Amnistiados tras la fuga, casi todos abandonaron ETA. Tres participaron interpretándose a sí mismos en la película sobre la evasión, Bixente Serrano se dedicó a la política como diputado; Carmelo Garitaonaindia, por su parte, ejerció como profesor universitario.

El actor Patxi Bisquert —que protagonizó Tasio, de Montxo Armendáriz— no formó parte de los 29 que escaparon de la cárcel de Segovia, pues fue excarcelado, gracias a un indulto, el 5 de diciembre de 1975, cuatro meses antes de la fuga. Sin embargo, desempeñó un rol clave en la evasión y en el intento previo fallido.
Así lo relataba en un breve documental sobre su vida realizado por la Fundación AISGE: «Tomé parte en las fugas de Segovia, actúo tanto desde adentro como desde afuera. Por mi complexión física, bastante delgada, me correspondía hacer de topo, entrar y salir por el túnel, ese tipo de tareas; mi físico era adecuado para ello. Fui uno de los cavadores del túnel. Estuvimos cavando en octubre, seguido en noviembre… El 5 de diciembre salí en libertad de la cárcel de Segovia amparado por un indulto que nos concedió el Rey, tenía causas menores –propaganda, asociación ilícita– todas por menos de tres años, y aproveché para sacar los planos de la fuga escondidos bajo mis botas. Luego se los entregué a los responsables de ETA en el exterior».
Bisquert, que vendía enciclopedias, recibió la oferta de Imanol Uribe para participar en la película que este dirigió en 1981 acerca de la fuga: La fuga de Segovia. Así comenzó una carrera tanto como actor como director que incluye, además de Tasio, obras como El Dorado de Carlos Saura, Akelarre de Pablo Agüero, o Celda 211 de Daniel Monzón.
En los créditos de La fuga de Segovia figuran otros tres de los 29 fugados: Imanol Gaztelumendi y Mikel Unanue, quienes se representaron a sí mismos, y Ángel Amigo, que actuó como guionista y productor.
Gaztelumendi, también conocido como Gaztelu y electricista de profesión, fabricó las linternas caseras usadas para iluminar el túnel. Exceptuando su aparición en dos películas más —La conquista de Albania (1983) y Akelarre (1984)—, no existen datos públicos sobre su trayectoria posterior. «Falleció hace años por un ictus», señala Ángel Amigo, con quien se recorrieron los detalles de la fuga en el reportaje principal que acompaña este artículo, donde se narra su historia.

Otro fugado que se interpretó a sí mismo fue Mikel Unanue. Herido durante la fuga, en octubre de 2023, eldiario.es publicó que: «El Gobierno vasco, aplicando la ley autonómica contra la violencia policial, lo ha reconocido como víctima. Este reconocimiento permite el acceso a una indemnización establecida en 350.678,38 euros».
Amigo estuvo preso por el secuestro de 1973 del empresario Felipe Huarte, liberado 10 días después tras el pago de 50 millones de pesetas [equivalentes a 300.000 euros] por ETA. Compartieron prisión y fuga otros cuatro condenados por ese secuestro. Entre ellos, José María Yarza Echenique, sin antecedentes conocidos después de la amnistía. No es así con su sobrino, Aitzol Iriondo Yarzasu, vinculado a los asesinatos del concejal del PSE Floilán Elespe, Joseba Pagazaurtundua, jefe de la Policía Local de Andoain, y el presidente del PP en Aragón Manuel Giménez Abad, entre otros.
También condenados por el secuestro de Huarte fueron Imanol Isasa Iturrioz, Fernando Izaguirre Izaguirre, Mikel Laskurain —uno de los cuatro fugados que lograron llegar a Francia, mientras el resto fue detenido— y Bixente Serrano Izko. Este último, fallecido en 2020, se involucró en política tras la amnistía, participando en formaciones como Euskadiko Ezkerra y Auzolan en Navarra. Fue diputado del Congreso en 2015 por Geroa Bai.
Koldo Aizpurúa Berasategui —quien logró la fuga— y Josu Ibargutxi Sampedro fueron condenados por la explosión de un artefacto en la Delegación del Frente de Juventudes de Eibar en 1967. No existen datos que los vinculen a actividades terroristas posteriores a la amnistía.
Al igual que ellos, la mayoría de los fugados de ETA abandonaron la organización tras recibir el indulto. [La fuga fue protagonizada por 24 presos de ETA y cinco catalanes del FAC, MIL y PCE]. Entre quienes dejaron las armas se encuentran Bittor Arana Bilbao, Ramón Aurtenetxe Marco, José Begiristain Aranzasti, Iñaki Garmendia Otamendi, Enrique Guesalaga Larreta, Juantxu Iturbe Totorika —uno de los cavadores del túnel—, Patxi Jaca Aranalde, Josu Miren Muñoa Galarraga —entre los cuatro que lograron escapar—, Iñaki Orbeta Berriatúa, Juan Mari Zubimendi Imaz, Iñaki Gartzia Aranbarri —quien después de su liberación destacó como espeleólogo y fotógrafo de viajes, además fue concejal de Deba (Guipúzcoa) entre 2003 y 2007 y de Orio (Gipuzkoa) de 2007 a 2011 por Ezker Batua-Berdea (Izquierda Unida-Verdes)— y Carmelo Garitaonaindía Garnacho. Este último, tras ser liberado, se convirtió en profesor universitario en la UPV, donde llegó a ser catedrático de Periodismo y vicerrector.
José Luis García Fernández de Luco, según relató a Iñaki Gabilondo en «Entrevista con tres etarras reinsertados», emitida por TVE el 8 de mayo de 1987, permaneció en ETA hasta 1985, cuando tenía 37 años.
Entre los 24 de ETA implicados en la fuga falta mencionar a Luis Armando Zabalo. Su nombre apareció por última vez en El Correo en mayo de 2016: «Un veterano que participó en 1976 en la fuga de Segovia, aunque fue detenido durante la evasión. Gracias a la Ley de Amnistía salió de prisión en los años 80 y llegó a ser candidato de HB en Basauri, Vizcaya. En 1984, tras ser arrestado y liberado en una operación antiterrorista, huyó a Francia. Desde entonces estuvo vinculado a la cúpula de la banda, siempre en funciones de asistente, encargado de buscar viviendas para dirigentes. En 2012 quedó en libertad tras cumplir condena en suelo francés y no se le registraron apariciones públicas hasta que, tres años después, firmó el documento de los disidentes de la banda».
Completaron la fuga cinco presos catalanes: Oriol Solé Sugranyes, miembro del MIL (Movimiento Ibérico de Liberación-Grupos Autónomos de Combate), quien murió durante la fuga por disparos de la Guardia Civil. Su compañero en MIL y durante la fuga fue José Luis Pons Llovet. Entre los fugados de la organización independentista catalana FAC (Front d’Alliberament Català) figuraban Ramón Llorca López y Carlos García Solé —este último fue el cuarto en alcanzar Francia—. El último de los 29 era Federico Sánchez Juliachs, condenado inicialmente en 1962 a tres años como miembro del PSUC-PCE, y que cumplía una segunda condena de 23 años en la cárcel de Segovia por su vinculación, según algunos estudios, al PCE (i), una escisión maoísta e independentista del PSUC. Al ser amnistiado, los medios lo identificaron como miembro del FAC.

