El equipo italiano se juega su clasificación para la próxima Copa del Mundo en un encuentro marcado por una tensión creciente.
Más información: De ‘Luis de la suerte’ a ser el líder hacia otra estrella: De la Fuente, el sobreviviente que conquistó el respeto tras tres años impecables
Este partido lo tiene absolutamente todo. Viejas rivalidades, referencias al pasado, prestigios en juego y también controversias. Muchas controversias. El pase al Mundial está en juego, y es precisamente lo que se disputan hoy Bosnia e Italia (20:45 horas, Zenica) en un choque a vida o muerte.
El drama está garantizado. Independientemente del resultado, habrá lágrimas al término del encuentro. Pero lo que sería especialmente grave es que los jugadores italianos fueran quienes finalmente derramen esas lágrimas.
Resulta inadmisible que una selección del nivel de la azzurra haya faltado a su convocatoria en los dos últimos Mundiales. Un tercer fracaso consecutivo representa un desastre nacional sin precedentes para una nación acostumbrada a protagonizar algunos de los momentos más importantes en la historia del fútbol.
Víctor Muñoz, la revelación de la selección española
Desde el comienzo, el enfrentamiento se ha desarrollado en un ambiente de creciente tensión que nadie puede prever cómo terminará. Al conocerse que Italia evitaría a Gales y se mediría a Bosnia, las celebraciones se desataron.
Esto ha causado malestar en el país balcánico, que ha preparado una trampa y, curiosamente, suma los mismos años que Italia sin participar en un Mundial, doce. Bosnia contará además con un apoyo inesperado, el de Novak Djokovic, quien, volcado con sus vecinos, estará alentando desde la grada como un aficionado más.
Italia no lo toleraría
Es la tercera ocasión consecutiva en la que Italia debe acudir a la repesca para intentar acceder a un Mundial. En la fase clasificatoria para Rusia 2018, Suecia fue la causa de la debacle inicial. En la búsqueda de Qatar 2022, fue Macedonia del Norte quien humilló a la azzurra.
La ausencia italiana en 2018 fue un choque no sólo para el país mismo, sino para todo el mundo futbolístico. Era difícil imaginar un Mundial sin Italia; desde 1958 no se vivía una ausencia de tal magnitud, pero ese fracaso generó una crisis profunda.
Gatusso, seleccionador de Italia. REUTERS
La conquista de la Eurocopa de 2020 pareció devolver a Italia su grandeza, pero fue solo un alivio temporal. La siguiente clasificación al Mundial volvió a evidenciar un desastre, con Macedonia del Norte eliminando al conjunto italiano.
Sin embargo, Italia no logra sacar lecciones de sus fallos y ahora se encuentra nuevamente a 90 minutos – o 120 – de protagonizar una de las caídas más memorables en la historia del fútbol internacional. Para el equipo de Gatusso, perder otro Mundial y seguirlo desde la televisión sería intolerable.
Ecos del pasado
Actualmente, Italia y Bosnia se enfrentan al borde de la gloria, pero la historia de ambas selecciones es extensa y posee un trasfondo particular.
Italia fue el primer equipo en jugar en el renovado Estadio Kosevo. Hasta los Acuerdos de Dayton en 1995, Bosnia permaneció en guerra, por lo que aquel encuentro del 6 de noviembre de 1996 representó un avance significativo en el contexto político del país.
El duelo se disputó a mediodía para aprovechar la luz natural, dado que el estadio aún no disponía de iluminación. En ese entonces, Bosnia recibió a una Italia que venía de ser subcampeona en Estados Unidos 1994 y los balcánicos valoraron mucho ese gesto.
«Queremos transmitir tranquilidad a la gente. Jugar en Sarajevo tras cuatro años implica que volvemos a la normalidad», declaró Sacchi antes del partido.
Según las crónicas, cerca de 40.000 personas asistieron a ese encuentro, una mezcla de veteranos de guerra y familias esperanzadas con el futuro del nuevo país.
Camino hacia la polémica
Lo que antes era una muestra de hermandad ha derivado en un escenario completamente distinto. Aunque ese gesto histórico permanece, ahora está en juego un pase al Mundial y la tensión es máxima mientras se espera el comienzo del partido.
La chispa se encendió desde el primer momento. Cuando Italia supo que en la final de esta repesca se enfrentaría a Bosnia y no a Gales, se produjeron celebraciones. Pensaban que el rival era más débil y, por ello, sus posibilidades de victoria aumentaban considerablemente.
Esto provocó la ira de los bosnios, que ahora buscan reivindicar su dignidad y vengarse de esa actitud arrogante de los italianos.
El intercambio de provocaciones ha evolucionado. Desde Italia han criticado que el estadio Bilino Polje es «feo» e «inadecuado», además de tan pequeño que el juego puede incluso seguirse desde los balcones de los edificios cercanos. Unas 9.000 personas podrán presenciar el encuentro, pero Bosnia transformará el estadio en un auténtico hervidero.
Como si fuera poco, en el último entrenamiento a puerta cerrada de Bosnia detectaron a un militar italiano grabando los ejercicios del equipo. Este acto de espionaje llegó a provocar la reacción de la Federación de Fútbol de Bosnia y Herzegovina.
La sorpresa de Djokovic
Quizás el apoyo más inesperado en esta final decisiva sea el de Novak Djokovic con sus vecinos bosnios. El tenista serbio estará hoy en Zenica para presenciar en directo este crucial encuentro que definirá el billete para el Mundial.
La relación de Nole con Bosnia es antigua y también controvertida. Se le vio en su momento junto a Minal Jolovic, un militar acusado de crímenes de guerra durante el conflicto bosnio, lo que le ha acarreado severas críticas.
En varias ocasiones ha participado en inauguraciones de instalaciones de tenis y ha disputado exhibiciones en el país bosnio.
Ahora volverá a mostrar su respaldo a Bosnia en este momento crucial. En sus redes sociales compartió una foto del delantero Edin Dzeko con el mensaje «Bravo Edin, bravo Bosnia». Hoy estará en la grada apoyando a la selección bosnia como un aficionado más.

