Un enclave con siglos de historia que aún mantiene vida en su interior. Su silueta destaca en el paisaje, albergando tras sus muros un legado que sigue asombrando a quienes lo exploran
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En la cima de un cerro con pendientes pronunciadas, dentro del Parque Natural de los Alcornocales, se eleva una villa-fortaleza medieval que permanece habitada, con viviendas, calles encaladas y un perfil defensivo asociado al control del Estrecho de Gibraltar. Este enclave gaditano, rodeado por los ríos Guadarranque y Hozgarganta, sobresale por su posición dominante en el paisaje, con vistas al embalse, a los bosques circundantes y, en días claros, incluso hacia el norte de África. Además, su importancia no reside únicamente en su pasado militar, sino también en la continuidad de su población y apertura a visitantes durante todo el año.
Se trata de la Fortaleza de los Condes de Castellar, también conocida como Castillo de Castellar, ubicada en Castellar Viejo, en Cádiz. Esta construcción, edificada en el siglo XIII como fortaleza árabe, alcanzó relevancia en las disputas entre cristianos y musulmanes por el control del Estrecho, integrándose en el sistema defensivo del Reino de Granada. Posteriormente fue residencia de los Condes de Castellar y, con el tiempo, el recinto incorporó un pequeño núcleo urbano en su interior. Precisamente, esa combinación de arquitectura militar, espacio civil y vida cotidiana constituye uno de los aspectos que convierte esta localización en una experiencia única dentro de la provincia gaditana.
Un castillo habitado con valor patrimonial y esencia andaluza
La planta irregular del conjunto y su sistema defensivo explican gran parte de su valor patrimonial. El recinto conserva murallas, barbacanas, cubos, torres de flanqueo y torres en ángulo, tanto cuadradas como circulares, algunas coronadas con almenas. Destaca especialmente la entrada, protegida por elementos defensivos y por una puerta en recodo, abierta bajo un arco peraltado enmarcado por otro de herradura. Desde el pequeño patio de armas se accede al interior del poblado, donde se encuentran casas blancas, calles estrechas y sinuosas decoradas con flores, además de construcciones sobresalientes como el alcázar de los Condes de Castellar, la torre del Homenaje, el Ayuntamiento, la Iglesia del Divino Salvador, el Cancón y el Aljibe.
Visitar esta fortaleza medieval en Cádiz permite, por tanto, conocer un espacio que se asemeja más a una alcazaba que a un castillo tradicional, al combinar zonas militares con áreas administrativas y civiles. El recinto fue restaurado parcialmente en 1979 y goza de protección patrimonial desde mediados del siglo XX: fue declarado Bien de Interés Cultural con categoría de Monumento en 1949, y también se reconoce como Monumento Histórico Artístico. Además, ofrece la posibilidad de realizar visitas guiadas desde el Punto de Información, una opción que permite acceder a zonas inaccesibles de otra forma. Explorar esta villa fortificada significa, así, adentrarse en un lugar donde la historia, el paisaje y la arquitectura continúan coexistiendo entre murallas centenarias.
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