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- Autor, Daniel Pardo
- Título del autor, Corresponsal de BBC Mundo en México
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80%. Esa es la proporción de exportaciones mexicanas que se dirigen a Estados Unidos. Dicho de otra manera: ocho de cada diez dólares que México genera por sus exportaciones provienen de su vecino norteño.
Para muchos, esto implica dependencia, y es el motivo por el cual Washington —especialmente con un presidente pragmático como Donald Trump— cuenta con un amplio margen para exigir concesiones a México.
Sin embargo, esta no es toda la historia: Estados Unidos también depende, aunque en menor medida, de México; por ejemplo, un 16% de sus exportaciones están destinadas al país del sur.
Por tanto, la palabra más acertada quizá sea asimetría. Esta engloba, en realidad, un debate que va más allá de la economía y que los mexicanos han sostenido durante décadas, incluso siglos.
La agenda proteccionista de Donald Trump y la presión ejercida sobre Claudia Sheinbaum en temas como migración y lucha contra las drogas —entrelazados estrechamente con el comercio— han reactivado el dilema: ¿puede México disminuir su dependencia económica?
Este año se presentan dos eventos que reflejan esta relación compleja pero productiva: un Mundial de fútbol organizado conjuntamente por México, Estados Unidos y Canadá, y la revisión del Tratado de Libre Comercio (TMEC, antes TLCAN) firmado por los tres países en 1994.
El acuerdo representa una economía cercana a los US$31 billones en PIB nominal, equivalentes a casi el 30% del producto mundial. No existe otro bloque comercial tan extenso en el mundo.
Casi simultáneamente con el Mundial, se revisarán sus términos y, se espera, se actualizarán conforme a las necesidades contemporáneas de cada nación. ¿Será esta la ocasión para equilibrar la balanza?

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Una dependencia profunda
Es complejo definir cuándo comenzó la asimetría entre México y Estados Unidos: ¿fue a mediados del siglo XIX, cuando EE.UU. ganó guerras por el control territorial? ¿O en el siglo XX, conforme EE.UU. se consolidó como primera potencia mundial? ¿Quizá en los últimos 30 años, con la vigencia del tratado comercial?
También puede situarse en episodios en los que México fue base para la expansión económica estadounidense: durante el Porfiriato (1876–1911), cuando estadounidenses llegaron a controlar ferrocarriles, minas, pozos petroleros y tierras; durante la Segunda Guerra Mundial, cuando EE.UU. trajo a millones de trabajadores mexicanos a sus campos; o con el auge de las maquilas desde 1965, cuando ambos países acordaron un desarrollo industrial fronterizo.
Esta relación tiene raíces profundas y no es solo de índole comercial: las remesas enviadas por millones de mexicanos desde EE.UU. alcanzaron en 2025 más de US$61.000 millones, superando los ingresos de turismo e inversión extranjera (aunque disminuyeron un 4% respecto a 2024); además, una parte importante de la deuda externa mexicana está denominada en dólares.
Así como es complicado fijar el inicio de la dependencia, también lo es resumir la respuesta mexicana en una sola frase o evento: la Revolución Mexicana de 1910, la expropiación petrolera de Lázaro Cárdenas en 1938, el movimiento estudiantil de 1968 y el levantamiento zapatista en 1994 fueron momentos históricos dirigidos contra la presunta sumisión de las élites mexicanas frente a sus contrapartes del norte.
De hecho, la Cuarta Transformación, el movimiento impulsado por Andrés Manuel López Obrador y continuado por Claudia Sheinbaum, se basa en el nacionalismo y la defensa de la soberanía, sustentados en lo que denominan «el humanismo mexicano».
Sin embargo, en años recientes México ha aumentado su dependencia económica de EE.UU. debido a la llegada masiva de empresas globales que buscan acercarse a la potencia en el fenómeno conocido como nearshoring.
Esto genera una paradoja: las mismas tensiones geopolíticas que impulsan la necesidad de diversificar atraen inversiones que intensifican la integración con EE.UU.
En cualquier caso, Sheinbaum deberá negociar las nuevas reglas del TMEC frente al presidente estadounidense más proteccionista y coercitivo de la era reciente, sin perder de vista este extenso y complejo historial.
¿Existirá espacio para un reequilibrio?

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En busca de un Plan México
Según los especialistas consultados por BBC Mundo para este análisis, el margen para actuar es reducido, pero abundan las posibilidades.
Viri Ríos, destacada politóloga, ha planteado en sus columnas que México debería «orientar su economía hacia sectores en los que EE.UU. tiene debilidades y que son fundamentales para desarrollar tecnología propia», tales como la producción de precursores químicos para medicamentos, la refinación de litio y minerales raros, y la fabricación de alimentos de alto valor como aguacate y tomate.
«En la medida que México logre hacer que EE.UU. dependa de ciertos productos mexicanos, perderán capacidad de maniobra y respetarán el desarrollo de México», afirmó a BBC Mundo. «Es el mismo caso que con China: EE.UU. busca debilitar su economía, pero no lo logra porque depende de ella».
Canadá, por su parte, también destina cerca del 80% de sus exportaciones a EE.UU., pero con productos de alto valor añadido: energía, minerales estratégicos y manufactura avanzada, lo que le da mayor resiliencia frente a las demandas de Washington.

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«Por supuesto que reducir la dependencia sería deseable», comenta Pedro Tello Villagrán, economista y consultor. «Estamos atados al ciclo económico de EE.UU., y eso nos arrastra a la baja».
Su enfoque, distinto al de Ríos, es impulsar el desarrollo económico desde el interior más que depender del exterior:
«Al diversificar las fuentes de crecimiento se minimiza la vulnerabilidad frente a la desaceleración de la principal fuente de crecimiento (…) México ha dependido exclusivamente de un motor, el exportador, y podría fortalecer otras áreas como el consumo doméstico, los servicios, la inversión productiva y las finanzas públicas».
Esta es, en esencia, la meta del Plan México que propone Sheinbaum y que cuenta con el respaldo de gran parte del sector empresarial. Sus líneas rectoras son fortalecer el mercado interno, sustituir importaciones y desarrollar mercados regionales. Se espera atraer US$277.000 millones en inversiones y generar 1,5 millones de nuevos empleos.
«El Plan México enuncia todo lo correcto», señala Ríos. «Al leerlo, pienso que, luego de tanto tiempo que se afirmó que ‘la mejor política industrial es no tener política industrial’, por fin alguien comprendió».
«Pero el problema radica en su implementación y en lo que se defina en las negociaciones del TMEC», añade.

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Negociar, producir, diversificar
El economista Antonio Ortiz Mena ha dedicado su carrera académica a este tema: fue negociador para México, posee un doctorado en San Diego, en la frontera, y actualmente es profesor en la Universidad de Georgetown, en Washington.
Propone una agenda dividida en tres frentes: garantizar una revisión exitosa del TMEC que evite restricciones comerciales unilaterales; incrementar la producción nacional de bienes importados de EE.UU. (gran parte de granos, carne y energía); y diversificar mercados hacia la Unión Europea, Japón y, a futuro, India y Corea del Sur.
«A mediano plazo, el acuerdo con la Unión Europea y el TIPAT abrirán oportunidades reales», indica.
El acuerdo entre México y la Unión Europea, pendiente de firma en mayo, habilitaría nuevos destinos para exportar productos mexicanos. Asimismo, el TIPAT —Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico, del cual México forma parte— facilita la integración con Asia-Pacífico.
«No se debe olvidar que más que dependencia, existe una relación de interdependencia», advierte Ortiz Mena. «Si EE.UU. no coloca maíz, trigo, carne y pollo en México, no tendría dónde comercializarlos».
Durante su primer mandato, Trump renovó el TMEC de mala gana, debido al riesgo político y económico que implicaba cancelarlo.
En esta segunda etapa, sin embargo, su agenda es más ambiciosa, imprevisible y proteccionista.
Sheinbaum enfrentará múltiples desafíos en su relación con Trump. Y este asunto, que genera una tensión entre su discurso nacionalista y las realidades económicas, será probablemente el más delicado.

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