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Aviones pilotados, vehículos aéreos no tripulados, drones… ¿Cómo garantizar que estas aeronaves coexistan en el mismo espacio aéreo sin riesgo de colisión? En el aeropuerto de Odense, Dinamarca, se realizan pruebas a gran escala.
La torre de control en el Aeropuerto Internacional Hans Christian Andersen (HCA), en Odense, Dinamarca, es única por una razón particular: no solo dirige los vuelos de aviones, sino también de drones, abarcando un espacio aéreo de 1.900 km² dentro del Centro Internacional Danés UAS. Este lugar se destaca en Europa como uno de los principales para probar drones de diversos tipos, tamaños y aplicaciones, fusionando tecnología avanzada y startups con fines comerciales y de defensa. El espacio aéreo del futuro se está preparando aquí mediante el proyecto NextGen Innovation.
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Michael Larsen Jefe del Centro de Pruebas UAS Dinamarca
Con los cambios geopolíticos acelerados a nivel mundial, el tiempo disponible es limitado. Resulta imprescindible coordinar aeronaves y drones de variadas dimensiones, propósitos y alcances para defensa, transporte de suministros de emergencia y supervisión de infraestructuras críticas.
La empresa de August Mader, AirPlate, ha instalado en el aeropuerto una “caja de drones”: un sistema de ocho sensores capaces de detectar drones en un radio superior a quince kilómetros.
August Mader CEO de AirPlate
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La fórmula: academia, startups y tecnología avanzada, clave para las pruebas
En el Aeropuerto Hans Christian Andersen de Odense, se ha implementado una aplicación que muestra en tiempo real la ubicación de cada dron, los pilotos y el historial de vuelos. Dentro del recinto aeroportuario operan unas 15 empresas especializadas, entre ellas el Centro UAS de la Universidad de Southern Denmark (SDU-UAS), que procesa los datos del proyecto y colabora estrechamente con las compañías. Su filosofía es experimentar, fallar y aprender.
Jes Hundevadt Jepsen, investigador de SDU-UAS, detalla que manejan cientos de drones, ninguno con una apariencia definitiva, ya que carecen de carrocería, pero esto se ajusta a sus objetivos: “Lo positivo de esta plataforma es que todo está accesible. Si quiero integrar algo, puedo hacerlo de inmediato. Si estrello el drone por la mañana, puedo reemplazar desde el hardware, incluyendo los brazos y tres piezas nuevas, para que esté operativo en la tarde. Gran parte de nuestra investigación se realiza en cooperación con empresas, que es justamente lo que necesita la industria dron: una colaboración cercana con el mundo académico para lograr avances en esta tecnología.”
El presupuesto total del proyecto supera los 9 millones de euros, de los cuales el 40% es aportado por la política de cohesión de la Unión Europea.
Según datos de Interpol, el mercado global de drones actualmente alcanza los 59 mil millones de euros y se proyecta que superará los 127 mil millones para 2036.

