El padre de Felipe VI pasó el Domingo de Resurrección junto a la infanta Elena y sus nietos en la capital andaluza

El retorno de Juan Carlos I a Sevilla estuvo marcado por una mezcla de tradición, discreción y encuentros familiares. El exmonarca viajó desde Abu Dabi para asistir a una de las citas más destacadas del calendario taurino: la corrida del Domingo de Resurrección en la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, en la que participaron figuras como Morante de la Puebla, Roca Rey y David de Miranda.
Más allá del festejo taurino, su permanencia en la ciudad hispalense dejó otro aspecto relevante: la elección de su alojamiento. A diferencia de otras visitas a España, como sus frecuentes viajes a Galicia donde se hospeda en casas de amigos, esta vez optó por un hotel con historia y carácter en el corazón de la ciudad.

El establecimiento seleccionado fue el Hotel Vincci La Rábida, situado en el barrio del Arenal, a pocos metros de algunos de los lugares más emblemáticos de Sevilla. Este edificio, que antiguamente fue una casa-palacio del siglo XVIII, fusiona elementos arquitectónicos tradicionales con comodidades modernas, convirtiéndose en un refugio frecuente para quienes buscan una experiencia genuina más que ostentosa.
La estética andaluza es uno de los puntos fuertes del hotel, con patios interiores que remiten a la esencia histórica de la ciudad y habitaciones decoradas en un estilo clásico. Entre sus principales atractivos está la terraza panorámica, desde la cual se observa la silueta de la Giralda mientras se disfruta de la gastronomía local, una característica distintiva del lugar.
Las habitaciones, disponibles en varias categorías, satisfacen diferentes perfiles, desde opciones sencillas hasta suites amplias con áreas privadas. No se ha revelado cuál fue la habitación escogida por el rey emérito durante su estancia, aunque los precios varían entre 300 y 800 euros por noche.

Una visita breve a la capital andaluza
La llegada a Sevilla tuvo lugar alrededor del mediodía del domingo, a bordo del avión privado que emplea para sus viajes internacionales. Del aeropuerto se trasladó de inmediato al hotel, donde ya lo esperaban varios miembros de su círculo más cercano. Entre ellos, sus nietos Victoria Federica de Marichalar y Felipe Juan Froilán, junto a la pareja de la primera, Jorge Navalpotro.
El encuentro familiar ocurrió en un ambiente relajado, con muestras de afecto y complicidad frente al hotel. También se dejaron ver figuras reconocidas del ámbito social y político, reflejo del interés que aún suscita cada visita del exjefe del Estado.

Poco después de instalarse, Juan Carlos I salió del hotel en compañía de su entorno para dirigirse a un almuerzo en el Real Club Pineda de Sevilla, uno de los espacios más exclusivos de la ciudad. Allí, en su restaurante Hoyo 19, disfrutó de una comida en un ambiente tranquilo, con vistas a los campos de golf y las instalaciones ecuestres que distinguen a este club histórico.
En este lugar también compartió tiempo con su hija, la infanta Elena, quien había asistido previamente a un acto relacionado con el mundo taurino. La jornada transcurrió entre saludos, conversaciones y muestras de cariño de quienes se acercaron a verlo. No faltaron los tradicionales vivas de “Viva el Rey”, a los que respondió con cercanía e incluso con un toque relajado.

