El PSOE reconoce que no competirá por el centro en Andalucía y enfocará su campaña en ampliar apoyo desde la izquierda frente al PP

María Jesús Montero y Pedro Sánchez, en un acto del PSOE andaluz.

El PSOE admite que no tendrá capacidad de disputar el centro político en Andalucía y orientará su campaña a captar electores desde la izquierda.

La táctica del partido socialista consiste en polarizar la discusión y mostrarse como la única alternativa válida ante el bloque conformado por PP y Vox.

El PSOE depende de que Vox continúe su crecimiento y que las fuerzas de izquierda no avancen para evitar una caída sin precedentes en su apoyo electoral.

El contexto a nivel nacional, junto con sucesos judiciales y geopolíticos, puede incidir en la campaña y en la capacidad del PSOE para conservar posiciones.

Salvo una sorpresa extraordinaria no captada por ninguna de las encuestas existentes, el PSOE no podrá festejar la noche del 17 de mayo ni destacar como la fuerza política más votada, ni lograr conformar con la izquierda una mayoría para arrebatar al PP la Junta de Andalucía.

En el mejor de los escenarios, solo podrá celebrar que Juanma Moreno pierda la mayoría absoluta y que la candidatura de María Jesús Moreno no descienda hasta su nivel electoral más bajo.

Para que esto suceda, el PSOE requiere que Vox siga consolidando su apoyo como ha venido haciendo en casi todos los comicios recientes. Para evitar el deterioro, los socialistas deben recuperar votos de las fuerzas a su izquierda.

Esto es similar a lo ocurrido en marzo en Castilla y León: aquella noche electoral, el PSOE celebró en su sede de Valladolid sin superar su mínimo histórico y ante el hecho de que el PP tenía que pactar con Vox en la región. Una derrota amarga, aunque disfrazada de una modificación menos negativa.

Los dirigentes socialistas reconocen que en Andalucía tampoco lograrán frenar la tendencia que eleva por encima del 50% de los votos la suma del apoyo a fuerzas de derecha y extrema derecha, es decir, PP y Vox.

También aceptan que el PSOE no cuenta con las condiciones para competir por el centro, como se evidenció en anteriores elecciones autonómicas, especialmente en Castilla y León.

En Andalucía, Moreno ha reforzado su presencia en el centro del espectro ideológico, mientras Pedro Sánchez intenta desplazar al PSOE hacia la izquierda, hasta ahogar a formaciones como Sumar y Podemos.

Esta situación fue particularmente evidente en Castilla y León, donde Alfonso Fernández Mañueco absorbió en bloque los votos que Ciudadanos había perdido, y el PSOE aumentó su apoyo a costa de partidos a su izquierda.

En consecuencia, Montero enfrenta la paradoja de desear un crecimiento de Vox a la vez que advierte del peligro que representa el partido de Santiago Abascal.

Necesita que ninguna opción de izquierda se fortalezca, aunque en ese espacio esté su lejana esperanza de formar mayorías frente a PP y Vox.

Las elecciones recientes y las encuestas reflejan un comportamiento de los votantes dividido en dos bloques muy definidos y casi inmutables.

Por ello, fuentes socialistas aseguran que la estrategia durante la prolongada campaña electoral será endurecer el discurso y, sobre todo, fomentar la polarización.

Una estrategia llena de contradicciones

Según esta perspectiva, Montero debe mostrar al PSOE como la única opción viable para detener a la derecha y extrema derecha, y al mismo tiempo mantener a Vox siempre presente en la ecuación.

El enfrentamiento no debe limitarse a Moreno, sino abarcar al bloque completo, convertiendo a Vox en adversario directo del sanchismo y, por ende, en alternativa política.

Además, consideran que Juanma Moreno puede focalizar su campaña en asuntos autonómicos, mientras que Montero verá su campaña marcada por una dimensión nacional.

Esto se debe a que Montero pasa de ser número dos de Sánchez a candidata andaluza, y porque Pedro Sánchez se volcará en la campaña, según han comunicado desde el PSOE.

El viernes pasado, Podemos anunció un acuerdo de último minuto para sumarse a la candidatura de Por Andalucía (junto a IU, Sumar y otros cuatro partidos).

Este acuerdo beneficiaría a Sánchez en futuras elecciones generales, si su intención es continuar en el gobierno.

Sin embargo, no supone ventaja en las elecciones andaluzas, donde solo puede aspirar a mantener sus posiciones y ver al PP sin mayoría absoluta.

Entre las variables que el PSOE considera hasta el 17 de mayo, están la guerra en Irán, los plazos para la regularización masiva de inmigrantes, el juicio por la ‘operación Kitchen’ y la primera vista oral contra José Luis Ábalos y Koldo García por el ‘caso mascarillas’.

El conflicto en Oriente Medio funciona para situar en la campaña el rechazo a la guerra que encabeza Sánchez ante Donald Trump.

De nuevo, la polarización entre PSOE y Vox, este último cercano al presidente estadounidense, dificulta el espacio para partidos situados a la izquierda de los socialistas.

El contrapunto son los efectos económicos adversos que la guerra genera en la población si el conflicto se prolonga.

De manera similar, la regularización que el Gobierno proyecta activar justo antes de las elecciones andaluzas del 17 de mayo es otra cuestión relevante.

Esta medida resta apoyos a la izquierda y simultáneamente beneficia a Vox, el partido que adopta la postura más hostil frente a la inmigración.

En cuanto a los procesos judiciales, este lunes comenzará en la Audiencia Nacional el juicio contra la cúpula del Ministerio del Interior en la etapa de Mariano Rajoy, imputados por usar a las Fuerzas de Seguridad del Estado para encubrir la corrupción del caso Gürtel.

Esta situación genera incomodidad para el PP, que el PSOE planea aprovechar y, de hecho, participa como acusación en el proceso.

Los socialistas consideran que Vox, al igual que en su momento Ciudadanos, surgió principalmente a raíz de la corrupción del PP.

No obstante, un día después empezará en el Tribunal Supremo el juicio contra Ábalos, marcado como el primero sobre corrupción dentro del PSOE de Sánchez, que también será utilizado por el PP para atacarlos.

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