Lara Ferreiro, psicóloga, afirma que una relación que provoca más ansiedad que felicidad ya indica una respuesta clara.

La “pandemia” de la infidelidad: por qué el estereotipo está cambiando (y qué dice de nuestra salud mental)

Foto: Lara Ferreiro, autora de '¡Ni un capullo más!: El método definitivo para quererte y encontrar a tu pareja perfecta'. (Cortesía)

Durante mucho tiempo, la infidelidad se ha contado con una narrativa simple: ellos son quienes engañan, ellas quienes sufren. Sin embargo, esa visión ya no es suficiente para entender la realidad actual. En consulta, la psicóloga Lara Ferreiro identifica una transformación evidente: “los estereotipos se están desdibujando”. Lo que emerge es un fenómeno más transversal, complejo y, sobre todo, con un impacto creciente en la salud mental.

En su obra Ni un capullo más, Ferreiro describe sin rodeos una “pandemia de infieles”. No como una exageración, sino como una manera de reflejar una realidad cada vez más presente en las relaciones actuales.

Uno de los cambios más notables que señala es que la infidelidad ya no encaja en los roles tradicionales. La mayor independencia económica y emocional de las mujeres ha alterado también su comportamiento dentro de la pareja.

Esto no implica que la infidelidad femenina supere a la masculina, sino que el patrón se ha equiparado. Y cuando la narrativa pierde claridad —sin un “culpable típico”—, interpretar lo que sucede y manejar el impacto emocional se vuelve más complicado.

Qué rompe exactamente una infidelidad

Ferreiro usa una metáfora clara: la confianza es comparable a un cristal. Cuando se fractura, puede intentarse restaurar, pero nunca recupera su estado original.

El daño no reside solo en el engaño, sino en todo lo que ocurre después:

  • la duda constante
  • la comparación con la otra persona
  • la culpa invertida
  • y, en muchos casos, el gaslighting

Todo esto repercute directamente en la salud mental: aumentando la ansiedad, la inseguridad, la hipervigilancia emocional y causando una caída progresiva de la autoestima.

Por qué cuesta tanto irse

Una de las preguntas esenciales es por qué tantas personas permanecen en relaciones marcadas por la infidelidad. Ferreiro destaca varios motivos: dependencia emocional, temor a la soledad, la idealización de la pareja o la dificultad para dejar un proyecto de vida en común.

Sin embargo, hay un motivo más profundo: muchas veces no se intenta salvar la relación tal como es, sino por lo que fue. Se busca reconquistar una versión pasada que ya no existe. Esa nostalgia puede transformarse en una trampa emocional.

El problema no es solo el engaño

Más allá del acto puntual, lo que realmente deteriora la relación es la dinámica que se instala posteriormente. Si persisten la negación, la manipulación o la falta de responsabilidad, el daño se intensifica.

No todas las infidelidades son iguales, pero hay un patrón en las más destructivas: la ausencia de una reparación auténtica. Sin asumir el perjuicio ni modificar los comportamientos, lo que queda es una relación sostenida sobre la desconfianza.

El “casting del amor” como filtro

Ante este panorama, Ferreiro propone un concepto poco romántico pero muy práctico: realizar un “casting del amor”. Esto implica elegir pareja no únicamente por atracción, sino por compatibilidad real en valores, objetivos y estilo de relación.

Porque aunque la atracción pueda ser muy intensa, puede resultar totalmente incompatible con una relación saludable.

La pregunta clave para proteger la salud mental

Al final, dejando de lado estadísticas o tendencias, todo se reduce a una interrogante sencilla: ¿cómo hace sentir esta relación?

“Si una relación genera más ansiedad que felicidad, esa es ya una respuesta”, sintetiza Ferreiro.

Y ahí radica, probablemente, el mayor cambio de enfoque: dejar de analizar tanto al otro y comenzar a escucharse a uno mismo. Porque en un contexto donde los patrones se diluyen y las reglas pierden claridad, la única referencia confiable sigue siendo el impacto emocional.

Y ese impacto, cuando se ignora, termina siempre pasando factura.

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