Los jóvenes destinan casi el 50% de su sueldo para alquilar una habitación, destacando que “eso no es independencia, sino supervivencia”

Las rentas en pisos compartidos se elevan considerablemente en grandes urbes como Madrid y Barcelona, donde el precio de una habitación supera los 600 euros mensuales

Dos jóvenes miran anuncios de pisos en alquiler en una inmobiliaria ubicada en Palma de Mallorca (Matias Chiofalo / Europa Press)

Independizarse se ha vuelto una tarea casi inalcanzable para los jóvenes debido al pronunciado incremento en los costos de vivienda y alquiler. Para muchos, los pisos compartidos representan la única alternativa para emanciparse, aunque esto implica destinar casi la mitad de su sueldo.

Específicamente, los menores de 35 años deben destinar en promedio un 40,66% de su salario neto mensual para alquilar una habitación en un piso compartido. Este cálculo sigue el salario neto promedio de esta franja de edad, según datos del Consejo de la Juventud de España, que se sitúa en 14.046,52 euros anuales o 1.170,54 euros mensuales, según un informe elaborado por el portal inmobiliario pisos.com.

Se trata de un salario neto, y en la evaluación no se incluyen otros gastos fijos como luz, agua, gas o internet, que normalmente pagan total o parcialmente los inquilinos, lo que eleva el costo real de la habitación en varias decenas de euros más al mes.

“Sumando estos gastos y los de la comunidad, que en muchos pisos compartidos se dividen entre los arrendatarios, un joven en grandes ciudades podría estar dedicando entre el 50% y el 60% de su salario neto únicamente a mantener una habitación. Esta cifra impide cualquier estrategia de ahorro a mediano plazo”, explica Ferran Font, portavoz y director de Estudios de pisos.com.

La ministra de Vivienda y Agenda Urbana, Isabel Rodríguez, considera una «anomalía» la proliferación de contratos de alquiler temporales inferiores a un año y aboga por una regulación más integral del mercado para proteger a familias y estudiantes.

Las rentas crecen en las principales capitales

Estos porcentajes, representando la media nacional, se quedan cortos en comparación con ciudades como Madrid y Barcelona, donde el coste de alquilar una habitación consume más de la mitad del salario neto de un joven.

En Barcelona, el precio promedio de una habitación alcanza los 646 euros mensuales, equivalente al 55,19% del salario neto de referencia. Por su parte, en Madrid, el costo medio es de 622,14 euros, que representan el 53,15% del sueldo.

En ambos casos, más de la mitad del ingreso de un joven se destina exclusivamente a pagar la habitación, sin considerar otros gastos. A cierta distancia pero también por encima del 40%, se encuentran Palma (52,74%), Valencia (52,69%), San Sebastián-Donostia (47,42%), Santa Cruz de Tenerife (43,06%) y Cádiz (40,45%).

Imposibilidad de ahorrar

Estos precios provocan que “el alquiler de una habitación haya dejado de ser una solución económica, convirtiéndose en la única alternativa para muchos jóvenes”, enfatiza Font. Según él, “cuando más del 40% del sueldo se destina solo a la vivienda, no hay independencia, sino mera supervivencia. Esto elimina la posibilidad de ahorrar, planear el futuro o pensar en comprar una vivienda algún día”, advierte.

Esta circunstancia genera un efecto estructural que supera la incomodidad de compartir piso, ya que con más del 40% del salario neto absorbido por el alquiler y sin contar otros gastos, los jóvenes españoles tienen un ahorro prácticamente inexistente.

Esto los aleja sistemáticamente del mercado de compraventa, que requiere un ahorro previo entre el 20% y el 30% del valor del inmueble para cubrir entrada y gastos asociados.

Carteles de 'Se alquila' pegados en un edificio de Madrid. Eduardo Parra / Europa Press

Condenados a permanecer inquilinos de por vida

El estudio señala que se trata de una “trampa generacional”. Los jóvenes no logran ahorrar porque destinan una parte considerable de sus ingresos al alquiler, y permanecen en él porque no reúnen el capital necesario para comprar. Este ciclo genera una dependencia prolongada, en muchos casos indefinida, del mercado alquilador, justo en la etapa en la que deberían estar construyendo una base económica estable.

“Lo que vemos no es una generación que rechaza comprar. Es una generación que no puede ni siquiera considerarlo porque sus ingresos se consumen mes a mes en pagar el alquiler”, aclara Font.

Afirma que mientras esta situación persista, el mercado de compraventa seguirá siendo inaccesible para un amplio segmento de la juventud, con efectos que superan lo residencial: “Impactan en las decisiones de pareja, en la natalidad, la capacidad de consumo y en toda la economía”, señala el director de Estudios.

Donde el esfuerzo es más bajo

En el extremo opuesto se encuentran capitales como Badajoz (18,03%), Cáceres (18,79%), Burgos (21,00%), Palencia (21,05%), Córdoba (21,27%) y Zamora (21,36%), donde el alquiler de una habitación consume menos del 22% del salario neto de referencia. Son los únicos mercados en los que el esfuerzo habitacional se aproxima a niveles que expertos en finanzas consideran sostenibles.

Font advierte que “incluso en las capitales con menor presión de precios, un joven destina entre a la habitación, sin contar suministros. Que sea mejor en comparación no significa que sea adecuado, y en muchos casos la moderación de precios va acompañada de mercados laborales con menos oportunidades, lo que plantea el dilema de pagar menos o ganar más”.

En el tope del ranking, tras Madrid y Barcelona, se ubican ciudades como Bilbao (39,46%), Málaga (38,90%), Girona (37,84%), Vitoria–Gasteiz (36,12%) y Santander (35,52%) con niveles altos de esfuerzo.

Incluso capitales medianas como Las Palmas de Gran Canaria (34,50%), Pamplona (33,4%) o Alicante (32,7%) superan ampliamente el umbral de un tercio del salario neto destinado exclusivamente a la vivienda.

Salarios y alquiler: la misma problemática

La mayoría de las capitales españolas supera el 25% de esfuerzo neto, y un porcentaje importante ronda el 30%. “Estos datos muestran que el problema de la vivienda y el problema salarial de los jóvenes son en esencia uno solo”, señala Font.

Añade que no es posible resolver uno sin atender el otro: “Mientras los salarios de menores de 35 años no aumenten sostenidamente y el parque de alquiler asequible no crezca de forma significativa, seguiremos viendo jóvenes que a los treinta años no han logrado independizarse o lo hacen sin poder ahorrar ni un solo euro al mes”.

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