luis Enrique de continuar — lo sostuvo cuando todo parecía derrumbarse.

