El tenista italiano debió independizarse desde muy joven para pulir su técnica en el tenis y posicionarse entre los mejores del mundo.
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Jannik Sinner continúa siendo, junto a Carlos Alcaraz, una de las figuras más destacadas que dominan el tenis global. Su escándalo por dopaje con una sanción reducida aparentemente no le afectó y este 2026 está viviendo con buenas sensaciones tras la final de Montecarlo.
El meteórico avance del italiano de 22 años no fue sencillo en el aspecto personal. Hace poco más de 10 años era un campeón en deportes de nieve, y cuando el tenis comenzó a ganar protagonismo en su adolescencia, tuvo que decidir hacia qué lado inclinarse.
En su discurso tras ganar el Open de Australia 2024, Sinner expresó con afecto cómo sus padres le brindaron libertad para explorar distintas disciplinas deportivas antes de comprometerse completamente con el tenis. «Ojalá más personas tuvieran padres como los míos, porque siempre me dejaron escoger lo que quería».
Jannik Sinner, con el trofeo del Masters 1.000 de Miami 2026 EFE
«Incluso en mi infancia practiqué otros deportes sin que me pusieran presión; espero que más niños puedan disfrutar de esa libertad. Estoy muy agradecido a mis padres», afirmó.
Estas palabras públicas ganaron nuevos seguidores y transmitieron un mensaje sobre la importancia de permitir que los niños disfruten del deporte y la vida sin coacciones. No obstante, Sinner confesó que ese camino sin presiones hasta alcanzar un Grand Slam también ha alterado su relación familiar, ya que ha vivido lejos de sus padres casi la mitad de sus 22 años.
«Por desgracia, no los veo con frecuencia», reconoció Sinner en la conferencia tras su encuentro. «Pero cada vez que nos juntamos es un momento especial».
Partida temprana
La distancia se estableció cuando Sinner aún era un niño. Originario del pequeño pueblo de Sexten en el norte de Italia, próximo a la frontera con Austria, donde en invierno llegan a -20°C, se trasladó hacia el sur, a la Riviera italiana, para entrenar bajo la guía del reconocido entrenador Riccardo Piatti.
«Salí de casa a los 14 años, lo que me obligó a madurar rápidamente, aprendiendo a cocinar y lavar mi ropa», explicó Sinner. «Las primeras veces fueron diferentes, pero quizás esa fue la vía más eficiente para crecer».
«Fue difícil para mí, pero dejar ir a su hijo a los 14 años fue igual de duro para mis padres. Siempre me brindaron oportunidades y nunca me presionaron, y para mí eso es posiblemente la clave de mi éxito actual».
Sinner, proveniente de un lugar dominado por el esquí, escogió el tenis a los 13 años tras destacarse en un torneo local. Sus padres, Hanspeter, chef en el restaurante familiar, y Siglinde, camarera de profesión, apoyaron su decisión a pesar del costo. El joven se instaló en la academia Piatti en Bordighera, situada a 500 km de su hogar, y tuvo que aprender a valerse por sí mismo abruptamente.
«Soy una persona muy tranquila que simplemente disfruta jugar al tenis. Tengo 22 años y también me gusta hacer cosas cotidianas. Eso es todo, ¿no? Mis padres son perfectos. Obviamente solo los conozco a ellos, pero son excelentes. También está mi hermano, quien aporta sinceridad a lo largo de toda mi carrera», comentó el italiano.
Su historia resulta inspiradora: de niño en los Alpes a número 1 del mundo, gracias a unos padres que priorizaron su bienestar por encima de la cercanía física.

