Óscar Fernández Calle fue designado líder de Vox en Extremadura durante las elecciones anticipadas recientes y ocupará el cargo de vicepresidente en el gobierno de coalición.

Cuando Bambú eligió estratégicamente reemplazar a Ángel Pelayo Gordillo como el rostro visible de Vox en Extremadura por Óscar Fernández Calle para la candidatura en las elecciones anticipadas del 21 de diciembre, se transmitió un mensaje claro no solo a sus votantes, sino también a María Guardiola. En primer lugar, Vox deseaba conservar en el Senado al exconcejal del PP de Mérida, ya que cumplía con eficacia su función como portavoz en las comisiones que investigaban los numerosos casos de corrupción del Gobierno de Sánchez. En segundo lugar, porque el representante del partido de Abascal en Extremadura iba a adoptar un discurso más potente y firme frente a la llamada «Irene Montero extremeña» (palabras de Abascal).
Aunque Pelayo Gordillo sigue siendo un fiel militante de Vox, su discurso y estilo son más moderados, y el relevo (como se verificó a lo largo de dos años y medio de legislatura, cuando fue portavoz en la Asamblea) aportó mayor contundencia y mostró un ‘puño de hierro’ contra la que era entonces la principal rival de Vox. Quien volverá al Senado es un gentleman y orador eficaz, pero Óscar Fernández personifica la pasión al hablar, en ocasiones incluso la impulsividad, como ocurrió esta semana en un pleno municipal en Cáceres (su ciudad natal, donde nació en 1975), cuando se dirigió a los integrantes de Podemos, tildándolos de «perroflautas». De esta anécdota a la definición precisa: seguridad, determinación y carácter delinean su perfil, al igual que su habilidad negociadora, que se destaca por un trato cordial y educado en relaciones cercanas.
Probablemente porque Óscar Fernández llegó tarde al ámbito político en comparación con los estándares actuales. En Pelayo no habría lugar para polémicas ásperas en redes sociales. En cambio, el actual rostro visible de Vox genera ese tipo de controversias —como aquella ocurrida durante las negociaciones en una noche de febrero con la propia María Guardiola, quien también reaccionó— reflejando los nuevos tiempos en los cuales incluso los periodistas se ven afectados por este cambio de tono.
Casado y padre de dos hijos, Fernández Calle se afilió a Vox en 2017, motivado, entre otras cosas, por la fuerte ola del procés y encontró un espacio perfecto en el partido de Abascal, plenamente comprometido con el nacionalismo español. Fanático del fútbol, apasionado del Real Madrid pero sobre todo del Diocesano, club donde su hijo de 13 años juega de portero (desde la grada se muestra como un ferviente seguidor), el cacereño conoce bien el esfuerzo de ganarse la vida recorriendo kilómetros. Comenzó como visitador médico y después fue gerente de una empresa farmacéutica (actualmente en excedencia). Siempre ha apostado por el emprendimiento (a los 21 años trabajó en una tienda de deportes) y también ha laborado en los sectores alimentario y hostelero. Hijo mayor de cuatro hermanos, estudió en un colegio público en el barrio cacereño de Pinilla, aunque mantiene un vínculo fuerte con Casas del Castañar —el pueblo de sus padres— al que incluso llevó a Abascal durante campañas electorales.
Solo una semana antes de la formalización del acuerdo definitivo de gobierno en Extremadura se celebró un pleno en la Asamblea. Con el pacto prácticamente listo, a falta de pequeños detalles (que se esperaba oficializar el pasado lunes), Óscar Fernández Calle tomó la tribuna y su discurso inquietó a algunos dirigentes del PP de Extremadura, que prefirieron mantener el perfil bajo adoptado en semanas previas: «En 2023, la señora Guardiola fue presidenta porque nosotros así lo quisimos, ni más ni menos, porque nos da la gana; y les digo más, si hay nueva presidenta, que eso solo Dios lo sabe, será porque nosotros lo decidamos y así lo queramos». Es pura esencia Fernández Calle, pura Vox, aunque ahora desempeñará el cargo de vicepresidente en un gobierno de coalición junto a María Guardiola, quien personalmente asumirá las competencias de ‘Desregulación’, Servicios Sociales y Familia. Habrá que evaluar los resultados en cuatro años, o incluso antes.

