Factores que posicionan a Terence Tao como el matemático más destacado en la actualidad

Terence Tao, que tiene puestos unos lentes y lleva una camisa color azul, sonríe

Fuente de la imagen, Steve Jennings/Getty Images for Breakthrough Prize

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Terence Tao comenzó a asistir a la escuela secundaria para estudiar matemáticas y otros temas cuando tenía siete años.

"Recuerdo que me colocaron un cojín especial en la silla porque no alcanzaba al escritorio", comentó a BBC Mundo desde Los Ángeles, donde ha dedicado más de 25 años a la enseñanza y la investigación.

Nacido en Australia en 1975, Tao es hijo de Billy y Grace, quienes emigraron desde Hong Kong.

Al iniciar sus clases en la escuela secundaria de su país, era tan pequeño que los profesores asignaron un estudiante para acompañarlo a los salones y evitar que se "perdiera".

"Me veía diferente, porque tenía cinco años menos, pero luego de unas semanas eso dejó de ser un problema, pues todos enfrentábamos las mismas dificultades en las tareas y estábamos prácticamente al mismo nivel".

Este niño prodigio ha llegado a convertirse en uno de los matemáticos más sobresalientes en la historia de la disciplina.

"Tao, conocido como ‘el Mozart de las matemáticas’ y considerado ampliamente el mejor matemático vivo, ha revolucionado enormes áreas dentro de las matemáticas", destaca la Universidad de California, Los Ángeles (UCLA), su centro laboral.

En 2006, al recibir la Medalla Fields —el equivalente al Premio Nobel en Matemáticas— se resaltó su capacidad "superlativa" para resolver problemas junto con el impacto "notable" de su trabajo en diversos campos.

"Combina un dominio técnico puro, una creatividad fuera de serie para idear nuevas nociones y una perspectiva sorprendentemente natural que deja a otros matemáticos preguntándose: ‘¿Cómo nadie lo había visto antes?’".

Números para limpiar

Tao recuerda que siempre le atrajeron los números y los juegos con ellos desde que tiene memoria.

"Uno de los primeros recuerdos que tengo es de cuando tenía tres o cuatro años: mi abuela venía a limpiar las ventanas y yo le pedía que dibujara números con el jabón en los cristales. Le decía: ‘pon un 3 aquí y un 7 allá’".

"Recuerdo que, si estaba inquieto por la noche, mis padres me daban libros con ejercicios de matemáticas y me dedicaba a hacer sumas y cálculos".

"Me fascinaba hacer las tareas de aritmética; creo que era uno de los pocos niños que realmente disfrutaba esa materia".

No obstante, su pasión por los números comenzó aún antes.

Según sus padres, a los dos años ya enseñaba a otros niños mayores a contar, sumar y deletrear.

Más adelante comprendió que las matemáticas iban mucho más allá de ser un juego o hacer cálculos rápidos; entendió que podían emplearse para comprender el mundo y tenían aplicaciones concretas.

Terence Tao, de cinco años, está recostado sobre su madre, quien se encuentra sentada en el suelo que está cubierto por una alfombra beige. Al lado hay una chimenea, al otro lado una mesa con una planta y al frente un sofá rojo. Ambos sonríen a la cámara. Ella lleva un saco morado y una falda azul y él un saco beige

Fuente de la imagen, Cortesía: Terence Tao

Su notable habilidad motivó que, a los siete años, su familia y docentes optaran por adelantarlo para que estudiara matemáticas y otras asignaturas científicas en un instituto de educación secundaria.

"Todavía cursaba primaria para materias como inglés y educación física", rememora. "Mi madre me llevaba a la secundaria y luego me regresaba a la escuela".

"Pasó muchos años conduciendo entre escuelas", dice sonriendo. Además de Tao, sus padres tenían otros dos hijos que también estudiaban en distintas instituciones.

Relata que al regresar de la escuela llamaba a la puerta de su vecino de la misma edad para salir a jugar. "Nos íbamos a andar en bicicleta".

De esa época guarda buenos recuerdos excepto uno: un baile de fin de curso en la secundaria.

"Era aún muy pequeño para asistir y me entristeció que todos fueran menos yo".

Una visita a Princeton

De niño, Tao tenía gran interés en la física porque le atraía cómo esta ciencia toma elementos del mundo y los puede expresar mediante ecuaciones resolubles.

"Otras materias me resultaban difíciles, como biología y química, porque sentía que no podía resolver los problemas desde principios elementales, sino que debía memorizar muchos datos".

"El inglés fue mi materia más complicada", reconoce. "De pequeño me costaba captar la intención detrás de las preguntas y solía interpretar todo literalmente".

"Por ejemplo, en una prueba me pidieron escribir sobre mi casa y no entendí lo que querían, así que solo hice un listado con todos los cuartos y muebles que tenía".

Terence Tao vestido con el uniforme escolar y un maletín sonríe a la cámara

Fuente de la imagen, Cortesía: Terence Tao

Las matemáticas siempre fueron su asignatura predilecta. A los nueve años ya trabajaba en problemas complejos.

A esa edad, su padre lo llevó al Instituto de Estudios Avanzados (IAF) en Princeton, EE.UU., donde conocieron a dos renombrados matemáticos, Enrico Bombieri y Charles Fefferman, ambos galardonados con la Medalla Fields.

Su padre preguntó: "¿Este niño tiene talento auténtico?". Para evaluar su creatividad, los matemáticos le presentaron diversos problemas.

Fefferman comentó: "Si hubiera respondido que no, eso estaría entre los errores más grandes que he cometido en mi vida".

Esta anécdota fue narrada en febrero por Rodney D. Priestley, decano de la escuela de posgrado de la Universidad de Princeton, al entregar a Tao la Medalla James Madison.

"Su brillantez técnica, su excepcional creatividad, su curiosidad amplia y su espíritu colaborativo han impulsado variados descubrimientos revolucionarios", destacó el profesor.

"Además, su trabajo ha generado mejoras tangibles en la vida cotidiana, como en el desarrollo de algoritmos que han avanzado las resonancias magnéticas".

A la universidad

A los 14 años, Tao inició estudios a tiempo completo en la Universidad de Flinders, en Adelaida.

Esa institución señala que "sigue siendo uno de los estudiantes más jóvenes en inscribirse en Flinders, siendo maestro a los 16 años".

Un año más tarde viajó a Estados Unidos para comenzar su doctorado en la Universidad de Princeton.

"Fue la primera vez que viví lejos de casa", recuerda.

Aunque Tao, quien con 13 años ganó las Olimpiadas Matemáticas, había participado antes en competencias en el extranjero, nunca había estado más de una semana sin su familia.

Su padre lo acompañó para ayudarlo a adaptarse en Princeton y se quedó una semana.

Le enseñó lo básico: lavar ropa —una tarea habitual de su madre—, abrir una cuenta bancaria y hacer compras.

Terence Tao sentado en un escritorio escribiendo sobre un cuaderno

Fuente de la imagen, Cortesía: Terence Tao

Otros estudiantes de matemáticas y física, también principiantes en la independencia, compartían esa experiencia.

Recuerda con alegría momentos junto a sus nuevos amigos, disfrutando del cine y videojuegos.

Completó su doctorado a los 21 años y se incorporó a la UCLA como profesor asistente.

Luego de tres años, fue promovido a profesor titular.

"Tenía casi la misma edad que mis alumnos. Creo que se sorprendieron un poco al verme tomar la pizarra".

De hecho, Tao se convirtió en el profesor titular más joven en la historia de la UCLA.

"Un Leonardo da Vinci"

Daniel Peralta, investigador del Instituto de Ciencias Matemáticas (ICMAT) en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) de España, conoce a Tao personalmente.

Para él, Tao es "una persona de humildad profunda, en absoluto es un rock star".

"Se podría pensar que alguien con tanto conocimiento, tantas aportaciones y premios, no escucharía a nadie, pero sucede justo lo contrario: es un gran oyente".

Paul Erdős, con lentes, está sentado leyendo unos papeles que tiene sobre sus piernas, en una mano tiene un bolígrafo. A su lado, Terence Tao también observa los papeles

Fuente de la imagen, Cortesía: Terence Tao

Tao ha desarrollado su trabajo en variadas áreas matemáticas que aparentemente son muy distintas, desde la teoría de números hasta las ecuaciones diferenciales, pasando por el análisis armónico y más recientemente, problemas vinculados a la computación.

"Diría que es un Mozart de las matemáticas por su rapidez en el aprendizaje, pero también un Leonardo da Vinci", afirma Peralta.

"Aporta una perspectiva amplia y un conocimiento genial a cada rama matemática que ha abordado, que son muchas".

"Encontrar una figura de este calibre en las matemáticas contemporáneas es una excepción. Es casi imposible, muy raro, que alguien domine tantas áreas".

"No puedo recordar a otro matemático en los últimos 50 años que haya llegado tan alto como él", concluye Peralta.

Además, resalta los libros de texto que Tao ha escrito, calificándolos como "excepcionales": "Son maravillosos para aprender; sintetizan de forma brillante cada tema".

"Como si estuvieras con Newton"

La imagen del genio matemático solitario, que resuelve problemas complejos individualmente, tiende a quedar en el pasado.

Tao no solo lo evidencia con su método de trabajo, sino que también recalca ese aspecto.

"Quizás hace un siglo era una tarea más personal, pero hoy en día el campo ha avanzado considerablemente", explica. "Ahora, por ejemplo, hay numerosas publicaciones en matemáticas".

"El campo es tan extenso que ninguna persona, por más inteligente que sea, puede conocer todas las técnicas y todos los avances".

Terence Tao ve a la cámara mientras sostiene un bolígrafo. Se apoya en una mesa donde hay varias hojas. Al lado está Paul Erdős viendo los papeles

Fuente de la imagen, Cortesía: Terence Tao

"Cuando era pequeño, participaba en competencias de matemáticas donde te entregaban problemas y te dejaban solo en un cuarto por tres horas: sin libros, sin apuntes, nada. Tenías que resolverlos por ti mismo. Pensaba que así era la matemática".

"Pero ahora, en el 90% de los casos, para resolver un problema matemático, lo que haces es estudiar lo que otros han hecho y aplicar esas técnicas".

Además, suele ser indispensable colaborar con alguien que conozca esas técnicas.

La cooperación es vital en cualquier rama de las matemáticas y no solo con "personas del presente", afirma.

"Cuando colaboras o usas resultados en la literatura matemática, es como si trabajaras con Newton, Gauss o con alguien que vivió hace décadas".

"Las mejores ideas vienen de todo el mundo"

La colaboración no se limita a matemáticos, sino que incluye a investigadores de múltiples disciplinas.

"Los problemas actuales son tan complejos e interdisciplinarios que nadie puede abordarlos solo".

En sus charlas públicas, Tao intenta mostrar cómo las matemáticas están presentes en muchos dispositivos y servicios cotidianos.

Por ejemplo, explica que cuando surgió la primera generación de celulares, existía un problema de interferencia cuando múltiples personas hacían llamadas simultáneamente en un mismo lugar, problema que se resolvió mediante métodos matemáticos.

Terence Tao sonríe a la cámara. Está vestido con un elegante traje negro y corbatín.

Fuente de la imagen, Jesse Grant/Getty Images

Resalta que muchos avances científicos y tecnológicos comenzaron con investigaciones básicas financiadas con recursos públicos. Luego, ese conocimiento se publicó para que cualquier persona pudiera utilizarlo libremente, generando un sistema amplio de cooperación.

"No solo son ideas de tu empresa o país, sino que las mejores ideas provienen de todas partes del mundo".

En un ensayo publicado en 2025 en el sitio Home of the Brave, Tao se refirió a Estados Unidos como su "hogar adoptivo":

Un país donde "la ciencia se valora como un bien público, y donde investigadores de todo el mundo aportan sus ideas y energía".

Comenta a BBC Mundo que "con frecuencia las universidades alcanzan grandes logros porque en un mismo lugar hay muchas personas con intereses diversos que conversan y crean conexiones que de otro modo no surgirían".

Por eso, Tao advierte sobre el riesgo que supone que este entorno, que moldeó su trayectoria profesional, se debilite debido a recortes en la financiación de la investigación, el debilitamiento de instituciones académicas y barreras migratorias para estudiantes internacionales.

"Eso causará daños y reducirá las oportunidades futuras; muchos descubrimientos podrían no suceder porque las personas que deben reunirse y dialogar no llegarán a conocerse o, quizás, se darán, pero fuera de Estados Unidos".

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