El manejo seguro de estos alimentos comienza desde que los compramos en el supermercado
Está ampliamente reconocido que el consumo de frutas y verduras constituye una base fundamental para una dieta saludable, aunque no siempre se presta la debida atención a su manipulación segura. A pesar de que estos alimentos son valiosos por su contenido en vitaminas, minerales y fibra, también pueden actuar como portadores de microorganismos patógenos o contaminantes químicos si no se manipulan correctamente desde el momento de la compra hasta su ingesta.
En el ambiente natural donde se cultivan (suelo, agua de riego o incluso polvo) pueden estar presentes bacterias, virus o sustancias químicas que, en ciertas condiciones, contaminan su superficie. Por eso, implementar prácticas de higiene y conservación resulta esencial para minimizar riesgos y asegurar su inocuidad.
El primer paso para asegurar un consumo seguro comienza en el punto de adquisición, indican desde la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN). Es fundamental escoger frutas y verduras que muestren un buen estado: sin golpes, magulladuras ni daños visibles. La superficie debe estar limpia, manteniendo el color y brillo propios de cada producto. Estas características no solo reflejan frescura, sino también menor riesgo de deterioro o contaminación.
Durante el traslado al hogar, se recomienda mantener estos alimentos separados de productos crudos de origen animal como carnes, pescados o mariscos, así como de productos de limpieza. Esta simple medida previene la contaminación cruzada, una de las principales vías de transmisión de microorganismos en hogares.
Una vez en el hogar, conservarlos de forma adecuada es vital. En general, frutas y verduras deben guardarse en el frigorífico, preferiblemente en los cajones diseñados para ello, donde la temperatura es menos fría y la humedad más adecuada. Además, conviene mantenerlas apartadas del resto de alimentos, tanto crudos como cocinados. Sin embargo, algunos productos como cebollas o cítricos pueden almacenarse a temperatura ambiente, siempre por períodos breves y en sitios frescos y ventilados.
En la cocina, la higiene juega un papel crucial. Antes y después de manipular estos alimentos, es imprescindible lavarse las manos. Asimismo, todos los utensilios, tablas de corte y superficies deben estar limpios y secos. Se aconseja preparar frutas y verduras separadas de otros alimentos, especialmente cuando se consumen crudas, como ocurre en muchas ensaladas.
También es vital eliminar las partes dañadas antes de su preparación, ya que podrían albergar microorganismos. Además, no debe olvidarse que productos como hierbas aromáticas frescas o brotes germinados requieren el mismo cuidado en su lavado que cualquier otra verdura.
El doctor López Rosetta nos explica cuáles son las mejore frutas para combatir la inflamación
Cómo lavar correctamente la fruta y la verdura
El lavado representa, sin lugar a dudas, uno de los pasos más relevantes. Todas las frutas y verduras requieren lavarse bajo el chorro de agua potable, incluso las que se van a pelar posteriormente. Así se evita que la suciedad o los microorganismos se transfieran del cuchillo al interior del alimento. Para superficies más duras, como las del melón o el pepino, puede utilizarse un cepillo especializado. Tras el lavado, se aconseja secarlas con papel de cocina desechable.
En ciertos casos, especialmente cuando se van a consumir crudas con piel (como manzanas o pepinos) o en el caso de verduras foliares como la lechuga o las espinacas, se recomienda una desinfección adicional. Esta consiste en sumergirlas durante cinco minutos en agua potable con una pequeña cantidad de lejía apta para la desinfección de agua potable, y luego enjuagarlas con abundante agua corriente.
