El mítico jugador del Real Madrid suele elegir un destino distinto a Ibiza para sus vacaciones, aunque con características similares a la isla balear.
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Toni Kroos no es un futbolista de excesos, y por ello el lugar donde se relaja cada verano coincide perfectamente con su forma de ser: Cala d’Or, un pequeño núcleo costero en el municipio de Santanyí, situado en el sureste de Mallorca, con alrededor de 4.000 residentes.
Allí, apartado del bullicio de las grandes urbes y de destinos saturados, el alemán encuentra un Mediterráneo pacífico, con casas blancas y un ritmo sosegado, donde su presencia pasa casi desapercibida.
En este lugar, el excentrocampista del Real Madrid intercambia los focos del estadio por sandalias, puestas de sol frente al mar y un estilo de vida sencillo junto a su familia.
Conocer la historia de Cala d’Or ayuda a comprender por qué funciona como su refugio. Durante siglos, la costa de Santanyí estuvo bajo la amenaza constante de piratas berberiscos y corsarios que atacaban Mallorca, lo que llevó a fortificar la zona y construir defensas para salvaguardar a sus habitantes.
Cerca del centro turístico se encuentra Es Fortí, una edificación militar del siglo XVIII ubicada sobre un promontorio rocoso, desde donde se vigilaban las entradas por mar. Esta estructura, diseñada para observar y repeler invasiones, representa ese pasado de defensa frente a ataques que llegaban desde el agua.
Toni Kroos, en un acto de su academia de fútbol Europa Press
Con el paso del tiempo, el lugar se transformó sin perder esa esencia de refugio. Un empresario ibicenco ideó un pueblo blanco inspirado en la arquitectura pitiusa, apostando por casas cúbicas encaladas, volúmenes bajos, techos planos y carpintería de madera que evocan la Ibiza más tradicional.
Incluso la iglesia de Cala d’Or, con líneas simples y fachada blanca, refuerza esta estética: más una capilla marinera moderna que un templo monumental, perfectamente integrada en el entorno. Caminar por sus calles es recorrer paredes blancas que reflejan la luz solar y enmarcan pequeñas ventanas en azul o tonos cálidos.
Para Kroos, Cala d’Or se ha convertido en su segundo hogar en España. Lleva años pasando sus vacaciones allí y cada temporada estrecha más la relación con el pueblo y sus habitantes, disfrutando de las calas protegidas, el puerto deportivo recogido y los restaurantes junto al mar.
Mientras otros futbolistas prefieren fiestas interminables y grandes ciudades, él opta por un retiro con historia de refugio contra piratas y apariencia de postal ibicenca, coronada por una iglesia blanca tan sobria como su estilo personal. Un pueblo pequeño, ordenado y luminoso que encaja con la precisión y elegancia que siempre mostró en el campo.

