Profesor en Madrid encuentra una oferta de alquiler sorprendente: vivir en un convento con toque de queda por 800 euros mensuales

La joven llegó a la capital en enero desde Jaén y hasta ahora no ha conseguido hallar una habitación, por lo que considera regresar a su hogar y perder su plaza como maestra

Composición fotográfica de una monja mirando por la ventana junto a un anuncio de un teléfono móvil (Montaje Infobae)

Encontrar piso en algunas ciudades españolas resulta todo un desafío. La limitada cantidad de ofertas frente a una demanda elevada convierte la tarea de conseguir alojamiento en casi una quimera. Los anuncios en plataformas de alquiler desaparecen rápido debido al gran número de interesados, y quienes logran participar en entrevistas suelen enfrentarse a situaciones muy distintas a las prometidas, al punto de plantearse vivir en un convento, situado frente a una iglesia, compartiendo edificio con monjas de clausura.

Esto es lo que le ocurrió a Marcela (nombre ficticio), una profesora de 27 años que se trasladó en enero de 2026 a Madrid gracias a una bolsa de empleo que le otorgó una plaza para impartir inglés en un instituto de Carabanchel. Proveniente de Jaén (Andalucía), había residido con su familia en el barrio de Chamberí, pero al regresar ellos a Andalucía, comenzó la búsqueda de un nuevo piso.

“Vi el anuncio de un piso muy moderno y reformado. Necesitaba mudarme cuanto antes y en este ofrecían facilidades para entrar de inmediato. Parecía el piso perfecto”, relató la profesora a Infobae tras encontrar en Idealista el anuncio de una vivienda en el barrio madrileño de Gaztambide. La publicación mostraba un alojamiento reformado, con suelo de parquet, paredes blancas, electrodomésticos, camas y muebles nuevos: “Era ideal, por eso decidí apuntarme”.

Lo que Marcela desconocía era la ubicación real del inmueble, ya que las fotos sólo mostraban el interior y la descripción no mencionaba su emplazamiento. “Estaba entusiasmada porque era la primera visita. Al llegar, no vi ningún bloque. En la puerta encontré un cartel que decía ‘no somos monjas, no llames aquí’. Eso me sorprendió. No había acceso visible”, explicó.

Según la profesora, logró divisar un portón. La vivienda se ubica en un edificio de varios pisos frente a una iglesia, conectado por una pequeña escalinata: “Pregunté si era ese edificio, que parecía un convento, y me dijeron que arriba vivían monjas y que en la planta baja estaban reformando para alquilar habitaciones a chicas”.

La ministra de Vivienda y Agenda Urbana, Isabel Rodríguez, califica de «anomalía» el aumento de contratos de alquiler temporales inferiores a un año y defiende una regulación más integral del mercado para proteger a familias y estudiantes.

Toque de queda a partir de las 12:00 horas

En internet, la oferta de la habitación se presenta como un piso de dos dormitorios “ideal para el estudio, dado que da a un patio adjunto a la calle, desde donde entra mucha luz pero apenas ruido de coches o transeúntes” y está situado en “una de las zonas más solicitadas por estudiantes”.

El alquiler, destinado exclusivamente a mujeres de entre 18 y 33 años, tiene un coste de 720 euros mensuales. Asimismo, el anuncio indica que está prohibido fumar y que los gastos de suministros—85 euros—no están incluidos, por lo que el precio final asciende a 805 euros al mes.

Al llegar al lugar, la profesora descubrió condiciones no mencionadas en la publicación, como un toque de queda: “A las nueve cierra el portero la puerta. Proporcionan unas llaves para llegadas tardías, pero hay que considerar que a esa hora se cierra el portón”. Marcela también recordó que le informaron que no se permitía pernoctar a nadie en el piso “porque tuvieron una mala experiencia, vieron a un chico fumando sin camiseta y se escandalizaron. Dijeron que el lugar es para orar y buscan tranquilidad”.

Esta condición —incluida en el precontrato pero no en el anuncio— fue clave para que la joven decidiera rechazar la propuesta de alojamiento. “Soy andaluza y si alguien me visita debe buscar hotel porque no pueden quedarse a dormir conmigo, y las camas son individuales”, argumentó. Además, aunque el piso estaba renovado, las dimensiones no eran cómodas: “El baño era minúsculo, apenas se podía entrar a la ducha sin hacer malabares”.

Imágenes de la oferta de alquiler publicada en la plataforma Idealista (Idealista)

Sigue la búsqueda de vivienda

La joven andaluza comenta que lleva un mes buscando piso, calificándolo como “una odisea”. No solo la oferta del convento le pareció extraña. También visitó un piso en el barrio de Goya, donde la recibió “una señora de 80 años recién operada de los párpados y con heridas moradas” que quería compartir la vivienda y que le pidió que se quitara los zapatos para entrar.

Hasta ahora, la profesora ha visitado más de 10 pisos, estableciéndose un plazo de una semana para encontrar uno. Actualmente vive en casa de una amiga y ha contemplado buscar alojamiento fuera del centro de Madrid, aunque eso implicaría desplazamientos de hasta dos horas para llegar a su trabajo.

Asimismo, la joven ha considerado incluso volver a Jaén, pero sabe que si se marcha, al formar parte de una bolsa de empleo, no podría optar a otra llamada durante dos años. “El salario en Madrid es mucho mayor que en otras regiones y aporta experiencia y puntos que otras comunidades no ofrecen”, lamenta, aludiendo a la difícil situación que enfrentan muchos jóvenes que llegan a Madrid y encuentran complicada la tarea de asegurar un lugar donde vivir.

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