Métodos efectivos para que un bebé se divierta de forma autónoma sin usar pantallas

Bebé jugando con objetos sobre una alfombra

Fuente de la imagen, Getty Images

    • Autor, Mª Pilar Rodrigo Moriche, Carmen Andrés Viloria, Paloma Valdivia Vizarreta
    • Título del autor, The Conversation*
  • 1 hora
  • Tiempo de lectura: 6 min

Cualquier persona con hijos pequeños comprende que la atención requerida por un bebé es incomparable a otras demandas cotidianas. Por más involucrados que estemos y con las mejores intenciones en la crianza, no siempre es posible responder al 100 %.

Desde un trayecto en autobús hasta la espera en una consulta médica, pasando por una llamada urgente o simplemente preparar la comida, existen múltiples momentos en la vida diaria donde es necesario que el niño permanezca entretenido por un tiempo.

Sin embargo, a menudo basta con que el bebé perciba que no estamos atentos para que exija aún más nuestra atención.

En esas situaciones, se recurre a lo más inmediato y efectivo a corto plazo: un video en un dispositivo digital, cuyos colores, movimientos y sonidos aseguran captar su atención durante unos minutos.

No obstante, esta herramienta tan práctica presenta múltiples desventajas en el mediano plazo.

Por eso, en este artículo se proponen microescenarios de juego libre diseñados intencionadamente, cuyo objetivo es mantener la autonomía del niño y favorecer su desarrollo.

Cinco objetos, preferibles a una pantalla

Adecuadamente planificados y seleccionados, en estas edades es suficiente contar con entre dos y cinco objetos abiertos —es decir, materiales no estructurados que permiten múltiples usos— y seguros, que alienten a llenar, vaciar, encajar, apilar, transportar o manipular, siguiendo la lógica del cesto de tesoros y el juego heurístico, que se desarrolla sin intervención externa, solo con la imaginación del niño.

Madre con su bebé viajando en autobús

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Colocar estos materiales en un espacio delimitado, como una manta o alfombra, brinda contención y señala al niño que ese es su lugar para la exploración autónoma mientras el adulto realiza otra actividad cercana.

Además, incorporar un breve ritual de inicio y cierre —un par de frases repetidas— estructura el tiempo y favorece la autorregulación emocional.

Por ejemplo, comenzar diciendo: «Ahora toca explorar. Toma tu bolsita de sorpresas»; y concluir con: «Ya terminamos. Vamos a recoger».

Kits portátiles de objetos

Los materiales seleccionados pueden organizarse en kits transportables para diversos contextos:

  • En la mesa de casa o en un restaurante, bebés de 0 a 12 meses pueden manipular una cuchara de madera, un aro de silicona y un pañuelo con nudos durante intervalos breves de 5 a 10 minutos.
  • Entre 12 y 24 meses, una minibolsa con 10 a 12 objetos cotidianos seguros y en pares permite ciclos cortos de clasificación y exploración a través del juego heurístico.
  • En edades de 24 a 36 meses, materiales como contenedores, pinzas grandes y tapones fomentan «proyectos» autónomos mientras el adulto observa sin dirigir.

Es recomendable ofrecer pocos objetos por vez: entre uno y cinco, según la edad, ya que demasiados estímulos dispersan la atención y dificultan una exploración en profundidad.

Menos es mejor: cuando el niño tiene pocos y seleccionados materiales, dedica más tiempo, repite acciones y descubre nuevas posibilidades.

También es útil alternar los objetos regularmente para mantener el interés sin saturar el entorno.

Al inicio, es beneficioso acompañar brevemente, mostrando cómo manipular con calma y respetando espacios de silencio; gradualmente, el bebé va siguiendo esta rutina de forma autónoma.

Bebé jugando con un pañuelo

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En el autobús o automóvil, un tubo transparente con piezas y un pañuelo facilitan actividades repetitivas y tranquilas sin necesidad de sonido; en una sala de espera, un pequeño set de «abrir y cerrar» —monedero con cremallera grande sin monedas, bote con tapa roscada y cinta con broches— sostiene la concentración y desarrolla la motricidad fina; y en un día lluvioso, un circuito motor sencillo con cojines y una caja-túnel seguido de actividades de precisión en una mesa baja permite la secuencia de moverse → representar → calmar.

En todas estas situaciones, la seguridad es fundamental: piezas mayores a 4 centímetros para menores de 3 años, revisiones frecuentes para evitar roturas, ausencia de piezas pequeñas sueltas y supervisión visual ocasional.

Más pantallas, mayor aburrimiento

Por el contrario, emplear pantallas —ya sean móviles, tabletas o televisores— muy temprano o con frecuencia puede empobrecer experiencias esenciales durante la primera infancia (contacto corporal, tiempo compartido, espontaneidad, exploración sensorial…).

Naturalmente, esto no implica que las videollamadas breves con familiares sean una excepción positiva.

Es importante comprender que la exposición a estímulos intensos pero pasivos, como los videos, puede resolver un momento puntual, pero no ayudan a establecer una rutina saludable de entretenimiento autónomo.

De hecho, estudios recientes indican que esto puede aumentar la dependencia del niño hacia estos estímulos y disminuir su interés en actividades más pausadas e interactivas.

Familia con un bebé hablando por videollamada

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Por ello, tanto la Organización Mundial de la Salud como la Asociación de Pediatría Española aconsejan evitar pantallas completamente antes de los 12 o 18 meses. Incluso investigaciones recientes sugieren extender esta recomendación hasta los 6 años.

Con esta información, la próxima vez que se considere recurrir a una pantalla, conviene evaluar si es posible reemplazarla por un objeto físico y manipulable.

Impulsar la exploración autónoma con estos objetos y métodos no solo facilita un desarrollo motriz y cognitivo más óptimo, sino que también establece las bases para entender el ocio y el juego de manera más presente y paciente, con menor dependencia de estímulos externos.

*Mª Pilar Rodrigo Moriche es profesora ayudante doctor en el departamento de Pedagogía – Directora de la Escuela UAM de Animación, Universidad Autónoma de Madrid. Carmen Andrés Viloria es profesora e investigadora especializada en Atención Temprana y formación docente, Universidad Autónoma de Madrid. Paloma Valdivia Vizarreta es Lectora Serra Húnter del departamento de teorías de la educación y pedagogía social, Universidad Autónoma de Barcelona.

*Este artículo fue publicado en The Conversation y reproducido aquí bajo licencia Creative Commons. Haga clic aquí para consultar la versión original.

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