La fase REM activa el cerebro y el cuerpo, siendo responsable de la generación de los sueños

Durante la fase REM del sueño, tanto el cerebro como el cuerpo se activan, dando lugar a uno de los fenómenos que generan mayor interés y desconcierto entre los científicos: los sueños. Esta etapa, asociada con la consolidación de recuerdo, el aprendizaje y la regulación del estado de ánimo, se inicia mediante señales que circulan entre diversas regiones cerebrales. Las conexiones con la corteza cerebral, encargada de procesar y organizar la información, resaltan la relevancia del sueño REM en importantes funciones mentales. Sin embargo, los Institutos Nacionales de Salud (NIH) de España indican que su funcionamiento no está del todo claro.
A pesar de ello, se sabe que la fase REM se repite varias veces durante la noche y se presenta con mayor frecuencia en el último tercio del sueño. También es la causante de las experiencias más intensas, como las pesadillas. Por esta razón, tanto quienes desean evitar estos episodios como aquellos interesados en crear una narrativa mientras duermen han intentado en algún momento controlar completamente el curso de sus sueños.
No obstante, la ciencia actual descarta la posibilidad de seleccionar de forma voluntaria y continua el contenido de los sueños cada noche. El cerebro, durante el sueño, opera mediante mecanismos automáticos y procesos independientes del control consciente. Esto hace que la independencia cerebral complique que una persona pueda programar con exactitud qué experimentará mientras duerme.

Técnicas que afectan el contenido de los sueños
A pesar de esta restricción, The Conversation indica que existen técnicas que permiten influir, hasta cierto grado, en lo que se sueña. Entre las herramientas más reconocidas, el diario de sueños destaca como una de las más efectivas. Consiste en anotar al despertar todo lo recordado del sueño, incluso fragmentos o sensaciones indistintas. Este ejercicio fortalece la memoria onírica y ayuda a detectar patrones recurrentes, como lugares, personajes o situaciones poco comunes. De esta manera, la práctica habitual incrementa la atención cerebral hacia las imágenes soñadas.
Otra práctica es llamada incubación de sueños, que consiste en enfocarse, justo antes de dormir, en una imagen, idea o situación concreta. Se cree que visualizar con detalle una escena —como estar en una playa o experimentar un momento determinado— puede aumentar la probabilidad de que ese contenido aparezca en el sueño. Sin embargo, no hay certezas de éxito, ya que el cerebro continúa generando contenido espontáneo.
Asimismo, la neurociencia identifica a los sueños lúcidos como uno de los estados más favorables para modificar la narrativa. Estos ocurren cuando la persona es consciente durante el sueño, lo que en ocasiones permite modificar el desarrollo de la historia, alterar escenarios o incluso desafiar las leyes físicas del entorno onírico. Aunque no todos los individuos los experimentan naturalmente, es posible aprender a inducirlos mediante disciplina y entrenamiento.
Dormir con el wifi encendido (TikTok)
¿De qué manera ejercitar la mente para recordar los sueños?
Una de las estrategias más comunes para facilitar los sueños lúcidos son los chequeos de realidad. El método consiste en preguntarse varias veces durante el día si se está soñando o despierto. Repetir esta práctica genera un reflejo mental que puede trasladarse al sueño, haciendo posible reconocer la naturaleza ficticia de la experiencia. Por ejemplo, algunas de estas acciones consisten en leer dos veces un texto —que suele variar en los sueños—, observar las manos o intentar pasar los dedos a través de objetos.
No obstante, estas técnicas deben complementarse con otros hábitos. Entre ellos, es fundamental mantener rutinas regulares de sueño, dormir la cantidad necesaria y evitar despertares abruptos, pues estos factores favorecen la memoria onírica y aumentan las probabilidades de recordar los sueños con mayor nitidez.
Aun así, por ahora resulta imposible controlar de modo total y exacto el contenido de los sueños cada noche. Incluso quienes poseen amplia experiencia en sueños lúcidos enfrentan limitaciones. Al fin y al cabo, el cerebro se conserva como un generador espontáneo de historias, uno de los aspectos más fascinantes del fenómeno onírico.

