
Fuente de la imagen, Getty Images
Información del artículo
-
- Autor, Carolyn Laubender
- Título del autor, The Conversation*
- 53 minutos
- Tiempo de lectura: 6 min
El psicoanálisis está experimentando un período particular. Las cuentas en Instagram dedicadas a la teoría freudiana ya cuentan con 1,5 millones de seguidores.
Programas televisivos como Terapia de Pareja de Orna Guralnik se han convertido en un contenido imprescindible. Artículos de opinión en The New York Times, The London Review of Books, Harper’s, New Stateman, The Guardian y Vulture anuncian el renacer del psicoanálisis.
Como indicó Joseph Bernstein en The New York Times: «Sigmund Freud vuelve a ganar popularidad».
Para muchos, esta reactivación resulta inesperada.
Durante las últimas cinco décadas, el psicoanálisis —el movimiento intelectual y método terapéutico fundado por Sigmund Freud en la Viena de 1900— fue rechazado y desestimado en numerosos ambientes científicos. Sobre todo en los países de habla inglesa, el auge de la psicología conductual y la expansión de la industria farmacéutica marginaron las terapias de diálogo prolongado como el psicoanálisis.
No obstante, la historia es más compleja. En vida de Freud (1856-1939), se fundaron 15 institutos psicoanalíticos a nivel global, abarcando países como Noruega, Palestina, Sudáfrica y Japón. Además, en ciudades desde París a Buenos Aires, pasando por Sao Paulo y Tel Aviv, el psicoanálisis prosperó vigorosamente durante el siglo XX.
En toda Sudamérica, el psicoanálisis mantiene una influencia clínica y cultural notable. En Argentina es tan habitual que se dice en tono de broma que en cualquier vuelo a Buenos Aires siempre va al menos un analista abordo.
Existen varios motivos para que el psicoanálisis haya ganado fuerza en determinados países y no en otros. Uno de ellos está relacionado con la historia de la diáspora judía durante el siglo XX.
Ante la expansión del Tercer Reich, muchos psicoanalistas e intelectuales judíos debieron huir de Europa Central previo al Holocausto. Ciudades como Londres, que acogieron a Freud y su familia, experimentaron profundas transformaciones culturales a causa de esta crisis de refugiados.
Otra razón, quizá menos evidente, tiene vínculo con el auge de regímenes autoritarios. Aunque el psicoanálisis fue creado y difundido en una Europa en guerra, su popularidad suele vincularse con momentos de crisis políticas.
Respuesta a la opresión
Consideremos Argentina. A medida que el autoritarismo peronista de izquierda dio paso a la «guerra sucia» respaldada por Estados Unidos, escuadrones paramilitares secuestraron, asesinaron y «desaparecieron» a cerca de 30.000 activistas, periodistas, sindicalistas y disidentes políticos. Pérdida, silencio y miedo impregnaron la vida emocional de muchos.
A la vez, el psicoanálisis —con su enfoque en el trauma, la represión, el duelo y las verdades inconscientes— se volvió un modo crucial de resistencia ante esta opresión.
Los espacios terapéuticos dedicados a compartir experiencias de trauma y pérdida se convirtieron en una estrategia para responder y posiblemente resistir a esta calamidad política. En una cultura donde el Estado imponía mentiras y silencio, expresar la verdad implicaba un acto radical.

Fuente de la imagen, Getty Images
Muchos de los primeros seguidores de Freud aplicaron el psicoanálisis de forma semejante.
Ante los horrores atroces e inexplicables del fascismo europeo, figuras como Wilhelm Reich, Otto Fenichel, Theodor Adorno y Erich Fromm entendieron el psicoanálisis, comúnmente integrado al marxismo clásico, como un instrumento fundamental para comprender la formación y deseo de personalidades autoritarias.
A miles de kilómetros, en Argelia, el psiquiatra y activista anticolonialista Frantz Fanon se apoyó intensamente en el psicoanálisis para desafiar los sistemas racistas del colonialismo francés. Para estos médicos y filósofos, el psicoanálisis fue un pilar en la resistencia política.
Algo similar ocurre en la actualidad. Ante el surgimiento de nuevas formas de autocracia multinacional, la criminalización y detención de inmigrantes, y el genocidio transmitido en directo, el psicoanálisis está experimentando un nuevo auge.
Una herramienta para otorgar sentido a lo absurdo
En ciertos círculos, los neuropsicoanalistas como Mark Solms han aportado el nexo necesario para revitalizar el psicoanálisis. En su reciente libro, The Only Cure: Freud and the Neuroscience of Mental Healing, Solms emplea sus conocimientos neurocientíficos —especialmente en el estudio de los sueños— para defender que la teoría freudiana del inconsciente fue correcta desde un inicio.
Según Solms, si bien los medicamentos pueden ofrecer alivio temporal, sólo los tratamientos psicoanalíticos proveen efectos curativos duraderos.
Sin embargo, Solms es solo uno entre varios pensadores emergentes; el trabajo de un creciente grupo de intelectuales clínicos ha restaurado el aprecio cultural por el psicoanálisis. Mientras Solms se enfoca en la neurología, otros —como Jamieson Webster, Patricia Gherovici, Avgi Saketopoulou y Lara Sheehi— resaltan la relevancia política del psicoanálisis.
Estos autores subrayan cómo las nociones centrales del psicoanálisis —el inconsciente, la «pulsión de muerte», la bisexualidad universal, el narcisismo, el ego y la represión— ofrecen claves para comprender el presente, donde otras teorías quedan cortas.

Fuente de la imagen, Getty Images
En una era marcada por la creciente mercantilización, el psicoanálisis se rehúsa a ser definido por valores comercializados.
Resalta el valor del tiempo profundo en un entorno donde la atención es limitada y destaca la importancia de la creatividad y la conexión humana frente a la omnipresencia de la inteligencia artificial.
Además, desafía las nociones tradicionales sobre género e identidad sexual, poniendo en primer plano la experiencia individual del sufrimiento y el deseo.
El motivo tras el resurgimiento actual del psicoanálisis refleja las causas que motivaron sus olas previas de popularidad.
En tiempos de agitación política, violencia estatal y trauma colectivo, el psicoanálisis proporciona herramientas para entender lo que parece irracional.
Ofrece un marco que explica cómo los impulsos autoritarios enraizan en la psique individual y se difunden en la sociedad.

Fuente de la imagen, Getty Images
Además, en un contexto donde las soluciones temporales y los tratamientos farmacológicos predominan en el cuidado de la salud mental, el psicoanálisis pone énfasis en la importancia de una atención prolongada a la compleja naturaleza humana.
Rehúye reducir la angustia psicológica a meros desequilibrios químicos cerebrales o a síntomas que solo deben manejarse. En cambio, aborda el mundo interno de cada individuo como un espacio que merece ser explorado profundamente.
El renovado interés colectivo en el psicoanálisis también impulsa su transformación interna.
Suposiciones antiguas —como la neutralidad de los terapeutas o la heterosexualidad como norma— están siendo cuestionadas. La práctica psicoanalítica está siendo redefinida junto a múltiples movimientos de justicia social y solidaridad.
Este es un momento donde muchas voces convergen para replantear lo que el psicoanálisis puede llegar a ser.
Queda por verse si esta renovación se mantendrá a largo plazo. Por ahora, frente a una acumulación de crisis políticas y la insuficiencia de métodos terapéuticos convencionales, las reflexiones de Freud acerca de la psique humana están captando nuevas audiencias ansiosas por comprender la oscuridad de nuestra época.
*Carolyn Laubender es profesora en el Departamento de Estudios Psicosociales y Psicoanalíticos de la Universidad de Essex, Inglaterra. Su artículo en inglés fue publicado en The Conversation, cuya versión original puede consultarse aquí.

